Capítulo 16 Almas errantes #3
—Jamás abandonaría a los muchachos, aunque me costara la vida —graznó Pluma con convicción—. No negaré que estaba muy asustada porque nos amenazó con su hechizo de transformación.
—¡Nos iba a convertir en sapos como a esos tres oficiales! — recordó Tolmark con temor.
—Yo hubiese preferido convertirme en sapo, que volver a ser una bruja oscura —graznó Pluma—. Pero eso no sería posible, porque el encantamiento de mi madre me convertiría en humana. Entonces me reconocería y me llevaría a un destino fatal.
—¿Te descubrió? —le preguntó preocupado Edgard.
—No, por suerte estaba demasiado enfurecida con Tolmark para verme.
—¿Con Tolmark?, ¿qué hiciste…? —se sorprendió Fulgor.
—¡Nadaa! —dijo levantando las manos en señal de paz—.
Puede que haya mencionado que lucía como un espantapájaros, pero madre, es la pura verdad.
¡Lo prometo—! Hizo una pausa para mirar a Pluma—.
Sin ofender, pero tu madre esta espantosa.
Espera, no te pareces a ella en tu forma humana, ¿o sí –?
Se rascó la nuca—. Porque si te pareces, pues no es tu culpa. No te dejaremos de querer…
—¡TOLMARK, haz silencio ya! —le apuntó su madre con un dedo.
Durk incrédulo negaba con la cabeza.
—Entiendo y me alegra que todavía estés con nosotros —dijo finalmente Fulgor—. También has sido muy valerosa al revelarnos tu secreto, experiencias y conocimientos.
—Aquí estás a salvo. Tu madre jamás te encontrará, porque no lo permitiremos —enfatizó Edgard.
—Ya no soy humana y la única ventaja que tengo es que ella no lo sabe.
Debo detenerla antes de que su poder crezca demasiado o que me descubra —afirmó—.
Por eso estoy dispuesta a enfrentar a las sombras.
Ella es muy poderosa y no será fácil. Pero, yo soy una bruja y si puedo revisar ese libro de hechizos.
—Tenemos un inconveniente grave. Las páginas que faltan de ese libro están en poder de mi madre —graznó Pluma a Fulgor unas horas después—.
Lo sé porque me vi obligada a estudiar pergaminos con la misma tinta y estilo de inscripciones.
Tuve acceso a fragmentos que contenían hechizos y contrahechizos de transformación y no me quedó otra opción que memorizarlos.
Fulgor miraba la caja de cristal con el manuscrito adentro, mientras conversaban en el porche — ¿Faltan muchas? — preguntó, manteniendo la calma en su tono.
—Por los restos que quedan del libro, calculo que serían alrededor de 60 hojas. Para asegurarse de que nadie descubra los hechizos que faltan, arrancó también el índice —graznó Pluma.
—¿Por qué no se llevó el libro completo, “Tomo de Nefaria la primera sombra”? —leyó, finalmente, el título que emitía un aura oscura desde su cubierta.
Pluma aleteó y se posó en el barandal.
—Este libro está protegido por un encantamiento que impide abrirlo, a menos que lo haga sus guardianes o descendientes directos, en este caso, Orleida o Islena.
Una de ellas debió liberarlo para que Relámpago pudiera traerlo —graznó Pluma—.
Mi madre debe haber llegado con un propósito específico y optó por obtener solo lo que necesitaba.
Esas 60 hojas deben estar resguardadas en diversos escondites, porque las brujas oscuras prefieren fragmentar el conocimiento, en lugar de tenerlo concentrado.
Por eso los creadores del libro implementaron tantas defensas.
—¿Dentro del libro, está la hoja desprendida del hechizo que utilizó Islena? —quiso saber Fulgor.
—Sí, Relámpago devolvió todo lo que tenían en su poder, incluso los pocos trozos que quedaron de la hoja del contrahechizo —graznó el ave.
—Creo que Orleida tiene miedo porque piensa que las brujas están intentando experimentar con las almas errantes atrapadas en otro plano.
Si ya lo lograron con Islena, es imperioso destruir ese libro para liberar al universo de su maldad —aseveró Fulgor, con el ceño fruncido y la voz cargada de preocupación—. Tú, ¿podrías hacerlo?
Pluma ladeó la cabeza y agitó un ala, como si aquello fuera más complicado de lo que Fulgor podía imaginar.
—No es tan sencillo, Fulgor —graznó Pluma—.
Si destruyo el libro yo, no desaparecerá por completo.
Aunque me transformara momentáneamente en bruja, solo podría utilizar el fuego para hacerlo, porque es nuestro elemento guía.
Entonces, quedarían las cenizas cargadas de magia oscura como semillas latentes que alguien más podría encontrar y usar para revivir los hechizos.
Pluma clavó su mirada en los espirales de nieve que flotaban en el aire, dibujando patrones efímeros antes de desvanecerse en el viento frío.
—Y eso no es lo peor. Al destruirlo, estaríamos cerrando cualquier posibilidad de redención para las almas de los niños sombras y los espectros atrapados por la oscuridad.
Sin el libro, no podrían volver a sus cuerpos ni alcanzar el descanso.
Quedarían condenados a vagar sin rumbo, anclados a este mundo, y los espantos se quedarían varados en el limbo, incapaces de regresar a su plano etéreo.
Fulgor permaneció en silencio, asimilando el peso de las palabras de Pluma.
De repente, Pluma alzó su cabeza, con un brillo astuto en los ojos.
—Ya se me ocurrió algo… —anunció.