Epílogo
Me despierto sin poder ubicarme. Miro hacia los lados y puedo verme tumbada en la cama de una habitación de hospital, llena de cables que controlan mis constantes y un gotero.
Observo mi muñeca, está vendada, y tengo varios moratones por los brazos.
Hay una cama vacía a un lado, y al otro se sitúa Aroa, dormida y manteniendo el equilibro sentada en un incómodo sofá.
—¿Qué ha pasado? —pregunto con debilidad.
Aroa abre los ojos suavemente y al verme despierta me sonríe, se acerca hacia mí y me besa en la frente aliviada.
—Cariño, ¿estás bien? —Aroa me agarra la mano con dulzura.
—¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Gael? ¿Y Tristán? —Sigo algo aturdida y no logro recordar más que retazos de la noche anterior.
—Tranquila, estás en el hospital. Anoche tuviste una misión con el equipo, acabaste herida y te trajeron hasta aquí.
—¿Y Gael?
—Está bien, con tus padres. Han estado aquí turnándose por la noche, pero mientras estoy aquí ellos cuidan de Gael. Ya les he dicho que los avisaría en cuanto despertases y vendrían a visitarte.
Parecía comenzar a recordar todo. Cómo casi ese hijo de puta acabó conmigo.
—¿Quién me salvó?
—Parece ser que fue Tristán, te desmayaste y él te llevó junto a los compañeros para que te trajeran al hospital.
—¿Y dónde está Tristán?
En ese momento nos interrumpe una enfermera que se acerca a la habitación.
—Vaya, pero si ya estás despierta —comenta la sanitaria—. ¿Cómo te encuentras?
La enfermera me toca en la frente y me coloca un termómetro bajo el brazo. Poco después comprueba que no tengo fiebre.
—Supongo que bien, algo cansada —contesto aún con debilidad—. Pero me duele bastante la cabeza.
—Es normal. —La enfermera ajusta el gotero—. Esto te aliviará…
—¿Cuándo me van a dar el alta?
—Poco a poco, filliña , a la tarde se pasará el médico para valorarte y él decidirá.
—Gracias.
—Ahora a descansar. —La enfermera se marcha y cierra la puerta de la habitación.
Aroa se levanta de la silla, toma su bolso de encima de una mesa y saca su teléfono.
—Voy a avisar de que has despertado, y también a tus padres. ¿Los llamamos para que Gael se quede tranquilo?
—Sí, por favor.
Hablo con mis padres y mi hijo durante casi una hora.
Mi madre está muy emocionada, se había asustado mucho.
Gael no se enteró de nada de lo ocurrido, así que decidimos que le diremos que me he caído y que Aroa me va a llevar a casa junto a mis padres si me dan el alta ese día.
De ese modo, Gael no tendrá que verme en un hospital.
Cuando cuelgo la llamada me siento aliviada.
Justo en ese instante pican a la puerta.
Limán aparece tras el umbral y se adentra junto a un ramo de flores.
—¿Cómo está nuestra heroína?
—Aquí, recuperándome —comento con desgana.
—¿Me deja un minuto a solas con Laia? —le pregunta Limán a Aroa.
—Claro —responde Aroa mientras desaparece por la puerta.
—Gracias.
—¿Dónde está Tristán? ¿Qué ha pasado con Balboa?
—A Balboa lo hemos cogido gracias a su intervención y la de Tristán. Han hecho un trabajo increíble. Sin su investigación, Laia, nada de esto hubiera sido posible.
—Gracias, ha sido el trabajo de todos los compañeros.
—No sea modesta. Resulta que tenía usted razón, ha dado en el clavo con el perfil que buscábamos.
Iago Balboa era un psicópata. Hemos encontrado la embarcación y tiene el motor estropeado, pues perdía combustible tal y como nos había parecido.
Estaba en el garaje de Iago. Además, también hemos hallado material quirúrgico y todo lo necesario para realizar el posterior embalsamamiento.
—Menos mal. Pero lamento no haberme enterado antes de que era él, lo tenía delante de mí y no he podido darme cuenta.
He sido una estúpida y no he sabido verlo.
El día que nos reunimos en el paraninfo estábamos bajo el techo de Minerva, tan adorada por los masones, y no supe hilarlo. Podría haberlo evitado.
—De eso nada, era un experto engañando, y los ojos de un amigo siempre son los que miran a través de una lente más empañada.
No hemos podido evitar esas muertes, pero evitaremos otras ahora que los dos están en la cárcel.
Al final, la vida lo ha situado en el mismo destino que su madre biológica.
Además, en el interrogatorio hemos averiguado que Iago estaba enamorado de la madre de Nando, la protegía de la violencia de su hermanastro y también a su sobrino, pero no pudo evitar su muerte y se volcó en ayudar y educar al sobrino.
No iba mal encaminada al señalarnos a Nando como el lobo, aunque en realidad se trataba de un mero peón en toda esta artimaña.
Era el sobrino quien se encargaba de atraer a las jóvenes con la máscara del lobo, pero su papel en el asesinato acababa ahí, pues era Iago Balboa quien las obligaba a beber el brebaje de los barbitúricos, quien las ahogaba con la almohada y finalmente procedía a la exanguinación.
Su sobrino después las trasladaba en su embarcación y finalmente las colocaba en las islas.
Nando accedía a todas sus peticiones, pues sentía una profunda admiración por su tío.
En el interrogatorio nos ha confesado que sin la presencia de su tío él no habría tenido ni educación ni valores, también nos ha comentado que Iago Balboa en alguna ocasión ha sido el refugio de las palizas que recibía la madre de Nando.
Al final, Nando es un niño herido y traumado que cree que su salvador es su tío, y todo lo que este hace o representa no lo cuestiona.
—Qué final más amargo, es un trago muy difícil de digerir.
No puedo ver ahora a Iago con los mismos ojos con que lo hacía antes, es un ser despiadado.
Por el camino de esta investigación he sentido mucha rabia e injusticia, jamás creí que, al destapar otra máscara, me encontrase ante una cara familiar.
Me cuesta creer que el que era mi amigo fuese así en realidad.
En psicología estudiamos el «efecto Sonder», que se trata de la sensación de reconocer que cada persona tiene una vida compleja y valiosa como la nuestra.
Pero a mí me resulta difícil comprender y empatizar con la ideología de Iago, así como entender que algún día Iago Balboa fue un bebé vulnerable al que quisieron, que acunaron y amamantaron en el cariño de una familia. Ahora solo veo a un monstruo.
—La mente de los asesinos siempre entraña situaciones complejas. ¿Recuerda esa sala púrpura llena de pantallas donde se encontró con Balboa?
—Sí. —Al rememorarlo me invade un escalofrío.
—Pues la empleaba para visionar todo lo que ocurría en las fiestas.
Replicaba esa sala en cada una de las localizaciones elegidas.
Así después el material lo custodiaba para poder emplearlo como moneda de cambio.
Los dueños de las mansiones y las villas les cedían sus fincas para esos eventos a cambio de no revelar sus más oscuros secretos y escondían todo a través de esa fundación fantasma.
Su poder venía dado por el chantaje ejercido con todos los visitantes que acudían.
Eso explicaría por qué Nerea accedió a esa extorsión, supongo que le habrían enseñado algunas imágenes comprometidas de su padre.
Está mal que yo lo diga, pero todo el mundo sabe de qué pie cojea.
Supongo que grabaría también en algún momento a Manuela y a Mariña durante alguno de los encuentros y así también consiguió que accedieran.
—¡Qué retorcido! Ya lo imaginé cuando vi toda esa cantidad de pantallas en la pared.
Jamás había visto algo igual en mi vida.
Iago ha sido muy hábil, pues durante siglos la información se ha convertido en el poder y él ha sabido jugar con eso.
Él necesitaba tener todo el control para ejecutar su maquiavélico plan.
Está claro que gracias a ese poder manejaban información de primera mano, e iban siempre un paso por delante de nosotros.
—Eso es. Empezaron hace un par de años con unas fiestas un poco subidas de tono entre amigos pudientes, pero se les acabó yendo de las manos.
Supongo que vería cómo gente importante iba participando y alguno se propasaba, y ahí aprovechó esa circunstancia para poder amenazarlos.
No daba puntada sin hilo. Por cierto, al final hemos descubierto que una de las carreras que había estudiado Iago Balboa era Odontología; en su época era una especialidad de Estomatología, y que a su vez pertenecía a una especialidad de Medicina.
—No me había comentado nada. Así que de ahí le venían los conocimientos sanitarios… Eso explica su destreza en aprendizajes de anatomía a la hora de ejecutar el vaciado en los cuerpos de las víctimas.
—Exacto, su intuición no le ha fallado. Nunca le falla.
—Hablando de eso… ¿Dónde está Tristán?
—Tristán… —Limán cambia por completo su rostro, se vuelve lívido.
—¿Qué ha sucedido? ¿Está bien?
—Laia…
—¿Dígame? ¿Qué sucede?
—Lo siento, Laia…
—¿Por qué lo siente? No entiendo nada. Por favor, me estoy empezando a preocupar…
Las máquinas que siguen mis constantes comienzan a pitar: mi pulso se ve acelerado. La cara de Limán no ayuda a que me relaje.
—Verá… No queremos preocuparla, deseamos que esté bien.
—¿Qué le ha pasado a Tristán? ¡Por favor, dígamelo ya! —imploro desde el grito y una lágrima resbala sin destino por mi mejilla.
—Cuando los hombres de Iago Balboa la capturaron a usted, Tristán y el equipo escuchamos la conversación por los micrófonos, pero habíamos perdido la señal de vídeo.
Tristán rápidamente acudió en su ayuda, logró ponerla a salvo y que un compañero la llevase hasta el hospital.
Si no llega a ser por su rápida intervención, no sabemos cómo hubiese terminado todo esto…
Sin embargo, Tristán se vio envuelto en un forcejeo con Nando en el que salió malparado. No hemos podido hacer nada por él.
—No puede ser… —Comienzo a tener dificultad para respirar, escucho mis constantes vitales a través de los pitidos de las máquinas. Mi visión muta y comienzo a ver en efecto túnel.