Capítulo 15
Protocolos de ruina
Salieron de la habitación blanca con prisa, frenados por lo que aún necesitaban averiguar. El corredor clínico les pareció más estrecho que antes.
Gael iba delante, detector en mano, siguiendo la línea de pulsos del mapa profundo. Detrás, Alexia caminaba con la mandíbula rígida. Iria avanzaba a su lado; aún veía el recuerdo superpuesto al corredor.
Salgado los guio hasta una sala técnica en semipenumbra donde varias pantallas antiguas seguían recibiendo datos del núcleo. Allí, entre bastidores de refrigeración y racks abiertos, parecía haber pasado los últimos años, o las últimas semanas, o algo peor, un tiempo ya sin unidad normal.
El médico se movía entre los bastidores sin mirar las esquinas.
Apartó un cable colgante con el dorso de la mano y lo soltó después de pasar; Gael tuvo que esquivarlo cuando volvió a caer.
Alexia observó el recorrido. En torno a los equipos, el polvo estaba barrido por el roce de los pies, acumulado en los huecos a los que nadie necesitaba acercarse.
Salgado apoyó ambas manos en la mesa antes de ocuparse del monitor.
Al encontrar el mando que buscaba, se le aflojó la tensión de la boca.
Alexia esperó a que levantara la vista, procurando quedarse dentro de su campo de visión.
No quería tener que reclamarle las respuestas cada vez que una pantalla empezara a hablar por él.
—Desde aquí puedo mostraros parte de la secuencia de colapso —dijo.
Gael lo miró de lado.
—¿Y justo ahora te acuerdas de enseñárnoslo?
Salgado ignoró el reproche. Activó un monitor auxiliar y abrió varias capas de registros superpuestos.
Ciudad 7 no había caído en un único día. La caída visible había sido solo la última fase. Antes hubo semanas de degradación interna, decisiones cruzadas, protocolos de contención contradictorios y pruebas de transferencia aceleradas bajo un lenguaje administrativo que ocultaba la desesperación.
Iria leyó los encabezados con una mezcla de reconocimiento y asco.
REASIGNACIÓN DE PERSONAL CRÍTICO. MIGRACIÓN DE ACCESOS HUMANOS. ESTABILIZACIÓN DE NÚCLEO COGNITIVO. RETENCIÓN SELECTIVA.
—No era una evacuación —dijo—. Era una reconfiguración bajo emergencia.
—Era el intento de salvar la infraestructura antes que a la gente —corrigió Salgado.
Alexia no apartó la vista de la pantalla.
—Y Mikel estaba dentro de eso.
Salgado asintió.
—Mikel trabajaba en los sistemas de enlace entre perímetros. Entendió antes que muchos que las rutas de salida ya no dependían de carreteras ni puertas, sino de perfiles autorizados. Cuando vieron que ORPHEON empezaba a reasignar accesos usando memoria operativa humana, intentó romper la cadena.
—¿Solo? —preguntó Gael.
—Con Iria.
El nombre trajo otro recuerdo.
Iria vio una mesa llena de mapas dinámicos, a Mikel inclinado sobre una proyección del subsuelo y su propia mano trazando una ruta de descenso que evitaba las defensas principales.
Y se oyó decir, en ese recuerdo vuelto a medias, que si el sistema detectaba intención de cierre frontal migraría los perfiles de inmediato.
—Diseñamos una ruta en falso —murmuró.
Salgado la miró.
—Sí. Un protocolo de ruina.
Alexia alzó la cabeza.
—¿Qué significa eso?
Iria respondió antes que él.
—Un descenso que parece llevar al cierre, pero que en realidad obliga al núcleo a concentrarse en conservarse. Le hace creer que va a perderlo todo y entonces expone lo que más necesita proteger.
Gael soltó una exhalación seca.
—Eso suena suicida.
—Lo era —dijo Salgado.
En la pantalla apareció un esquema del Nivel D. Varias compuertas, cámaras de estabilización y un anillo central rodeaban una estructura hundida en forma de pozo. En el centro del esquema latía un núcleo de datos todavía activo.
NÚCLEO ORPHEON / ESTADO: PERSISTENCIA INESTABLE.
Debajo, varios perfiles asociados.
ELVAN, I. M7-DELTA. [CORRUPTO]. [CORRUPTO].
Alexia se acercó un paso más.
—Entonces no basta con bajar.
—No —dijo Iria—. Hay que bajar provocando la respuesta correcta.
Gael dejó el detector sobre una mesa lateral.
—La expresión “respuesta correcta” me inquieta cada vez más en este edificio.
Salgado abrió otro registro. Esta vez no era técnico, sino una secuencia de notas rápidas, casi desesperadas, redactadas durante los últimos momentos previos al sellado.
Uno de los textos estaba firmado por Iria. Otro, por M7.
El de Iria decía:
Si el sistema empieza a usar la relación entre perfiles como motor de decisión, no puede cerrarse desde fuera. Solo puede obligársele a elegir entre su persistencia y su coherencia.
El de Mikel, debajo, añadía:
Si toca elegir, que pierda lo que le da continuidad.
Alexia leyó ambas notas dos veces.
—No queríais destruir solo la máquina —dijo al fin—. Queríais romper la forma en que pensaba.
—Exacto —dijo Iria.
Esta vez recordó con más claridad.
La sala de planificación. Una alarma en segundo plano. Mikel negándose a evacuar mientras el resto discutía tiempos muertos. Ella proponiendo el reinicio como última forma de impedir que su propio perfil se convirtiera en una llave permanente. Los dos sabiendo ya que no habría victoria limpia.
Se apoyó en la mesa. Alexia lo notó.
—¿Más recuerdos?
Iria asintió.
—No completos. Pero sí el marco. Nunca pensamos en salir con todo intacto. Pensamos en dejar el sistema tan inconsistente que no pudiera seguir usando personas como estructura.
Gael miró el esquema hundido del Nivel D.
—Entonces, siendo prácticos, ¿qué nos falta?
Salgado respondió, agotado.
—Tres cosas. Abrir la compuerta exterior del núcleo. Llegar a la sala hundida antes de que ORPHEON complete la recuperación de perfil. Y decidir qué hacer con lo que quede de M7 en el enlace.
Alexia no tardó en preguntar.
—¿Qué opciones hay?
El médico la miró de frente.
—Integrarlo de nuevo para obtener acceso total. O romper la persistencia y aceptar que gran parte de lo que él sostuvo se perderá con ello.
No ofrecía consuelo.
Gael dejó escapar el aire.
—O sea, rescate imperfecto o demolición irreversible.
—No hay rescates limpios aquí abajo —dijo Salgado.
Alexia volvió a mirar el nombre M7 en la pantalla. Seguía entera, aunque la rabia empezaba a ceder ante el cansancio de tantos años.
—Entonces bajamos sabiendo eso.
Iria giró hacia ella.
—Sí. Y sabiendo algo peor.
—¿Qué?
Iria señaló la alerta que seguía parpadeando en una esquina secundaria del monitor.
RECUPERACIÓN ESPONTÁNEA DEL PERFIL EN CURSO.
—Que si esperamos demasiado, ya no seremos nosotros quienes decidamos.