4. Márgara
Márgara se olvida de las mujeres de la mesa contigua. Un “hola” se traba tras sus dientes debido a los movimientos impasibles de Hortensia; supone que la castiga con la desidia de quien vuelve a toparse con un familiar aborrecible.
—Sigo sin saber qué pasó —dice al fin.
Le asombran los cambios físicos. Hace seis meses Hortensia parecía más fuerte, incluso más alta. Los pómulos pronunciados, la falta de maquillaje y el pelo sin teñir le añaden años, la empequeñecen.
—De verdad me gustaría entender —insiste ante el silencio.
—Mejor no ande tentando su suerte.
—¿Suerte? Si me hubiera salido la voz, te habría pedido que te quedaras.
—No le creo ni madres. —Hortensia hace un ademán de levantarse.
—¡Espera! Te juro que aquel día hubiera preferido que todo terminara.
—¡Está loca! O es mejor actriz que la Verónica Castro.
—Son muchos años. ¡Ya me cansé!
—Eso lo he oído hasta hartarme. A las viejas como usted les encanta jugar a que les hagan caso.
—Solo dime por qué no me mataste.
—Ya le dije: fue su día de suerte.
—Te lo ruego. —Márgara entrelaza las manos a la altura del pecho.
—Puede contarse el cuento de que los buenos se salvan y los malos se pudren. Míreme; aquí estoy, bien encerrada.
—Eso lo creía antes de casarme. Por favor —clama Márgara al ver que Hortensia pone los ojos en el bastón.
—¿Y yo qué gano?
La mirada de Márgara cae sobre la mesa, sobre el concreto cascado como los sueños de libertad y las esperanzas pospuestas una y otra vez dentro del penal.
—El único problema fue usted —dice Hortensia con demasiada calma.
—¿Por qué? —preguntan las pupilas ávidas de Márgara.
—¿Cómo que “por qué”? Me jodió y viene a burlarse. —Hortensia se pone de pie y se aleja sin mayor explicación.
Desconcertada, Márgara debe esperar a la celadora que la llevará a la salida.
Se recrimina su ingenuidad. Pensó que ambas compartían la necesidad de comprender por qué convergieron sus vidas.
Tiene la sensación de que, más allá de su requerimiento de asistencia, debe existir una razón por la que esa enfermera entró en su casa y por la que ella resultó ser el mayor fracaso de su carrera criminal, porque si alguien salió perjudicado fue Hortensia.
Estar ahí la convence de que los días en la cárcel son peores que todos sus padecimientos juntos, y eso sin tomar en cuenta que a ella le es imposible vivir tantos años como los que le esperan a Hortensia en reclusión.