El eco de mis muertes 7. Hortensia
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7. Hortensia

Esta almohada es una mentada de madre, son puras bolas.

Por eso también se me ha de hacer bolas la cabeza.

Aquel día… el problema no fue la prisa. En la escuela de enfermería me enseñaron que se canaliza distinto a un paciente en urgencias que a otro que llega a una cirugía programada; si el enfermo se está muriendo hay que lanzarse a la yugular, no hay tiempo de buscar otra vena.

O sea, si me agarró el ansia, el bastón era la mejor opción, era como la aguja en la yugular.

Solo tenía que partirle el cráneo y santo remedio, pero…

me sostuvo la mirada, no desvió los ojos ni los puso de mártir.

¿Será que la asfixia los llena de miedo antes que ver venir una madriza?

Los suyos se quedaron quitados de la pena, como si en lugar de putazos esperaran caricias.

Arruinaron mi novena tarjetita. Por culpa de esos ojos se me apareció hoy a seguir jodiendo, y ahí ando yo de pendeja haciendo margaritas y sin poder dormir.