El eco de los espíritus del bosque Capítulo 8 Espectros, espantos y sombras
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Capítulo 8 Espectros, espantos y sombras

—E stoy seguro de que esa niña está en peligro — dijo Edgard momentos después a su madre—. Ella intentó decirme su nombre… pero no pude entenderlo.

Fulgor llamó rápidamente a Pluma. Ambas trataban de ayudar, pero no tenían pistas de quien podía ser la niña.

Finalmente, Fulgor y Durk, salieron a la comisaria a plantear la “nueva visión de Fulgor” sobre una pequeña en apuros, cuyo nombre empezaba con Ly.

Le advirtieron al comisario Brondar que los jóvenes no estaban a salvo en Ravenpine.

En casa, Tolmark, estaba incómodo por el silencio pesado que quedó en la sala después que sus padres se fueron.

—¿Realmente la oscuridad es tan mala? —preguntó a Pluma, frotando sus manos nerviosamente.

Antes de responder, la corneja echó un vistazo alrededor, como si algo en el aire le helara los sentidos.

Desde el porche, observó el cobertizo en silencio, pero su atención pronto se desvió hacia un pino solitario, alto y majestuoso.

Era evidente que Talos lo había cortado hacía poco, el tronco aún conservaba la humedad de su savia y del bosque.

Sin embargo, no fue el árbol lo que captó su verdadera atención.

Sus ojos se fijaron en el borde del bosque, donde la penumbra parecía engullir todo a su paso.

Allí, en el umbral entre la luz y la oscuridad, creía escuchar ecos lejanos, susurros de espíritus, que, como sombras, acechaban entre los árboles.

—La oscuridad en sí misma no es mala. Lo peligroso es su capacidad para devorar la luz, no solo la que vemos, sino también la luz que reside en el interior de cada ser vivo — graznó el ave.

—¿Los espíritus que merodean son oscuros? —preguntó Edgard.

—Me temo que sí. Lo primero que deben entender es que los espíritus son energías que pueden pasar las barreras entre el plano físico y etéreo, su esencia puede ser luminosa u oscura. Pero los espectros, espantos e incluso las sombras son consideradas espíritus —les aclaró Pluma.

—¿Un espanto y un espectro no son lo mismo—? Arrugó la nariz Tolmark.

Pluma giró hacia él, sus ojos ahora más oscuros, más graves.

—No, no lo son.  Existen espantos, espectros y sombras, y todos pueden estar conectados por la misma oscuridad.

Un espanto es un alma en agonía, un ente que ha perdido su luz.

Está muerto, pero perdido entre el plano etéreo y físico, condenado a vagar por la desesperación, la ira o el sufrimiento que lo consume.

Edgard sintió un escalofrío recorrer su columna. Un sonido, bajo y casi imperceptible, llegó a sus oídos, y por un instante escuchó una canción fragmentada, que reconoció de inmediato: “Somos cuatro en el retrato…”.

—¿Qué ocurrió en la colina? Creo que Beltrank le teme a algo… ¿y si eso lo lleva a ejecutar acciones malignas—? Dudó Edgard.

Pluma cerró los ojos un momento, como si estuviera recordando algo oscuro.

—Lo que sucedió en casa de Beltrank fue muy extraño.

Tu madre, que tiene experiencia con todo tipo de seres etéreos debido a sus números viajes, piensa que a Beltrank lo atacó un espanto, pero hay algo más…

—. Aleteó, posándose en el hombro de Edgard— Ella ha percibido sombras malignas, fragmentos de energía oscura, y estas solo aparecen cuando son convocadas .

—Eso suena terrible… Si es un espanto, ¿podemos ayudarlo? —preguntó Tolmark.

—No es fácil. Los espantos son… muertos que no han encontrado paz. La ira los consume, y su deseo de venganza los vuelve peligrosos.

Edgard interrumpió con una mueca, el sudor frío acumulándose en su frente.

—¿Piensas que Beltrank invocó entes oscuros? O si no, ¿quizás el leñador? Es muy extraño… —opinó Edgard.

—No lo sé... Leo parece un buen hombre, solo corta leña para venderla al aserradero o a los vecinos. Pero las sombras, una vez llamadas, se arrastran hacia cualquier rincón hasta que la luz se extingue —opinó Pluma .

Edgard se tocó la sien, pensativo.

—Pero… esa niña de mi visión. ¿Y si el señor Leo la tiene? Es sospechoso que el sátiro apareciera en su invernadero.

—El niño dijo que llegó solo… — fue lo que Pluma pudo responder.

Un suspiro pesado salió de su pico antes de graznar.

—Es cierto, no estamos seguros de nada, así pensarían otros que sospechen de mí—. Aceptó Tolmark.

—Quizás nos enfrentamos a brujería oscura… o solo sea un espanto perturbado —dudó Pluma—. Lo que ocurrió en la colina y lo que está sucediendo en el bosque, todo es tan confuso, deja tras de sí rastros oscuros...

—¿Una hechicera? —preguntó Edgard.

—No lo sé, porque las sombras malignas son aún más salvajes. Beltrank no habría sobrevivido, y el leñador tampoco podría resistirlo. Son humanos… y no hechiceros... o eso creo.

De pronto, Tolmark vio algo moverse en el borde del porche.

Se acercó lentamente, todos los músculos de su cara tensos, hasta que dejó escapar una sonrisa y estiró su mano hacia la pequeña ardilla que, con cautela, apareció en la nieve.

La criatura parecía hambrienta, y Tolmark, sin pensarlo, le ofreció un trozo de pan.

—Una pequeña distracción —se encogió de hombros, mientras se rascaba la nuca—. ¿Y qué es un espectro? — preguntó Tolmark de pronto.

—Un espectro es un ser atrapado entre dos dimensiones.

Su cuerpo sigue en este plano físico, pero su aura está entrelazada con el etéreo—.

Pluma levantó su ala y escribió con hilos de luz en el aire, como si lo hiciera en una pizarra—.

Es el resultado de un desacierto cuántico que altera su balance entre el comportamiento de su energía y el de su materia, transformando su entorno y situación existencial.

Se giró hacia ellos y soltó un graznido divertido al ver las bocas abiertas de sorpresa de los muchachos, como si estuvieran tratando de resolver un cubo Rubik con los ojos vendados y los dedos congelados.

—En otras palabras, es una conciencia que se arrastra, buscando volver a su forma original. Si no lo consigue sigue perdido, atrapado en un limbo —concluyó para hacerlo más sencillo.

—¿Cómo lo reconocemos? — intervino Edgard.

—Mm, no es fácil, supongo que, con la experiencia, pero les diré un truco.

Los espectros habitualmente desprenden una energía “violeta”.

No están muertos, pero tampoco vivos. Luchan para regresar a su cuerpo, o quizás para no hacerlo…

y mientras lo intentan, su presencia es…

como un eco lejano, algo que nunca acaba de llegar.

—¿Y qué quiere un espectro? —preguntó Tolmark.

—Quiere regresar o irse. Está atrapado, luchando por encontrar su lugar. Pero si no puede volver o marcharse, quedará perdido, prisionero entre los planos, en un tormento sin fin.

La atmósfera se cargó de incomodidad, hasta que Edgard rompió el aire con una deducción.

—Quizás mientras buscan su lugar, su energía genera vibraciones, como las que sentí en mi habitación… —Exacto, y esa energía alterada puede provocar bajones o cortes de luz a su alrededor —graznó Pluma.

En ese momento, la luz de la puerta del cobertizo que Talos dejaba encendida parpadeó, y todos se miraron en silencio.

—¿Y qué es una sombra? —preguntó Edgard, su voz ahora tensa.

Pluma no respondió inmediatamente. Solo se quedó mirando hacia la ventana, con las alas extendidas, como si estuviera escuchando algo más en el aire.

—Las sombras no son lo que parecen. Son manifestaciones de oscuridad maligna, entidades que se alimentan del miedo, la ira, la desconfianza, de las emociones negativas, pero también de la esperanza. Cuanto más absorben, más poderosas se vuelven.

—Entonces… ¿se hacen más grandes? —preguntó Tolmark.

—Exacto. Las sombras crecen a medida que acumulan más oscuridad. Son como una plaga que no puedes erradicar. Para detenerlas, tienes que encontrar su origen. Pero no es fácil.

De repente, Edgard sintió una presión en el pecho, como si el aire se estuviera volviendo más denso.

Un susurro en un idioma que no entendía llenó sus oídos: “Shoth’ra…

imal’ith… De inmediato, escribió la frase en la nieve que se había colado al alfeizar.

Pluma la leyó y tradujo: “La oscuridad es tu perdición”.

Edgard la contempló, nervioso.

—¿Y cómo derrotamos las sombras—? Apretó los puños.

—Solo cuando entiendas de dónde vienen, podrás detenerlas. Pero para eso, tendrás que adentrarte en las profundidades de la oscuridad misma. Es importante recordarlo, las sombras son energía corrupta. Los espantos son almas rotas. Y los espectros son seres atrapados entre planos.

De forma inesperada, se escuchó un ruido bajo y gutural, y una sombra se extendió desde el techo del porche, sobre la nieve.

Todos se giraron en alerta, hasta darse cuenta de que era una de las gárgolas que dejó escapar un largo bostezo.

Humano, goblin y corneja se quedaron con los ojos clavados en la piedra, hasta que soltaron carcajadas de alivio.

—Parece que ha tenido una siesta muy larga, aun así, seguirá durmiendo —bromeó Tolmark.

Después de ese momento para aliviar la tensión, Edgard soltó:

—La niña de mi visión… Se veía tan asustada… y detrás de ella… había algo más.  ¿Y si era una sombra? ¡Tenemos que ayudarla!

Pluma levantó un ala.

—Calma, Edgard. No sabemos dónde está. No hemos recibido más informes sobre niños desaparecidos.

Aún no controlas tus poderes, eso podría haber sido una premonición, no una conexión telepática, por lo que quizás no ha ocurrido aún…

—. Bajó el tono de su graznido—. Y si la sigue una sombra… no será fácil encontrarla.

De repente, un golpe seco resonó en la ventana. Los tres giraron al unísono, pero solo vieron una sombra fugaz que se deslizó hacia el bosque.

Tolmark tragó saliva, su voz temblando cuando dijo:

—Creo que la oscuridad ya nos encontró.

Pluma no respondió de inmediato. Sus ojos seguían fijos en la ventana. Su cuerpo se tensó. Finalmente, susurró:

—La oscuridad siempre encuentra a aquellos que llevan luz en su interior. Prepárense… porque no viene sola.