Capítulo 15 #4
—Ella lo hacía realmente porque le gustaba y no sacaba ningún provecho de ello.
Me comentaba que la invitaban a participar en los encuentros, pero a ella no le convencía.
Un día vino llorando, muy intranquila. Me contó que le había leído las cartas a una chica y que creía que estaba en peligro.
Volvió a acudir a la fiesta cuando le llegó de nuevo la invitación, para ver si se encontraba de nuevo con ella, y la localizó e intentó advertirla, pero sin éxito.
Días después nos enteramos por la prensa de que esa chica era Mariña Mallo, y, cuando Nerea supo que había sido asesinada, no pudo perdonárselo.
—¿Y volvió a acudir a las fiestas?
—No. Pero la semana pasada tenía un retiro en Oporto de varios días.
En principio, solamente yo y mi padre sabíamos dónde iba a estar.
El día anterior a que desapareciera me dijo por mensaje que esa mañana tomaría algo con un amigo con el que se había encontrado en la ciudad portuguesa, pero esa noche me llamó nerviosa.
Me contó que acababa de recibir en el hotel donde se hospedaba la misma invitación de las fiestas de Galicia, pero en esta ocasión la invitaban a una casa en Foz do Douro, para hacer una lectura privada de cartas.
—Dice que estaba nerviosa.
—Sí, le asustó que supieran dónde estaba alojada y que la hubieran localizado. También me dijo que percibía algo extraño.
—¿Y cuál cree que era el motivo para que su hermana aceptase ir?
—Sinceramente, no lo sé. —Niega con la cabeza—. Mi hermana confiaba en la gente, nunca creyó en la maldad de las personas. Supongo que pensaría que sería algo rápido. Además, le comentaron que acudirían amigos de ella y que se sentiría como en casa.
—¿Por qué no la advirtió o evitó que fuera? —pregunto.
—Esa tarde yo tenía una boda en Ibiza, por eso no podía ayudar a mi padre con el evento de la feria gastronómica.
Y, cuando ella me llamó, yo estaba en medio de la celebración con la música del DJ de fondo.
La cobertura iba y venía, y no era capaz de escucharla bien.
Le dije que no fuera, pero ella insistía en que debía acudir, que si le leía las cartas a otra chica estaría a tiempo de advertirla.
El problema de Nerea es que tenía complejo de salvadora, le encantaba ayudar a todo el mundo.
—¿Supo algo más de ella?
—No, ni siquiera pude despedirme de ella… —Morgana se rompe—. Después de esa llamada fui incapaz de volver a comunicarme con mi hermana, nunca me lo perdonaré.
—Comprendo. —Le ofrezco un pañuelo y le doy unos minutos para que se recomponga.
—Nerea era tan buena, ojalá fuera yo la que apareciera muerta en Onza y no ella. —Da un golpe seco contra la mesa—. ¡Tienen que encontrar a ese malnacido!
—Lo haremos, se lo prometo —le espeta Tristán.
—Tengo una última pregunta. Dice que su hermana tomó un café con un viejo amigo en Oporto, ¿sabe con quién fue y dónde exactamente? —pregunto.
—La verdad es que no, estaba maquillándome para el evento cuando recibí sus mensajes, y no concretaba.
Lo que sí sé es dónde quedaron, pues me envió una foto de lo que desayunaron, y creo que al lado estaba la carta.
Denme un segundo. —Morgana revuelve en su bolso, extrae su teléfono y rebusca en su galería—. Miren, es esta la foto.
—¿Puede mandárnosla? —Tristán observa la imagen.
—Sí, claro.
—Perfecto, ahora viene un compañero y le indica cómo enviarla.
—Le agradecemos la información que nos ha aportado.
Sabemos que está atravesando un momento muy duro, pero no se culpe, no podría haberlo evitado.
Usted misma ha dicho que la manera altruista de ser de su hermana era inherente a ella.
Si necesitamos algo más, la contactaremos —me despido—. Muchas gracias.
—Vale… Yo solo quiero que aparezca la persona que le hizo eso a mi hermana. —En sus mejillas se forman ríos de lágrimas y se entrecorta su respiración—. Era mi luz, y ahora estoy en plena oscuridad. No sé manejarme en este mundo sin ella.
—Haremos todo lo que esté en nuestras manos para encontrar al culpable —Tristán mira fijamente a los ojos de Morgana—, se lo prometemos.
Nos despedimos de la hermana de Nerea. La intensidad y el dolor que se respira en el ambiente me toca y me hunde, así que decido volcar toda mi energía en averiguar todo lo posible para encontrar a ese monstruo.
Tras compartir la imagen, se da el aviso para que la Policía Judicial de Portugal haga un visionado de las cámaras de la cafetería.
Limán manda a un pequeño equipo para que se acerque a Portugal a ver si encuentran cuál es la mansión donde ha sucedido el asesinato, así como el entorno, y entre ellos estará Lois Salcedo.
Mientras, yo redacto el informe con la entrevista hasta que llega mi hora de ir a buscar a Gael.
Entonces me despido de mis compañeros, y sobre todo de Tristán.
Al llegar a casa con Gael, reviso el correo que ha dejado mi madre sobre la mesa de comedor.
Efectivamente, me encuentro con una carta del bufete de abogados de Roi, le hago una fotografía y se la envío a mi abogado; delego en él, ya que yo necesito avanzar en otros asuntos.
Reparo entonces en el paquete que me había comentado mi madre, efectivamente está sin remitente y, cuando lo abro, un pequeño cascabel dorado resbala entre la caja y resuena mientras cae.
Lo tomo en mis manos y compruebo que se trata de un broche de oro, del tamaño de un arándano.
—¡Qué chulo, un cascabel, mami! —comenta Gael observando el broche.
—Sí, cariño, es un cascabel dorado. —Continúo revisando el contenido del paquete y me encuentro con una especie de placa de porcelana blanca con un relieve, que cojo con suavidad mientras la reviso—. Lo que no sé es esto de aquí…
—Tiene dibujos. —Señala con su dedito.
—¿Qué dibujos, Gael? Yo no veo nada… ¿Dónde ves los dibujos, mi vida? —Señalo la placa de porcelana mientras la reviso de arriba abajo.
—Ahí, mami, ¿no los ves?
Entonces reparo en que estoy a favor del sol y Gael a contraluz.
Así que salgo al jardín, elevo la plancha y la sitúo por delante de los rayos del sol.
De pronto, observo una especie de ilustración.
Advierto una escena un tanto extraña del carnaval gallego, en la que aparecen los típicos trajes gallegos de la festividad, como peliqueiros , cigarróns , boteiros …
, pero, en vez de estar vestidos con el traje popular, están desnudos y solo llevan las máscaras.
Además, dentro de la caja se encuentra otro cascabel y un sobre dorado que está cerrado con lacre blanco y con un sello de la máscara de cigarrón .
En su interior hay una nota de tamaño cuartilla.
El papel se aprecia de buena calidad y gramaje, pues percibo que tiene un considerable espesor y su aspecto simula un antiguo papiro con un ribete dorado. En la nota se puede leer:
Festa do Entroido
Invitación para Laia Ramuín y su acompañante
• Fecha: sábado 25 de julio.
• Hora de entrada: entre lusco e fusco (al atardecer).
• Dress code : ambos llevarán el broche del cascabel y una máscara de Confecciones Hermitas, en O Grove.
– Caballeros: traje completo de cigarrón en negro, con medias, ligas y zapatos negros. Careta de cigarrón .
– Damas: vestido negro, cuello halter con espalda al aire hasta la cintura, sandalias de tacón negras. Careta de pantalla.
• Normas: no está permitido revelar su identidad ni quitarse la máscara, salvo en las salas especiales y según indicaciones. Está prohibido el uso de dispositivos electrónicos como teléfonos móviles o cámaras de fotos.
El incumplimiento de las normas llevará a la inmediata expulsión de la fiesta y su posterior cancelación en los próximos eventos.
Debajo del texto, hay un dibujo de la máscara de cigarrón igual que la del sello de lacre, pero esta vez se muestra como un gofrado francés a modo de firma y en la parte inferior del papel aparecen unas coordenadas.
Supongo que se trata del lugar de encuentro de la fiesta y entonces decido comentárselo a Tristán, así que saco mi teléfono del bolso y lo llamo de inmediato.
—Hola, guapa. ¿Todo bien?
—Sí. Creo que acabo de recibir la invitación, tienes que venir a verla.
—¿De la fiesta?
—La misma.
—Genial, me paso después de comer.
—Perfecto. Hasta después.
Tras la comida descansamos en el salón y a los pocos minutos suena el timbre. Gael y yo vamos a la entrada a recibir a Tristán.
—Hola, gracias por venir tan pronto. —Le doy un beso en la mejilla—. Por favor, pasa.
—Hola, Gael. ¿Cómo estás? —pregunta Tristán.
—Cariño, ¿te acuerdas de él? —le pregunto a Gael.
—Sí, es Tristán, el policía de verdad.
—Eso es, campeón, veo que tienes buena memoria, perfecta para trabajar en la comisaría.
Invito a Tristán a nuestro jardín y allí le enseño el contenido de la caja mientras Gael juega con la bicicleta. Tristán revisa el interior.
—Mira qué rara es esta cosa. —Le muestro la placa de porcelana.
—A ver… ¡Oh, pero si es una litofanía! —La agarra y la revisa—. Mi abuelo tenía un montón de estas y las coleccionaba.
—Ah, ¿sí? —comento sorprendida de que esa placa tuviese un nombre.
—Sí, se usaban a modo de fotografía. Para conseguir el efecto se tallaba en la porcelana, según el grosor de la ilustración, y a través del efecto claroscuro se conseguía descubrir la imagen.
—Exacto, he descubierto que se ve mejor con el sol detrás.
—Sí, mira. Si enciendo una luz, se verá mucho mejor. —Tristán alumbra con la linterna de su teléfono.
—Anda, pues sí que es verdad, ¡qué curioso!
—Para curiosa la imagen, menudo carnaval erótico-festivo…
—Totalmente. Y mira lo que dice en la invitación.
—A ver… —Tristán la lee detenidamente y poco después comenta—: Es como nos lo habían contado los testigos.
—Sí, es todo igual.
—Pues ya sabemos, debemos encargar los trajes y preparar un operativo en el que no nos descubran. Porque quieres que te acompañe, ¿no?
—Sí, claro —comento sin dudarlo—. Sin ti, yo no voy.
—¿Comprobaste las coordenadas?
—Aún no.