El eco de la niebla Capítulo 15 #3
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Capítulo 15 #3

Nos pasamos el resto del día revisando los datos y trabajando en el caso.

Al final de la mañana descubrimos que la prensa se ha instalado delante de la vivienda de Gustavo Piñeiro.

Cuando regreso a casa con Gael, pongo los informativos mientras comemos para no perder el hilo y puedo observar cómo se juzga más a la familia Piñeiro que se atiende a la noticia que concierne.

Es la revelación del día y los programas de televisión abren con esa noticia; en internet no se habla de otro tema, y se culpa sin piedad a Gustavo Piñeiro por mantenerse al cargo de negocios turbios.

Parece que la sociedad lo quiere hacer culpable de la muerte de su propia hija.

Al día siguiente, al fin consigo la entrevista con su hija en la comisaría, pero al llegar a la puerta me encuentro con un tumulto de prensa intentando sonsacarme información y grabándome sin mi consentimiento.

Cruzo la puerta lo más rápido posible hasta desaparecer de su vista al final del pasillo.

—Buenos días, Gregorio. Menudo agobio de prensa —resoplo.

—Buenos días. Parecen hienas, están deseando pillar a Piñeiro entrando en la comisaría o a alguien que trabaje para él que lo incrimine.

—A mí estas cosas no me gustan nada. ¿Dónde están los jefes?

—Están reunidos en el despacho. Ya deben de estar a punto de salir.

—Gracias, esperaré trabajando en mi escritorio.

Aprovecho para enfrascarme en el caso y buscar algo de información acerca de Nerea Piñeiro.

Era una mujer muy bella, delgada, con larga melena ondulada y oscura, y me llaman la atención sus grandes ojos azules.

Tenía treinta y seis años, y, por lo que se presumía en sus redes sociales, le quedaba toda una vida por delante.

Comienzo a revisar con atención sus publicaciones.

En las imágenes, Nerea aparece siempre rodeada de gente muy adinerada o famosa.

Su chalet, situado en la isla privada de Toralla, goza de una vista increíble a la ría de Vigo.

En algunas fotos de Nerea, se la puede ver en entornos naturales o atardeceres, meditando o practicando yoga, y hay muchas referencias a temas místicos y esotéricos.

Casi siempre, se le ven las muñecas llenas de pulseras, y sus dedos adornados por ostentosos anillos.

Después busco más información acerca de Nerea Piñeiro y veo que aparece en numerosas páginas del corazón, pues se le había relacionado durante muchos años con un famoso actor del panorama nacional.

Aunque actualmente no se le conocía pareja, se la había visto en varias ocasiones acompañada por el hijo de un empresario del mundo de la moda muy afamado.

Mientras yo sigo revisando el caso, y preparando la entrevista con la hermana de Nerea Piñeiro, observo que Limán y Tristán salen del despacho.

Ambos van directos a la sala de café. Tristán, al verme, me saluda de refilón y, sin que nadie se dé cuenta, me guiña un ojo y el gesto lo acompaña de un «ahora vengo» susurrado.

Quedan unos diez minutos para reunirnos con la hermana de Nerea Piñeiro, de modo que, mientras Tristán regresa, decido revisar mi teléfono.

Tengo una llamada perdida de mi madre y recuerdo entonces que me había dicho que esa mañana se pasaría por mi casa para dejarme pescado que iba a comprar en el mercado y unos cuantos productos de la huerta, así que decido llamarla por si hubiera pasado algo.

Me comunica que, cuando estaba en mi casa, ha llegado la cartera y me ha traído una carta certificada.

Supongo que será el acuerdo de divorcio con Roi.

Pero también me dice que hay algunas cartas que parecen ser facturas y un paquete sin remitente que han dejado junto a la puerta.

Me anuncia que me lo pone en la mesa del comedor para que lo revise al llegar.

Le agradezco el gesto y me despido de ella.

Me fijo en que Tristán viene de camino a mi escritorio.

—¿Qué tal? Ya tenemos los análisis del IMELGA: es todo exactamente igual que los asesinatos anteriores.

—¿Todo igual?

—Sí.

—¿Quiere decir eso que recuperamos la investigación?

—Sí, Limán ha estado haciendo llamadas toda la mañana y el caso vuelve a ser nuestro. De todos modos, el resto de los operativos van a estar al tanto y nos lanzan su ayuda para cualquier cosa que necesitemos.

—Al fin, una buena noticia. —Respiro aliviada—. ¿Y qué hay de la pista musical?

—Pues es una nueva partitura. Le he pasado una foto a Xiao, el musicólogo, y mañana se acercará hasta la oficina para darnos más información.

—Perfecto.

Se aproxima una agente y nos interrumpe:

—Buenas. Ya está lista para la entrevista Morgana Piñeiro, la hermana de Nerea.

—Muy bien, denos un minuto y ya vamos —comenta Tristán.

Recojo mis enseres y ordeno un poco mi escritorio.

Tomo mi carpeta y nos dirigimos a la sala de interrogatorios.

Al entrar, Tristán nos presenta y saludamos a la hermana de la víctima.

Esta tiene el pelo teñido de color bermejo, taheño.

Sus ojos son azules y su piel es tan pálida que casi parece desvanecerse.

Su mirada está distraída, refleja preocupación.

—Morgana, ¿podría hablarnos un poco de cómo era su hermana? —pregunto.

—Mi hermana era una buena persona, se preocupaba por los demás y siempre estaba calmada.

Trabajaba con papá en la empresa. —Toma aire con cierta angustia—.

Ella constituía la templanza y las nuevas ideas que Conservas Piñeiro necesitaba.

Era muy creativa. Además, se llevaba bien con todo el mundo, nadie podía decir nada malo de ella.

Tenía un don de gentes envidiable. A mí siempre me costó mucho poder hablar con la fluidez que ella lo hacía.

—¿Sabe si tenía pareja o alguien con quien compartir su vida?

—No estaba con nadie ahora mismo. —Su mirada continúa siendo triste—. Con su última pareja le salió mal la jugada y no quería saber nada en una temporada; sin embargo, me había comentado que últimamente un viejo amor la rondaba, pero ella no estaba interesada.

—¿Qué sucedió con esa pareja?

—Pues digamos que la engañó. Se enteró gracias a mí.

Esto sucedió hará unos dos años. Por aquella época, yo estaba liada con una compañera nueva que acababa de llegar al trabajo.

Esta nunca quería reconocer que le gustaban las mujeres y no quería dejarse ver conmigo.

Al principio pensaba que era porque compartíamos bufete de abogados, pero acabé enterándome de que tenía una familia, con marido e hijos.

Y ese marido resultó ser la pareja de mi hermana.

—Menuda trama más retorcida —comenta Tristán.

—Ya ve, a veces la realidad supera a la ficción. Por eso mi hermana desde aquella no quiso saber nada de nadie y disfrutaba feliz de su soltería. Además, acudía a menudo a retiros.

—¿Qué tipo de retiros?

—De índole espiritual, le gustaba mucho encontrarse a sí misma.

—¿Y a qué se dedicaba en su tiempo libre?

—Le encanta leer libros, hacer rutas de senderismo, colaborar con la protectora de animales de la zona, y sobre todo disfrutar de la naturaleza.

—Su voz se quiebra por un momento, parece que se da cuenta de que está hablando de ella en presente.

Hace una pausa, inhala con fuerza y continúa—: Le gustaba mucho evadirse del mundo a través del yoga y la meditación.

Y desde hace muchos años le encantaba echar las cartas, lo que era un éxito asegurado en las fiestas.

—¿A qué se refiere? —Tristán anota en su cuaderno.

—Al tarot. Digamos que tenía cierta sensibilidad, era como un don, y sabía leer a la gente. Muchas veces podía adivinar cosas que iban a suceder.

—¿Y no fue capaz de prever su propio futuro? —pregunto escéptica.

—La verdad es que no lo sé —se encoge de hombros—, llevaba varias semanas diciéndome que olía mucho a lirios.

—¿A lirios?

—Sí, eso significaba que iba a haber un entierro, y que alguien estaba a punto de fallecer…

—¿Y no le transmitió preocupación o inseguridad acerca de ella misma?

—No, cuando le pasaban cosas a ella nunca era capaz de percibirlo. Digamos que su don estaba destinado para avisar a los demás.

—Y, hablando de avisos, ¿le había comentado su hermana si se había visto envuelta en algo turbio o extraño últimamente?

—Nerea no tenía conflictos con nadie. Como ya les he comentado, la gente la quería mucho, transmitía una energía que contagiaba a los demás con su tranquilidad.

En la empresa la adoraban, era la que aportaba cordura, y los empleados acudían siempre a ella cuando nuestro padre perdía los papeles.

Nunca tenía malas caras para nadie —toma aire y fija la mirada en el vacío—, se parecía tanto a mi madre…

Yo, sin embargo, según dicen, tengo el carácter de mi padre.

—¿Y sabe si ha acudido recientemente a alguna fiesta privada o evento?

—Iba a ser la imagen de Conservas Piñeiro en la feria gastronómica, tenía que cubrir varias fiestas y eventos. Pero tengo entendido que, a nivel particular, había sido invitada a varias fiestas en los últimos meses. Ya había acudido en otras ocasiones.

—¿Con quién asistía a esas fiestas? —Necesitamos más información.

—Creo que acudía sola. Parece ser que les tiraba las cartas a los invitados.

Me dijo que era una fiesta donde la gente iba con máscara y tenían encuentros sexuales sin ser descubierta su identidad.

Ella se ponía en una sala pequeña, donde la gente se acercaba a que le adivinase el futuro.

—Bebe un trago de agua—. Pero un día vino muy descontenta.

—¿Descontenta por qué?