El eco de las ciudades Capítulo 13
52%

Capítulo 13

La habitación blanca

Ninguno disparó.

El hombre dio otro paso dentro del haz de la linterna.

Era mayor de lo que Iria habría esperado ver en un superviviente subterráneo.

Demasiado delgado, demasiado pálido, con la piel pegada a los huesos y un temblor fino en las manos.

La bata clínica le colgaba del cuerpo como un resto de otra vida.

En el cuello llevaba una cinta con una tarjeta endurecida por el tiempo.

Alexia fue la primera en acercar la luz lo suficiente para leer el nombre.

DR. SALGADO.

Algo golpeó la memoria de Iria con una claridad tan súbita que le dobló el estómago.

La lámpara clínica. La cuenta atrás. Esa voz diciendo que no quedaba margen operativo.

Salgado.

El hombre la reconoció a ella primero. Dejó de mirar la luz y fijó los ojos en su cara, culpable, incrédulo, agotado.

—No tendrías que haber vuelto —dijo.

La voz sonó rota, pero no desorientada.

Iria sintió un odio tan instantáneo que no necesitó comprenderlo para saber que era antiguo.

—Yo no recuerdo haber estado aquí.

Salgado cerró los ojos un segundo.

—Eso significa que el reinicio funcionó demasiado bien.

Alexia dio un paso al frente, arma baja pero lista.

—¿Conocías a Mikel?

El nombre hizo que el hombre alzara la vista hacia ella con un sobresalto involuntario.

—Sí.

—¿Está vivo?

La respuesta tardó demasiado.

—No de una forma simple.

Alexia tensó los hombros. Gael soltó aire por la nariz, incómodo, como si quisiera intervenir y supiera que sería un error.

El haz de la linterna se había quedado a la altura del cuello del médico. La tarjeta oscilaba sobre la bata y devolvía destellos cada vez que él respiraba. Alexia bajó un poco la luz para dejar de ver ese movimiento.

Salgado buscó apoyo en la pared. Tenía los dedos tan juntos que parecían incapaces de sostener su peso.

Iria se sorprendió calculando la distancia que la separaba de él por si caía.

Le disgustó aquel impulso, pero no desapareció.

El hombre que podía responder a sus preguntas estaba allí delante, agotado, y una parte de ella seguía pendiente de que no se desplomara antes de contestarlas.

Iria no apartó los ojos del médico.

—Quiero saber qué me hicisteis.

Salgado le sostuvo la mirada. Parecía envejecido por todas las decisiones que ya no podía justificar con términos técnicos.

—La habitación blanca —dijo—. Ahí empezó el último protocolo.

Señaló la puerta blanca y curva del fondo. Iria llevaba minutos intentando recordar qué había detrás.

Gael se giró hacia ella.

—No me fío de un sitio con ese nombre.

—No es un nombre —dijo Iria—. Es una función.

Y al pronunciarlo recordó otra pieza: superficies diseñadas para eliminar distracción visual, aislamiento sensorial parcial, calibración emocional antes de transferencia.

La transferencia.

Su respiración se alteró por primera vez desde que habían encontrado al médico.

Salgado lo vio.

—No te sentarás en esa silla otra vez —dijo, con algo más cercano a la súplica que a la autoridad.

Alexia desvió apenas el arma hacia él.

—Entonces empieza a hablar ahora.

El hombre apoyó una mano temblorosa en el marco del corredor.

—ORPHEON no era solo almacenamiento. Ni siquiera era solo manipulación de recuerdos. Era continuidad operativa a través de identidades parciales. Un sistema para conservar decisiones, patrones, autorizaciones… incluso cuando las personas que los originaban ya no podían mantenerse intactas.

Gael lo miró con incredulidad abierta.

—Eso no es conservar personas. Es usar sus ruinas.

Salgado no discutió.

—Sí.

Su admisión resultó más dolorosa que una excusa.

Iria dio un paso hacia la puerta blanca.

—¿Y yo?

Salgado bajó la vista.

—Tú te opusiste al escalado. Dijiste que convertir memoria en arquitectura iba a destruir la frontera entre el sistema y quienes lo sostenían. Tenías razón.

—Pero siguió adelante.

—Sí.

—Y luego me sometisteis a ello.

El médico respiró con dificultad.

—No exactamente.

Alexia soltó una risa breve, sin humor.

—Te conviene encontrar palabras mejores.

Salgado no le respondió. Quizá no podía sostenerle la mirada.

—Cuando Ciudad 7 entró en colapso, el núcleo profundo perdió supervisión externa.

Mikel intentó cerrar el enlace. Tú intentaste fragmentarlo desde dentro.

Había múltiples rutas activas, perfiles humanos atrapados en cadena y un sistema aprendiendo a seleccionar qué versión de cada memoria era más útil para sobrevivir.

Iria notó cómo las piezas, aún incompletas, empezaban a alinearse.

—Yo pedí el reinicio —dijo.

No era pregunta.

Salgado asintió.

—Lo pediste tú. Contra nuestra recomendación.

—Porque sabía que, si seguía recordando, el sistema seguiría usando mis accesos.

El médico no contestó. No hacía falta.

Alexia miró alternativamente a uno y otra, cada vez más lejos de la posibilidad de una verdad simple.

—¿Y Mikel?

Salgado tragó saliva.

—Se quedó abajo.

Las palabras se perdieron en el silencio del corredor.

Alexia no se movió durante dos segundos enteros.

Después habló con una voz tan quieta que Gael levantó la vista de golpe.

—¿Muerto?

Salgado negó muy despacio.

—No en el sentido ordinario.

Gael murmuró algo ininteligible.

Iria seguía mirando la puerta blanca.

Su cuerpo ya recordaba la sala, aunque ella aún no pudiera. Tenía que entrar.

Fue hasta el panel lateral y apoyó la mano.

El sistema la reconoció de inmediato.

ACCESO CONCEDIDO. SUJETO PRIMARIO.

La puerta se abrió con un siseo limpio.

La habitación blanca seguía intacta.

No había polvo, escombros ni señales de ruina. La estancia conservaba las paredes lisas, sin una sola marca, la silla reclinable en el centro y el aro de transferencia suspendido sobre el respaldo. En un lateral, una mampara translúcida ocultaba una consola clínica aún encendida.

Iria se quedó inmóvil en el umbral.

Lo recordó entonces con una violencia muda.

La cuenta atrás. La luz. Su propia firma autorizando el procedimiento. Y una última frase pronunciada por ella misma antes de que activaran el enlace:

Si no lo olvido, no podremos cerrarlo.

Tuvo que apoyarse en el marco para no caer.

La habitación blanca acababa de devolverle el primer recuerdo completo.