El eco de los espíritus del bosque Capítulo 14 Posesión maléfica #2
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Capítulo 14 Posesión maléfica #2

—Eso sería un verdadero milagro, porque lo he intentado todo.

Pero debo aclararle que jamás he utilizado magia oscura —añadió Beltrank—.

Tampoco quiero traerlo de entre los muertos.

Eso son habladurías. Lo único que hago es cuidar su sepultura, colocando velas encendidas y esas flores azules que tanto nos gustaban y que recogíamos para llevarle a nuestra madre, con la esperanza de que me reconozca y me permita ayudarlo a descansar en paz.

—Así debe ser, porque las sombras solo se combaten con luz —enfatizó Fulgor.

—El espíritu de Keltrank ha estado siempre conmigo, lo reconozco porque puedo sentir su presencia. No son poderes mágicos, sino nuestra conexión eterna. Solo alguien con un gemelo podría entenderlo —suspiró mientras su mente viajaba muchos años atrás.

—Yo sí le entiendo. He sido bendecida con el poder de la percepción extrasensorial y conectarme fácilmente con otros seres que no están presentes —le explicó Fulgor—.

Yo, como usted, dejé mis poderes de lado al llegar a este pueblo de luz y es ahora, ante esta situación que los estoy retomando, paso a paso.

—Qué interesante. Con Keltrank lo más desconcertante es que nuestra relación se fracturó.

Con los años y el cambio en mi apariencia, dejó de verme como su gemelo, como Beltrank y para el soy un extraño, un invasor —dijo, sonriendo con amargura—.

A menudo aparece para hacer pequeñas travesuras.

Creo que quiere asustar a este “intruso” para que me aleje —añadió, señalándose.

—Ahora te diré el motivo de mi visita. Mi hijo Edgard es un humano media sangre y está desarrollando también grandes poderes de percepción.

Hace unos días, cuando vinimos a visitarlo, él fue capaz de ver el espíritu de su hermano convertido en espanto.

Keltrank lo condujo hasta su tumba —reveló Fulgor.

—Si se dejó ver, es porque está buscando ayuda. ¡Eso es un milagro! Gracias, esa noticia renueva mi esperanza — exclamó emocionado Beltrank.

—Averiguaremos como podemos ayudarlo —respondió

Fulgor.

—Estaré esperando con ansias tus noticias —dijo el anciano al despedirla.

Durk y Fulgor iniciaron el regreso un par de horas después de haber subido aquella colina.

Caminaban por el sendero hacia su hogar cuando comenzaron a escuchar ruidos extraños alrededor de ellos.

Primero pensaron que era el viento, pero pronto se dieron cuenta de que ese no era un sonido natural.

Se detenía cuando paraban y reiniciaban cuando avanzaban.

—¿Qué está sucediendo...? —susurró Fulgor, sintiendo como el estado de alerta invadía su silueta.

—No lo sé, pero mi instinto me dice que estamos en peligro —respondió Durk sobresaltado —Quizás sea mejor desviarnos hasta el camino del bosque para no guiar lo desconocido a casa. —Debemos movernos rápido —dijo ella en alerta.

Edgard se tensó al sentir un cosquilleo en su columna.

Intentó conectarse telepáticamente con su madre, pero no lo logró.

Se sentó sobre el borde de la ventana mirando fijamente el camino hacia la colina, pero no los veía venir.

Presintió que algo debía estar mal, que el tiempo se alargaba sin noticias de sus padres.

De repente, la visión lo golpeó: cientos de cuervos, posados sobre los árboles cubiertos de nieve, observaban el camino por donde avanzaban Durk y Fulgor. Algo oscuro y antiguo

los controlaba. El peligro se hizo palpable, un escalofrío recorrió su espalda.

—Tolmark, ¡nuestros padres serán atacados!, Pluma, necesitamos tu ayuda —gritó.

En un instante, Tolmark y Pluma reaccionaron, y los tres avanzaron hacia la colina .

Al llegar, lo primero que vio fue la furia y el terror plasmados en el rostro de su madre, una expresión que nunca esperó ver y que opacaba su dulzura natural. El bosque parecía cerrarse a su alrededor, los árboles cada vez más altos y retorcidos, como si la estuvieran vigilando.

Fulgor utilizaba sus poderes de sílfide, mientras disparaba su rifle etéreo una y otra vez, aniquilando sombras que se deshacían en el viento, pero ellas eran muchas. Se deslizaban entre los árboles, cambiando de forma, riéndose, rodeándola, mostrando que su interés se concentraba en ella.

Durk intentaba protegerla, pero era bloqueado por otros cuervos para neutralizar sus poderes, sin embargo, él no se rendía.

Apretaba los labios y regresaba de nuevo a la lucha, pero sin lograr progresos.

Por primera vez, Edgard vio el miedo reflejado en su rostro.

Él, que siempre había sido el escudo de la familia se veía al borde del colapso, como si su vida sin Fulgor se derrumbara para siempre.

Edgard comprendió al instante que el objetivo de las sombras era aislar a su madre para debilitarla, apagando su luz ancestral.

Percibió que los cuervos la atacaban porque ella era la única sílfide pura en la comunidad, un ser celestial del viento, cuya existencia representaba un poder único y valioso .

—Papá, Tolmark, ¡deben sacarla de aquí!, la quieren a ella — gritó Edgard.

Ambos coincidieron con Edgard al darse cuenta de que los demás recibían únicamente daños colaterales al defenderla.

—Piel pétrea, camuflaje entre las sombras, agilidad sobrenatural, visión nocturna, vengan a mí —gritó Tolmark, mientras su padre repetía las mismas palabras a su lado.

En un parpadeo, ambos se transformaron en remolinos de viento, girando con tal intensidad que las sombras a su alrededor se desvanecieron momentáneamente.

Con un despliegue de su poder sobrenatural, desaparecieron entre los árboles, dejando tras de sí solo huellas en la nieve, mientras Fulgor se volvía completamente etérea, desvaneciéndose en el aire para no ser vista.

—¡Huye, Edgard! — gritó Pluma, volando a su lado—. ¡Pueden venir por nosotros!

Cuando estaban a punto de llegar a casa, Durk, agotado, no pudo más y se desplomó. Talos, que justo se acercaba a su cobertizo, corrió hacia él y lo ayudó a incorporarse, sujetándolo con firmeza. Tolmark, al ver la escena, no pudo evitar soltar una risa burlona.

—¿Te hace falta un poco de energía, viejo? Yo no me agoté tanto —comentó con una sonrisa traviesa, observando a su padre recuperar el aliento.