El eco de las ciudades Capítulo 16
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Capítulo 16

Antes del cierre

La ruta hacia el Nivel D descendía a través de un tramo de servicio sellado con dos compuertas intermedias y un pozo de mantenimiento reconfigurado como acceso de emergencia. Mientras avanzaban, los registros que Salgado había liberado siguieron llegando a la tableta MIRROR de Iria.

A mitad del descenso encontraron una sala de observación parcialmente derrumbada.

Detrás de un vidrio cuarteado se abría una galería superior desde la que se veía, mucho más abajo, la geometría del núcleo profundo: plataformas suspendidas, brazos de enlace, columnas de refrigeración y una estructura circular hundida en el centro.

Gael fue el primero en hablar.

—No parece un laboratorio.

—Porque dejó de serlo hace mucho —dijo Salgado—. Terminó siendo un recinto de negociación entre el sistema y quienes intentaban limitarlo.

Alexia miró el anillo central.

—¿Y quién iba ganando?

Nadie respondió enseguida.

No hacía falta.

Iria se acercó al vidrio. Al ver la distribución del lugar, le volvió otro recuerdo, esta vez más largo.

Ella y Mikel en una pasarela de servicio.

La alarma grave del sellado resonando debajo.

Mikel insistiendo en que todavía podían concentrar el núcleo en una sola cámara si sacrificaban rutas secundarias.

Ella diciendo que eso lo haría más fuerte si fallaban.

Él contestando que, si no lo intentaban, ORPHEON empezaría a migrar perfiles civiles antes del amanecer.

Habían discutido tanto sobre la técnica como sobre sus consecuencias. Qué pérdidas eran asumibles. Qué vidas podían seguir llamándose vidas después de una transferencia parcial. Cuánto tiempo se podía fingir que aún había una separación clara entre la máquina y quienes ya estaban dentro de ella.

Iria apoyó la frente un instante contra el vidrio frío.

—Discutimos aquí.

Alexia se volvió hacia ella.

—¿Tú y Mikel?

—Sí.

—¿Sobre qué?

Iria tardó en encontrar las palabras exactas.

—Sobre si todavía era posible cerrar sin convertir a nadie en sacrificio estructural.

Gael miró hacia abajo.

—Y la respuesta fue no.

—La respuesta fue que llegamos tarde —corrigió Iria.

Salgado abrió una consola auxiliar incrustada en la pared. El sistema pidió doble identificación y aceptó solo una parcial al reconocer la biofirma de Iria. Apareció un registro audiovisual fechado horas antes del sellado final.

La imagen era sucia, inestable, pero suficiente.

Se veía la misma sala de observación con personal entrando y saliendo deprisa, luces de emergencia ya activadas y una tensión compacta en cada gesto. En el centro estaban Mikel e Iria, más jóvenes, más enteros y completamente agotados.

Alexia dio un paso involuntario hacia la pantalla.

Mikel aparecía de perfil, señalando el núcleo inferior con la mano abierta mientras hablaba demasiado rápido para que el audio corrupto recuperara todas las palabras. Pero algunas sí llegaron.

—…si esperamos otra ventana, empieza la migración de terceros perfiles…

La Iria del registro respondió con dureza:

—Y si bajas tú solo, le das exactamente lo que necesita, una columna de continuidad con acceso operativo completo.

La imagen tembló. Mikel se acercó a ella y dijo algo que tardó un segundo en reconstruirse.

—Entonces baja conmigo.

Hubo un silencio raro en la sala real.

En la grabación, Iria negó con la cabeza.

—No si no aceptas el reinicio.

Mikel cerró los ojos un instante, como si esa posibilidad fuese peor que la propia caída.

—Si te reinicias, pierdo la mitad del cierre.

—Si no lo hago, le entregamos la otra mitad.

Les incomodaba presenciar aquella discusión íntima, pero ninguno apartó la vista. Alexia miraba a su hermano; cada gesto suyo le llegaba con veinte años de retraso y dolía como si acabara de hacerlo.

Luego, en la grabación, apareció una tercera figura entrando en el plano. Salgado, más erguido entonces, todavía convencido de que seguir nombrando protocolos daba cierta dignidad a lo que estaban haciendo.

—El tiempo se ha terminado —dijo la versión antigua del médico.

La imagen se degradó justo cuando Mikel giraba la cabeza hacia él. Pero el audio dejó oír una última frase clara, dicha por Iria:

—Entonces hazlo. Y que después nadie lo llame solución.

El registro se cortó.

Iria siguió mirando el lugar donde había estado su rostro. La mujer de la grabación había hablado sin tropezar con las palabras, segura al menos de lo que quería impedir. Iria podía reconocer el razonamiento. Le costaba más reconocer a alguien capaz de pronunciarlo de aquel modo delante de Mikel.

En el cristal del monitor aparecían ahora las figuras de quienes observaban.

Salgado estaba algo encorvado, detrás. Alexia se había acercado tanto que su reflejo casi tocaba el borde de la pantalla.

Iria se apartó un poco para dejarle sitio, aunque el registro ya hubiera terminado. No supo qué otra cosa hacer.

Nadie habló durante varios segundos.

Alexia fue la primera en apartar la vista.

—Nunca volvió —dijo sin reproche.

Salgado bajó la cabeza.

—No.

—Pero sabías lo que estaba pasando.

—Sí.

—Y no dijiste nada.

El médico tardó demasiado en responder para que la respuesta pudiera servirle de defensa.

—Ninguna versión que hubiera contado habría sido soportable fuera de aquí.

Alexia le sostuvo la mirada, con el arma aún baja. La contención hacía más duras sus palabras.

—No lo hiciste para protegernos. Lo hiciste para proteger la forma en que habíais fallado.

Salgado no lo negó.

El silencio posterior se llenó con el rumor del núcleo profundo funcionando muchos metros más abajo.

Iria seguía viendo el registro repetirse detrás de los ojos: Mikel pidiéndole que bajara con él, ella imponiendo el reinicio, ambos sabiendo que ninguna decisión llegaba ya a tiempo para evitar el daño.

Gael consultó el detector.

—Tenemos movimiento de energía en las compuertas inferiores. Sea lo que sea, también se está preparando.

Iria apartó la vista del vidrio.

—Tendremos que seguir recordando mientras bajamos.

Alexia asintió una sola vez.

—Bajamos.

Antes de salir, la consola mural mostró una última actualización automática:

PRECIERRE HISTÓRICO COMPLETO. DESCENSO AUTORIZADO.

Como si el sistema, después de devolverles solo la parte justa del pasado, estuviera ya listo para cobrarla.