El eco de mis muertes 14. Virtudes
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14. Virtudes

De nuevo en su casa, Virtudes pasa el cerrojo, da doble vuelta a la llave y recalienta el té que había dejado intacto.

Frente a la taza humeante, piensa que los especialistas soslayaron otras posibilidades, en especial el karma por desprecio a las cuestiones esotéricas.

Considera que quizá Hortensia estuvo a punto de matar a doña Márgara por las malas vibras de las dos, las de la asesina por criminal y las de la vieja por arrogante.

En cuanto al asunto de la repetición, concuerda con el punto de vista del psicólogo: fastidia.

Por eso a ella la tiene harta el menosprecio.

Aparece en su recuerdo el distanciamiento de una de sus hermanas; podían convivir en paz uno o dos meses y, sin aviso, un día recibía un balde de agresiones.

Cree que la causa pudo ser lo que reza ese dicho tan mentado, el jardín de enfrente siempre luce más verde , y el suyo debió parecer muy frondoso cuando ella, siendo la menor, anunció que se casaba primero.

Los preparativos de la boda ocasionaron un pleito tras otro, cada centavo gastado era motivo de ofensas, como si sus zapatos de novia hubieran dejado descalza a toda la familia.

En su opinión, Hortensia debió padecer algo más fuerte que una pariente envidiosa; a ella ni en su peor pesadilla se le habría ocurrido ir por la calle a la caza de mujeres parecidas a su hermana.