Capítulo 17 El reencuentro #2
Fulgor se carcajeo por el ingenio de Edgard, normalmente era más reservado.
—Con esa risa, pareces más un bardo que acaba de componer su balada épica... pero solo él entiende la letra — señaló Tolmark.
—TOLMARK… — rugieron en unisonó Durk y Fulgor. Su padre después de dejar escapar un suspiró, dijo—. Ustedes descansen. Será una larga noche.
En la tarde, preparando la ceremonia …
Tan pronto Durk y Fulgor regresaron, se reunieron con sus hijos, Pluma y Talos.
En el bosque ya se iniciaron los preparativos para realizar la ceremonia. Elegimos un excelente lugar, entre los árboles —explicó Fulgor.
—¿En el bosque? —se alarmó Tolmark—. Estaremos expuestos al ataque de las sombras.
—No será de ese modo si fortalecemos nuestra energía espiritual y la fuerza de nuestros poderes celestiales ancestrales —enfatizó Fulgor.
La mayoría de los pobladores de Ravenpine asistirán a la ceremonia, están dispuestos a vencer las sombras — dijo Durk—. Aunque algunos tendrán que quedarse en sus hogares protegiendo a los que puedan estar en riesgo.
—Cierto. La ceremonia sagrada requerirá de cada participante una alta concentración a fin de elevar la energía positiva y el poder de visualizar mentalmente el destierro de las sombras de nuestra realidad —señaló Pluma—. Para lograrlo hay que eliminar todas las posibles distracciones.
—Un buen consejo es evadir los pensamientos negativos y los deseos de venganza, porque bajan la frecuencia energética celestial, ayudando a que las brujas oscuras fortalezcan su vínculo con los cuervos y las sombras con el fin de apropiarse de las almas puras de los niños —dijo el bonachón de Talos mirando a Tolmark.
—Sí, ya lo entendí —protestó Tolmark.
—Es completamente cierto. Realizaremos un ceremonial conocido como El Huracán del Olvido —anunció Fulgor—. Durk y yo hemos entregado varios elementos a los vecinos, quienes ya están trabajando en su preparación para los rituales que llevaremos a cabo.
—Por cierto, nosotros también debemos prepararnos para poder llegar a tiempo —señaló Durk.
—Más bien unos minutos antes, recuerda que debemos montar el altar —intervino Fulgor.
—¿Un altar? —susurró Edgard con asombro.
—Sí, chicos, hoy conocerán parte de lo que es su herencia celestial ancestral, luego tendré tiempo de explicarles más detalles familiares—. Sonrió Fulgor dejándolos intrigados—. Ahora les explicaré sus participaciones y lo que debemos llevar, para luego cenar y partir.
Cuando se preparaba para la ceremonia, Fulgor no pudo evitar recordar aquella tarde, cuando era apenas una niña, y su padre la llevó al Santuario para darle un obsequio.
Estos son talismanes muy poderosos. “La Moneda del Despertar de los Vientos” y la “Semilla del Árbol del Despertar Puro” — recordó la voz de su padre cuando le entregó el estuche que los contenía.
Ella lo había tomado entre sus manos infantiles sin comprender su valor. Allí la invitó a cerrar los ojos y sentir los movimientos de ida y vuelta del viento, a escuchar sus oscilaciones y vibraciones que se propagaban como sonidos a través del aire.
Así escuchó por primera vez al viento componer su propia melodía en una entonación que le era tan propia como el compás de su respiración y el latido de su corazón —reflexionó, mientras acariciaba la moneda que sostenía entre sus manos.
—¿Qué tienes ahí? —le preguntó Durk al llegar y encontrarla absorta en algo que sostenían sus manos.
—Es un estuche que me dio mi padre cuando era una chiquita. Mira, tiene dos compartimientos, por un lado, guarda la moneda y, por el otro, una semilla dormida —dijo Fulgor enseñándolo a Durk.
—¿Para qué sirven? —preguntó él mirando los dos objetos. —Mi padre nunca me explicó claramente el propósito de estos talismanes —confesó—. Ahora creo que fue una de sus premoniciones veladas, porque hoy me pidió recordar el día que me los entregó.
—El enigmático padre, siempre oráculo —sonrió Durk—.
Tendremos que llevarlo y descifrar el misterio sobre la marcha.
—Observa la moneda con detenimiento y dime qué piensas —le pidió mientras recitaba las palabras de su padre, como si las estuviese escuchando en ese instante:
“Aunque esté algo gastada por el tiempo, aquí puedes ver a un ser celestial, de figura humana con un destello luminoso en su cabeza que se despliega hacia el horizonte.
De rostro sereno y mirada que refleja gran sabiduría.
En su pecho, el viento parece girar en espirales invisibles, canalizando una energía etérea, que al destellar restablece el equilibrio entre los seres vivos, la naturaleza y las fuerzas celestiales que controlan el destino universal.
Por este otro lado, se encuentra un cuervo con las alas extendidas, que parece balancearse entre la luz y la sombra, como una criatura espiritual que guarda secretos y presagios.
Sus plumas se enredan en formas intrincadas, como un símbolo de transformación y transición que representan la dualidad de la vida.
Para unos, un presagio de luz, reflexión y sabiduría; para otros, de muerte, desolación y oscuridad…
Es un recordatorio de que siempre navegaremos entre dos polos que están conectados, porque son contrastes y no existirían el uno sin el otro”.
Los ojos de Durk se agrandaron como platos y un brillo casi salvaje apareció en su mirada. Se tambaleó ligeramente, dejando que sus brazos se estiraran hacia los costados como si estuviera a punto de despegar, y de inmediato rodeó a Fulgor con cariño.
—¡Eso es! —exclamó con voz ruidosa y desbordante, su pecho subiendo y bajando con la emoción—. Esa moneda es el talismán perfecto para el ritual que va a hacer volar a esos cuervos de una vez por todas. ¡Lo tengo clarísimo!
—“ A veces, el viento contrario nos impulsa hacia lo que más necesitamos” —. Eso fue lo último que me dijo cuando me la obsequió, después pasé meses sin verlo—. Recordó Fulgor sin poder evitar el manantial de lágrimas que brotaba de sus ojos.
—Pienso que él lo sabía y decidió no interferir, dejando que tomaras tus propias decisiones —dijo Durk—. Recuérdame agradecerle por la parte que me toca —rio estruendosamente, después le guiñó el ojo con picardía, feliz por tenerla de compañera de vida.
Y eso no es todo.
—El oráculo hoy me dio una nueva pista. “A menudo, es en la profunda oscuridad donde se oculta la llave que despierta nuestra luz interior.” —le repitió ella—. Acabo de comprender que los cuervos son la clave y que Edgard tenía razón, debemos protegerlos.
—Ese chico nos está resultando más seguro y arrojado de lo que creía —reconoció Durk.
En la noche, ya era hora de actuar…
—“ Deja que el viento sople, y cuando menos lo esperes, comprenderás. Solo espera el momento adecuado ” — dijo Fulgor al grupo antes de salir de casa—. Eso haremos.
La sílfide voló con un firme aleteo guiando a su familia hacia el bosque.
Llevaba el cofre blindado de cristal que Relámpago les entregó en donde resguardaban el libro de magia oscura.
Durk caminaba entre Tolmark y Edgard, mientras que Talos avanzaba con la bombilla que protegía a Pluma entre sus manos.
Por el camino se encontraron a muchos lugareños que se dirigían también al mismo destino. Poco después ya formaban parte de un nutrido grupo que marchaba ordenadamente hacia el espacio donde se llevaría a cabo el ritual.
Al llegar quedaron maravillados por la belleza de ese claro rodeado de altos árboles que se alzaban como gigantes antiguos, en cuyas ramas fueron colgadas las brillantes campanas de viento.
En el centro destacaba una gran roca de superficie semi plana.
Fulgor la cubrió con un mantel blanco y, sobre este, formó un círculo con las pequeñas rocas de mármol blanco del altar del oráculo.
Ubicó el estuche del talismán a un lado y, por último, colocó algunos candelabros con velas encendidas, talladas con símbolos arcanos, antes de iniciar la ceremonia.
—Esta noche enfrentaremos como comunidad una batalla de resistencia espiritual en contra de las sombras —dijo Brondar a los presentes—.
Todos los que estamos reunidos aquí utilizaremos nuestra energía positiva sin distracciones ni interrupciones.
—Realizaremos este primer ritual de magia blanca para erradicar la existencia de este libro de hechizos oscuros y disipar la esencia de las sombras en un vacío absoluto —explicó Fulgor mientras colocaba con cuidado el cobre de cristal que protegía el tomo en el centro del altar.
—Si nos rodeamos con nuestro escudo espiritual de protección, nos mantendremos a salvo —recitó Tolmark en voz alta—. Nos colocaremos alrededor del altar y encenderemos nuestra magia.
Las criaturas mágicas se hacían presentes rodeando el altar, formando varios círculos de protección, desplegando su esencia mística y proyectando su propia llama espiritual sobre todo el territorio del pueblo.
Primero llegaron los orcos, con su piel de tonos terrosos y sus músculos que denotaban una fuerza primordial, muchos tenían cicatrices de antiguas batallas.
Todos mostraban respeto y solemnidad mientras se alineaban, algunos con hijos jóvenes que evidenciaban destellos de la magia que corría por sus venas.
Luego, avanzaron los sátiros, con sus piernas de cabra que se movían con agilidad, adornados con coronas de flores y hojas.
Sus risas juguetonas se entremezclaban con los murmullos del bosque, y algunos de los más jóvenes se detenían a jugar entre sí, mientras sus padres mantenían la seriedad de la ocasión.
Las hadas arribaron con una luminiscencia casi etérea, flotando en el aire como destellos de polvo de estrella.
Sus alas, finas y brillantes, proyectaban destellos dorados que se fundían con la luz de las velas.
Algunas de ellas traían mascotas diminutas, como pequeños colibríes que emitían trinos que parecían cantos de bienvenida.