El eco de la niebla Capítulo 16 #3
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Capítulo 16 #3

—Todo este tiempo, desde que he llegado a la oficina, he sido incapaz de no sentirme atraído por ti, pues te admiro.

Pero creía que serías inalcanzable, que jamás te fijarías en mí.

Después de conocerte lo tengo todo claro y sé que me gusta todo de ti.

Me agradan más tus defectos que tus virtudes.

Podría vivir entre tus pequeños gestos toda la vida.

Adoro observar tu cara plácida cuando te quedas dormida y me apasiona el modo en el que te desperezas cada mañana y recolocas tu pelo.

Me fascina que, cuando te concentras haciendo algo, sacas la lengua a modo de equilibrio.

También me encanta que, cuando comienzas un libro, lo hueles como queriendo atrapar su aroma para siempre.

Idolatro la forma en la que miras a Gael.

Venero tu humor ácido y punzante. Es imposible no quererte en cada sonrisa que dibujas.

Eres todo lo que siempre soñé y eres todo lo que anhelo. Te quiero, Laia.

Mientras escucho las palabras de Tristán, siento cada parte de mi piel erizarse y mis lágrimas brotan de felicidad.

No puedo más que besarlo hasta que el sol se pone en el horizonte.

Después de ese momento tan nuestro, cenamos en el chiringuito de su amigo y acabamos degustando unos platos variados y bailando en un concierto acústico que el bar ameniza.

Hay una canción que sentimos en ese momento como nuestra, la banda toca una versión de «I Belong to You», de Lenny Kravitz, y la bailamos lento, sin fijarnos en que ya no queda nadie, pues realmente la canción la han tocado para nosotros dos.

Esa noche Tristán y yo, después de haber tenido el mejor sexo inimaginable, nos dormimos desnudos, y yo me acurruco sobre él y despierto a la mañana siguiente con el sonido de los pájaros.

Me siento feliz de haber disfrutado de un fin de semana de desconexión.

Desayuno temprano y me despido de Tristán.

Regreso a mi casa y me pongo a elaborar la lasaña más rica que pudiera hacerle a Gael.

Puntual, Roi me timbra a la una del mediodía y, cuando abro esa puerta, también abro el abrazo más grande que mis brazos pudieran abarcar.

Gael se tira a ellos al grito de «Mami».

Huelo a mi hijo en un gesto primario, queriendo empaparme de él al completo.

A lo lejos, Roi me saluda con la mano y desaparece detrás de la cancilla, y yo agradezco que no quiera interactuar conmigo.

Como con Gael y pasamos un domingo en la piscina en el que las risas y los juegos están asegurados.

Por la mañana temprano nos espera Iago Balboa para ofrecernos información sobre el caso. Tiene un viaje a un congreso y debe estar a mediodía en el aeropuerto de Santiago de Compostela, así que decidimos citarlo en comisaría a primera hora.

—Buenos días, Iago. ¿Cómo estás? Ya sabemos que no tienes tiempo, así que gracias por venir. —Le doy un beso en la mejilla y me acomodo en el asiento.

—Ya sabéis que es un placer venir hasta aquí, Laia. Os traigo un informe más detallado para que después le echéis un vistazo. Como tengo un poco de prisa, ¿os parece si os voy comentando por encima?

—Perfecto, adelante. —Tristán se prepara para tomar apuntes en su tableta.

—Bien. En Ons existieron muchos asentamientos, desde castrexos hasta vikingos, romanos, suevos…

En el documento os detallo todo de forma cronológica.

En la época del corsario inglés Francis Drake, conocido por estar en Galicia y asaltar las Cíes, sus hombres acabaron saqueando las Ons.

Desde entonces, hubo numerosos habitantes itinerantes hasta que, a principios del siglo XX , Manuel Riobó adquirió la isla.

Lo más reseñable de las Ons es su gran historia ligada hacia el más allá, y en este caso se la vincula mucho con la Santa Compaña, del mismo modo que pasaba con las islas anteriores.

Parece ser que la procesión de la Santa Compaña se paseaba por las noches por la isla, salía desde Noalla y entraba en Ons a través de la Punta Centolo, al norte; después, tras dar el aviso se acercaba hasta el cementerio y de­sa­pa­re­cía.

De este suceso nace el hecho de que los habitantes de la isla piensan que un toro de cuernos dorados los protege de la Santa Compaña y de las almas en pena. No sé si conocían este dato.

—La verdad es que no —respondo.

—Pero a mayores existe un lugar muy reseñable dentro de la isla de Ons.

Se trata de O Burato do Inferno, una ubicación llena de mitos y leyendas.

La que más resuena es la de la entrada al infierno.

Es una sima de más de cinco metros de diámetro en la que, debido a la escarpada orografía de la isla, existe un lugar donde pareciera que la tierra se abriese cerca de un acantilado.

Allí se forma un pozo que conecta con el mar.

Se cuenta que en días de temporal el mar azota creando sonidos y rugidos que parecen venir del mismísimo infierno, y dicen que, si se acerca uno lo suficiente, puede oír los gemidos del diablo y de otras almas que se llevó Lucifer.

En la actualidad, ese lugar está protegido para evitar accidentes innecesarios, pero una gran cruz blanca recuerda cómo uno de los guardas cayó en este agujero.

—¿Hacia dónde mira ese agujero? —pregunto—. ¿Se ve Onza desde allí?

—Pues está hacia el oeste. Sí, pudiera verse.

—Comprendo. ¿Qué más leyendas hay en esa isla que pudieran interesarnos?

—Pues en la época castrexa , previa a la Edad del Bronce, se encontró un asentamiento en la colina del barrio de Canexol, uno de los lugares habitados de la isla, que es denominado O Castelo dos Mouros.

Como bien sabéis, en Galicia, a cualquier tipo de leyenda antigua se le llama historias de mouros , y en esa zona se cree que existen muchos cuentos relacionados con el más allá.

—Pues sí que hay leyendas detrás de la isla —se sorprende Tristán.