El eco de los espíritus del bosque Capítulo 15 La noche más larga #3
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Capítulo 15 La noche más larga #3

Brondar, sin embargo, no podía sacudirse una sensación de inquietud.

Al despuntar el alba, el bosque permanecía inusualmente silencioso.

Los cuervos, que siempre habían sido una presencia ominosa en esa guarida, brillaban por su ausencia.

Algo estaba fuera de lugar, y el centauro lo sabía bien: el silencio, en ocasiones, puede ser más aterrador que cualquier ruido.

Aunque agotado por la intensa labor nocturna, el comisario Brondar caminó con paso firme y se dirigió a la amplia tienda de campaña instalada como centro de primeros auxilios en un claro del bosque, donde atendían a los heridos menos graves.

—Hola, Lyska. Veo que te estás recuperando bien — dijo Brondar, dejando escapar una sonrisa sincera al ver a la pequeña hada con buen semblante, aunque sus alas aún lucían opacas y frágiles—.

Gracias a ti logramos encontrarlos. Ese rastro de polvo de estrellas que dejaste fue vital para guiarnos hasta los niños con vida. Fuiste increíblemente astuta.

Lyska movió débilmente sus alas, dejando apenas un destello fugaz. Su voz salió en un susurro, cálida pero cansada.

—Gracias a usted, comisario, por venir a rescatarnos.

Ahora yo también podré recuperar mi brillo.

Mientras me llevaban a través del bosque, recordé la historia de Hansel y Gretel.

Es una de mis favoritas. Me dio la idea de marcar el camino.

—Hizo una pausa, sus ojos brillando un poco más al preguntar—.

¿Y Nimbbles? Estaba muy débil… lo picó uno de los cuervos.

Brondar asintió con seriedad.

—Nimbbles fue trasladado al hospital. Lo están atendiendo con la curandera .

Lyska dejó escapar un suspiro aliviado, pero sus palabras tomaron un tono más sombrío.

—Estoy muy feliz de haber sido rescatada, pero al inicio estaba aterrada. Vi cómo los cuervos dañaban intencionalmente a los niños con poderes. Me propuse mantenerme tranquila, jugar su juego y buscar una oportunidad para escapar.

Brondar arqueó una ceja, interesado.

—¿Lograste ver alguna luz allá abajo?

—Sí, pequeños reflejos sobre el suelo rocoso. Seguí observándolos, y me di cuenta de que venían de grietas que, probablemente, conectaban con la superficie del bosque.

Esas luces me dieron esperanza... aunque ellos solo deseaban una cosa: mi brillo —añadió, su voz temblando ligeramente.

El centauro frunció el ceño, intrigado.

—¿Tu brillo? Suena contradictorio que algo de la oscuridad busque la luz.

—La oscuridad siempre codicia aquello que no puede tener —aseveró el hada.

El comisario Brondar sacó su identificación y deslizó con cuidado una pequeña estampa que llevaba guardada en el plástico. La miró por un instante antes de extenderla hacia la niña con gesto solemne.

—Está encantada con un fuego de luz. Si algún día lo necesitas, solo rasga la superficie —le explicó con una leve sonrisa mientras revolvía con suavidad el cabello de Lyska—.

Eres muy astuta, pequeña. Parece que subestimaron tu ingenio.

¿Tienes idea de lo que pretendían? —preguntó Brondar, inclinándose un poco para escuchar su respuesta.

—Las hadas somos rápidas para aprender y desarrollar nuestros poderes —dijo Lyska, encogiéndose de hombros—. Ellos solo buscan niños que ya empezaron a despertar su magia, pero aún no saben controlarla. Los usan para robarles su poder.

—¿Y por qué los matan si pueden controlarlos? —preguntó Brondar.

—Solo matan a los que no les sirven o a los que intentan rebelarse —respondió Lyska con seriedad—. No tienen piedad.

—Cuando bajamos, no vimos ni un solo cuervo. ¿No es extraño? —añadió Brondar, cambiando el tema.

—Sí lo es. Siempre había muchos vigilándonos, pero hace poco todos se fueron de repente. No sé por qué — explicó el hada, cruzando los brazos.

—Gracias, Lyska. Lo que me has contado es muy útil. Debo atender esto —añadió el comisario, señalando la luz parpadeante de su radio mientras subía el volumen .

Brondar recibió el informe: los cuervos habían regresado en una bandada densa y aterradora, invadiendo el bosque con su presencia.

Llegaron a trompicones, como si volaran enceguecidos, algunos chocando con ramas o troncos, para luego retomar su vuelo.

Aunque no atacaron, su presencia fue suficiente para espantar a las autoridades y los voluntarios, quienes observaron de lejos cómo las aves descendían desesperadamente hacia la oscuridad de los túneles de las catacumbas y desaparecían en su interior.

Todos se miraban sabiendo que la magia de luz había asestado un golpe significativo a las sombras.

Pero ¿quién o qué? —se preguntó Brondar.

Otras preguntas ineludibles rondaban su mente.

¿Cómo podrían deshacerse de los cuervos sombras de manera definitiva?

¿Dónde y cuándo habían sido secuestrados tantos niños? ¿Y quiénes eran esos niños realmente?

Antes del amanecer…

La comisaría de la policía era un caos. Los tres oficiales que estaban de guardia fueron atacados en venganza por los cuervos sombras. El comisario Brondar los encontró convertidos en sapos…