Capítulo 14 Posesión maléfica #3
Durk lo miró, al principio serio, pero terminó esbozando una sonrisa ante la actitud despreocupada de su hijo. Sin embargo, la ligera diversión de Tolmark se desvaneció rápidamente cuando notó que su madre estaba claramente herida.
Talos, con una rapidez sorprendente, la levantó en brazos con una ternura que contrastaba con la situación.
—¿Qué ha pasado? —preguntó, la angustia evidente en su voz mientras observaba las heridas de Fulgor.
Pluma le explicó, mientras Durk sacó fuerzas para ayudar a su esposa a acomodarse en el sofá. Talos se quedó observando preocupado desde afuera, ya que la casa le resultaba muy pequeña.
Los ojos de Fulgor reflejaban una oscuridad inquietante, como si la noche misma se hubiera filtrado en su interior. Intentó sonreír, pero solo consiguió una mueca débil. La gravedad de la situación se hizo evidente.
—Edgard, escucha bien, hijo —susurró, su voz apenas audible—. La sombra más poderosa se presentó ante mí, vestida de cuervo. La herí en una de sus alas, y vi cómo caía en picada mientras emitía un sonido agudo, como una alarma: crack, crack, crack, repetía.
—¿La mataste? —preguntó Edgard.
—No me interrumpas, solo escucha. No me quedan muchas fuerzas en este momento — pidió, su respiración era débil—. Su ala se regeneró en cuestión de segundos, pero mientras se desplomaba, a través de su agudo pico alcancé a ver la sombra de un niño que tiene atado a su oscuridad.
—¿QUÉ? — graznó Pluma y preguntó Talos desde afuera, al mismo tiempo.
—Fulgor, ahora descansa —rogó Durk.
—No —respondió con firmeza—. Edgard, toma mi mano — le pidió. Por un momento, conectaron sus mentes mientras ella transmitía telepáticamente la revelación de Beltrank y el ataque de los cuervos.
—¿Qué significa todo esto? —preguntó Edgard agotado ante las imágenes de la visión telepática.
—Ed, esa sombra tiene al espanto prisionero. Cuando lo libera, puede controlarlo. Están tan profundamente vinculados que el cuervo drena su energía infantil para alimentarse —explicó su madre con gravedad.
Edgard besó la frente de Fulgor con ternura. —Mamá, duerme un poco.
—Pluma, ven. Tú también necesitas descansar —dijo Tolmark, colocando un cojín cerca de la chimenea para ella.
Edgard se había asomado a la ventana para compartir información con Talos, después se acercó a Durk.
—Papá, ¿por qué se vinieron por el bosque? —le preguntó, sin darse cuenta de que llamó a Durk papá por primera vez—. ¿Qué sucedió?
—Hijo —respondió entre la emoción que le ocasionó y la preocupación por Fulgor—. Desde que salimos de la casa de Beltrank tu madre percibió que nos seguían. Yo sugerí salir del sendero de la colina y venir por la calzada al borde del bosque.
—¿Quién los perseguía? —preguntó Tolmark.
—Cuervos. Al principio la estrategia pareció funcionar, pero era una trampa —le explicó Durk—. Fuimos rodeados y atacados por una bandada enorme de cuervos manipulados por las sombras. Tu madre piensa que a los cuervos de Ravenpine les absorben su luz para manipular sus acciones.
—Eso solo puede lograrse con hechizos oscuros.
¡Fueron brujas humanas! —graznó Pluma, quien no había distinguido la naturaleza de los cuervos en medio del enfrentamiento.
Temblaba de patas a cabeza, como nunca la habían visto—.
Si fue picoteada por ellas, debemos llevarla con Miritrha ¡Ahora! La llevaron de inmediato.
Horas después, Fulgor se encontraba en el consultorio de la curandera, donde comenzaba a recuperarse.
Todos quedaron sorprendidos al ver la sustancia que Miritrha y Murla extrajeron al limpiar sus heridas y purgar la oscuridad de su ser.
La sangre, espesa y pegajosa, era de un verde ennegrecido que despedía un olor insoportable, un líquido denso que parecía contener toda la corrupción que la oscuridad había dejado en ella.
—Miritrha te trajo de vuelta —le susurró Durk a Fulgor—. Te pondrás bien.
—Durk, si fui contaminada con la sombra primigenia, recuerda nuestro pacto —susurró ella, con la mirada perdida en el techo—. Me dejarás partir y te harás cargo de los chicos.
—Eso no será necesario —la tranquilizó Miritrha—. Te trajeron a tiempo y tu sangre fue purificada totalmente. ¡Estás a salvo !
Fulgor cerró sus ojos y se durmió de nuevo.
—Hijos —les informó Durk —Su madre fue sanada y me quedaré con ella toda la noche. El comisario Brondar vendrá a buscarlos en la unidad de patrullaje y los llevará a casa.
Cuando las luces de la patrulla bañaron la sala de consulta de la curandera, los chicos salieron con pasos pesados. Pluma, que volaba en círculos alrededor de ellos, se posó suavemente sobre el hombro de Edgard, mirando a su alrededor con sus ojos atentos.
—¡Ja, ja, ja! Tan jóvenes subiendo a una patrulla —bromeó Brondar, mirando a los chicos con una sonrisa traviesa.
Luego, se puso serio por un momento, evaluando a Tolmark—.
Aunque, pensándolo bien, podrías ser un oficial algún día.
Tienes esa chispa, esa curiosidad que todo buen investigador necesita.
¿Qué es la sombra primigenia? —pensaba Edgard, mientras veía el paisaje pasar fuera de la ventana, recordando la percepción que le compartió su madre, esa intrigante conversación con Beltrank…