12. Virtudes
Ofendida, Virtudes rememora que doña Márgara la dejó en la entrada del departamento, como habría hecho con el repartidor del agua o con el de la farmacia.
Antes de prepararse un café con leche, se asoma por la mirilla de la puerta.
Desde la captura de Hortensia, sus días comienzan con la confirmación de que nadie acecha en el corredor.
Al paso de las horas, revisa repetidamente el cerrojo corrido, y por la noche vuelve a inspeccionar a través de la mirilla.
Debido a esas secuelas ansiosas, le aflige tanto la indiferencia de su vecina, incapaz de pensar que ella también tuvo miedo al oír los golpes en el techo y ver a la asesina en los peldaños.
Si el día anterior se atrevió a tocar su puerta fue porque se la figuró en un careo desgastante, como el que ella misma enfrentó durante el juicio.
De camino a la cocina sigue musitando la insensibilidad de la anciana, también se recrimina su exceso de interés.
Prepara dos quesadillas de queso Oaxaca con chipotles en escabeche, y se sienta a la mesa a disfrutar el desayuno con una taza de café descafeinado; otro cambio obligado tras el intento de asesinato en el edificio, porque la aprensión mezclada con la cafeína le quita el sueño.
Con el último trozo de tortilla absorbe unas gotas de salsa picante y se lo lleva a la boca.
Al limpiarse las manos con la servilleta de papel, se promete deslindarse de doña Márgara.
Ya hizo suficiente con ir tres días a Santa Martha y con pagar quinientos pesos por cada taxi; después del susto carecía de valor para ir en metro hasta Ermita Iztapalapa.
Con el último trago de café se le ocurre que debería cobrar los gastos a su vecina ingrata.
Envuelta en el ruido de la aspiradora, piensa cómo plantear el cobro.
Acaba por descartarlo y se hace el propósito de evitar que le afecten los desplantes de doña Márgara.
Se asume capaz debido a las últimas noticias: en El Universal leyó que “la nueva asesina de viejitas” va a estar recluida para siempre, tal como le ocurrió a Juana Barraza, capturada ocho años antes por matar a varias ancianas.
Siente una punzada en el pecho, sabe que siempre existe la posibilidad de una fuga, como la del Chapo, o de que algún cómplice cobre venganza.
Decide prepararse un té de boldo contra el mal del hígado causado por corajes y preocupaciones, exactamente lo que ella sufre por culpa de la vecina del 502.
Deja la taza humeante sobre una mesa lateral, encima de una carpeta de terciopelo verde oliva, y se sienta en el sillón a distraerse con el televisor.
Cambia de canal, no le apetece ver Venga la alegría ni una retrasmisión de 100 mexicanos dijieron ; aunque el Vítor la hace reír con su mente ágil y su léxico colorido, ella suele pensar distinto a los entrevistados y siempre responde lo menos popular.
Al cambiar el canal por tercera vez, oye el nombre de Hortensia y se desvanece el propósito de olvidarse de doña Márgara y de la asesina. Ambas la persiguen como espíritus burlones.
En FOROtv, los invitados en Paralelo 23 son un criminólogo y un experto en psicología. “Ellos hablarán de las diferencias y similitudes entre dos homicidas de ancianas con requerimientos asistenciales, la Mataviejitas y su copista”, anuncia Danielle, la conductora.
Virtudes no cree en las casualidades. Por algo Dios le abrió los oídos a los golpes del bastón, y le aconsejó asomarse a la puerta y prevenir a los policías; por algo, sintoniza Paralelo 23 en el momento preciso en que inician los comerciales.
Pareciera que el universo la alentara y le diera tiempo de subir a comunicarlo a doña Márgara.
Contiene el impulso de salir corriendo. Sopesa la posibilidad de que vuelvan a dejarla en la entrada.
Mira el reloj. Si alguien tocara su puerta en ese instante para avisarle de esa exacta transmisión, se sentiría muy agradecida.
Si además esta vez doña Márgara la invita a pasar…
se hará evidente su oportunismo. Se apresura, quiere oírlo todo.
Corre escaleras arriba con la promesa de esperar solo dos minutos.