El eco de lo imposible (Amigas nº 1) Capítulo 15 Matías #2
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Capítulo 15 Matías #2

El vapor lo envolvió y el sonido del agua contra los azulejos se tragó el ruido de sus pasos descalzos sobre el suelo mojado.

Ella seguía de espaldas y él avanzó hasta que los chorros de agua caliente lo alcanzaron también.

Se deslizó detrás de ella y pegó el torso a su espalda mojada, mientras sus brazos la rodeaban por la cintura.

Ella lo observó girando el cuello, con los labios entreabiertos.

Una gota de agua temblaba justo en el arco de la boca.

Él la atrapó antes de que pudiera hablar, besándola con lentitud.

Dejó que sus manos bajaran por las caderas de ella, deslizándose sobre la piel mojada, con los dedos abiertos para abarcar toda la curva antes de subir de nuevo.

Recorrió su abdomen y siguió subiendo hasta que sus manos encontraron sus senos, envolviéndolos.

Ella soltó un suspiro tembloroso y reclinó la cabeza sobre su hombro con los ojos cerrados.

Él aprovechó para besarle la curva del cuello, sin detener sus caricias.

Bajó una mano hasta encontrar el muslo, apretándolo justo antes de deslizar los dedos entre sus piernas.

Ella gimió una vez más, dejándose hacer.

Entonces ella se dio la vuelta entre sus brazos y lo miró a los ojos antes de besarlo con desesperación, mientras sus manos se aferraban a su nuca.

Él la sostuvo por los muslos y la levantó con un movimiento fluido, dejando que la espalda de ella se apoyara contra los azulejos, sin dejar de besarla.

Se recolocó, dejando que las caderas encontraran su lugar entre sus muslos abiertos y deslizándose en su interior con un solo movimiento que le arrancó un gemido.

—Así —pidió Natalia, con los ojos cerrados y la espalda arqueada contra las baldosas—. No pares.

Él comenzó a moverse, embistiendo con un ritmo lento y profundo que hacía temblar el cuerpo de ella contra la pared.

El vapor empañaba el cristal hasta convertirlo en una superficie opaca que los aislaba de todo.

No existía nada más allá de aquella cortina de calor blanco.

Solo sus cuerpos, el agua caliente y el sonido de la piel contra la piel.

El ritmo se volvió urgente y desesperado, mientras el agua los salpicaba.

Matías no podía apartar los ojos de su rostro, viendo cómo se mordía el labio inferior, las gotas de agua le corrían por las pestañas cerradas y su expresión se tensaba.

Ella llegó al orgasmo con un grito mientras su cuerpo temblaba entero.

Él alargó el momento un poco más, persiguiendo su propio orgasmo, hasta que explotó dentro de ella con un gruñido profundo.

El agua caliente seguía cayendo sobre ambos, mientras él permanecía en su interior, con la frente apoyada contra la suya, intentando recuperar el aliento.

Se retiró despacio; el movimiento le arrancó un suspiro a ella cuando el vacío reemplazó la plenitud anterior.

Él deslizó la mano por su espalda, trazando líneas lentas sobre la piel mojada, desde los omóplatos hasta la curva de la cintura y de vuelta.

Le apartó el cabello húmedo de la frente con cuidado.

Ella levantó la mirada y tenía los ojos vidriosos.

Matías la besó y permanecieron abrazados en silencio un poco más, con el agua tibia resbalando por sus cuerpos.

Un poco más tarde, mientras ambos disfrutaban del desayuno tardío, llegaron las flores.

Matías se las entregó con una sonrisa traviesa, acompañando el gesto con un beso intenso que Natalia devolvió con la misma pasión.

Los interrumpió el celular de ella, que comenzó a sonar con insistencia.

Natalia palideció al mirar la pantalla y se alejó hacia la ventana antes de responder.

Matías permaneció en silencio, respetando su espacio, pero atento a cada uno de sus movimientos.

A través de fragmentos de frases en inglés, pudo percibir la seriedad de la conversación.

Natalia estaba tensa y, aunque su voz intentaba mantenerse firme, había un trasfondo de profunda tristeza en cada palabra que pronunciaba.

Respondió con un breve y tenso «Entiendo» antes de colgar y volverse hacia él.

Matías notó entonces algo que la mostraba más humana de lo que ella misma quería admitir: lágrimas contenidas en las comisuras de sus ojos, luchando por escapar del férreo control que se imponía.

Era evidente que lo que acababa de suceder la había descolocado, pero Natalia no quería mostrarse vulnerable ante él.

Sus hombros permanecían rígidos, su respiración era superficial y sus ojos brillaban conteniendo el dolor.

Él se acercó, dejándose guiar por su instinto de cuidarla.

Sin decir una palabra, tomó una de sus manos y entrelazó los dedos con los suyos, transmitiendo un mensaje claro: «No tienes que enfrentar esto sola».

Sintió cómo ella se relajaba contra su pecho.

Él la envolvió con sus brazos y acarició las hebras suaves de su cabello.

—Necesito ir para mi casa —murmuró Natalia, y su voz sonó apagada contra la tela de su camiseta.

Matías dejó que sus dedos se deslizaran por su cabello una última vez y asintió, aunque ella no lo estuviera mirando, comprendiendo que ahora las palabras no eran necesarias.

—Prométeme que me contarás lo que pasa cuando estés lista —pidió, dejando que todo lo que sentía por ella se filtrara en su voz.

Natalia levantó la mirada y él se perdió por completo en sus ojos y en las pecas dispersas sobre el puente de su nariz. El aire entre ellos se llenó de emociones.

—Quizás —fue todo lo que dijo ella.

Para él, por el momento, esa palabra era suficiente.