El eco de la niebla Capítulo 15
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Capítulo 15

No puedo creerlo, algo está yendo mal. Llevamos meses con el caso y no damos con la persona que hay detrás.

La rabia y la impotencia me invaden por completo, pero el tiempo apremia y debo tener los cinco sentidos en observar aquello que se me está escapando entre las manos.

Tristán y yo nos dirigimos al puerto de Sanxenxo, y en el muelle nos espera la patrullera Corvo Mariño de la Guardia Civil.

Tras presentarnos y subirnos a bordo, ponemos rumbo a la isla.

—¿Adónde vamos? —pregunta Tristán.

—A Onza, ¿la conocen? —comenta un agente de la Guardia Civil.

—¿Es una de las Ons? —cuestiona intrigado.

—Exacto, una de las islas de Ons. La pequeña. Han encontrado el cuerpo en la Praia das Moscas.

Salimos del muelle con la embarcación y pronto nos introducimos en la bocana de la ría.

Agradezco sentir la brisa rozando mis mejillas, necesito despejarme y la embarcación es lo suficientemente estable como para permitirme ir divisando el entorno.

A babor, se pueden ver Marín y Bueu, incluso parte de la ría de Aldán.

A estribor, dejamos Sanxenxo atrás, y poco después las bellas playas de Portonovo.

Nos dirigimos hacia el oeste, allí se encuentra nuestro destino.

La velocidad de la patrullera es constante, y, a medida que nos aproximamos al archipiélago de Ons, podemos sentir un poco de mar de fondo.

Mi estabilidad comienza a quebrarse. Tristán se da cuenta, de modo que rápido y sutilmente me agarra de la mano, acerca su boca a mi oído y me dice: «Mira al frente, te marearás menos.

Pronto llegamos». Le hago caso y consigo mantenerme estable, y veinte minutos después estamos junto a las Illas Ons.

Mientras nos acercamos lo máximo posible, un agente nos informa:

—El archipiélago de Ons está situado en la ría de Pontevedra y pertenece al concello de Bueu.

Son unas islas con numerosas historias tras sus espaldas.

El archipiélago está compuesto por dos islas, ambas pertenecientes al Parque Nacional Marítimo-Terrestre das Illas Atlánticas de Galicia.

Ons es la más grande, está formada por acantilados y arenales con dunas.

Onza, a donde nos dirigimos, es la más pequeña, tiene treinta y dos hectáreas de superficie y su forma recuerda a la espalda de una ballena nadando.

—Qué curioso —añade Tristán.

—Aunque desde la península no lo parezca, el relieve alcanza sesenta y ocho metros de altura. Su paisaje es rocoso y escarpado. Cuenta con un par de playas pequeñas al norte y al sur. Pero A Praia das Moscas se sitúa al norte.

—Sí que engaña.

Nos aproximamos y me impresionan las dimensiones de la isla.

—Ya llegamos. Como pueden ver, es un acceso complejo, la playa está muy recogida; además, estamos rodeados de arrecifes, por lo que esperaremos a que vengan a buscarnos y nos acerquen —nos informa el compañero.

—Es impresionante, no parecía tan grande desde lejos —comenta Tristán asombrado.

—Sí, aunque sea más pequeña que Ons, no tiene nada que envidiarle. Si se fijan, es una isla con mucha vegetación. En la zona occidental es aún más espesa y eso hace que proliferen y aniden aves marinas. Es un paraje natural que asemeja un refugio de paz —añade el guardia civil.

Avisan por radio de nuestra llegada y permanecemos aguardando unos minutos hasta que pueden venir a buscarnos.

Poco después, aparece una embarcación semirrígida que nos lleva hasta la Praia das Moscas.

Nada más pisar tierra firme, reparo en la arena, que es fina y blanca, y parece un polvo claro, como harina.

Entonces me fijo en el entorno, que me resulta fascinante, y me siento privilegiada por poder estar en un paraje natural protegido y con una biodiversidad tan rica.

La playa es bastante grande y muy recogida, y la vista hacia Ons es de una belleza indescriptible, como si el mar descansara en el lomo de Ons.

Qué pena que un lugar tan hermoso se haya empañado por un suceso así.

Aunque más rabia me produce que este lugar sea el último para despedir a nuestra nueva víctima.

Regreso de mi contemplación y, cerca de las rocas, en un lateral de la playa, veo el dispositivo de la Guardia Civil y de la Policía.

Puedo distinguir a Limán a lo lejos y al equipo de la científica.

Lois nos saluda con la mano y nos hace un gesto para que nos acerquemos.

Vamos hasta la escena del crimen y allí nos encontramos con el cuerpo de Nerea Piñeiro.

Su cabello oscuro descansa perfectamente cepillado y colocado sobre las rocas, y su tez es de un color terriblemente vivaz.

Parece que esté dormida, reposa guarecida sobre las rocas, y la escena es semejante a la de Rúa: lleva un sudario blanco y está acurrucada en posición fetal. Limán se acerca a mí.

—Buenos días, esta vez no se nos puede escapar nada. Tenemos a la familia Piñeiro encima, y ya saben lo poderosos que son. No van a descansar hasta que les demos el nombre del culpable. Y yo tampoco, así que deben ponerse las pilas, ¡pero ya!

—Eso intentaremos. ¿Qué ha dicho Piñeiro?

—Pues lo he llamado por teléfono, le he adelantado que probablemente sea su hija. Pero ya sabemos que es ella.

—¿Y cómo lo saben?

—Queda cotejarlo en el laboratorio y también con el odontograma.

Pero ya les adelanto que es ella. Lo sé porque yo la he reconocido…

—Limán traga saliva e inhala angustiosamente—.

Supongo que ya sabrán que era mi ahijada, se ha criado con mi hija, han ido juntas al mismo colegio…

La he tenido en mis brazos cuando era pequeña…

Y la verdad es que me duele mucho que haya acabado así…

—Limán hace una pausa y contiene las lágrimas—.

No puedo creerme que esos ojos azules juguetones ya no se vuelvan a abrir…

—Lo siento mucho… —Le poso suavemente la mano en el hombro.

Nunca había visto al jefe tan vulnerable, me impresiona ver a un hombretón tan fornido y malhumorado romperse de ese modo.

—Gracias… Su mujer y la mía son amigas desde la infancia.

Nuestras vidas se unieron gracias a ellas, y los lazos de nuestra amistad se han ido fortaleciendo con el tiempo.

Conozco a Piñeiro desde mucho antes de que este comenzara su negocio.

He querido siempre mantenerme al margen de lo que la opinión popular predica sobre él, separando al personaje de la persona, pero en esta ocasión, y dada la tesitura del caso, no descansaré hasta dar con el asesino.

Créanme que, si yo descubro que Piñeiro está detrás de todo esto, no duden en que seré el primero en ponerle los grilletes.

—Las palabras de Limán suenan con fuerza y sinceridad, hablan desde el dolor.

—¿Y qué ha dicho él cuando se ha enterado de este fatal desenlace? —pregunta Tristán.

—Cuando se lo dije, se quedaron destrozados. El padre estaba convencido de que Nerea se había perdido por Portugal.

—Pero ¿cómo ha sido posible que haya aparecido aquí si estaba en Oporto? —pregunta Tristán.

—Tenemos nuestras conjeturas, y pronto lo averiguaremos. Ahora necesito que se centren en la escena y averigüen todo lo posible. Tienen que hacerlo lo mejor que sepan, ¿entienden?

—Eso haremos —comento—. Puedo ir acercándome, ¿no?

—Aguarde, lamento informarles de que ahora tenemos otro problema que nos atañe.

—¿Qué sucede, jefe? —pregunta Tristán.

—Vamos a ver, todo apunta a que se trata del mismo asesino.

Vista la escena y el modus operandi , estamos seguros de que es el mismo.

El problema es el lugar donde ha aparecido el cuerpo, pues esta isla pertenece al concello de Bueu.

Aquí no disponemos de competencia, le toca a la Guardia Civil tener que llevar este caso.

Sin embargo, como mantenemos una comunicación muy fluida con el comandante jefe de la Policía Judicial de la Guardia Civil de Pontevedra, nos ha hecho un favor y nos deja colaborar juntos.

—¿Debemos esperar entonces a que nos diga algo el juez instructor?

—Tenemos la suerte de que los compañeros de la Policía Judicial de la Guardia Civil nos permiten echar un vistazo a la escena.

Pero, si fiscalías y jueces no se ponen de acuerdo, tendría que intermediar el CITCO.

De todos modos, dada mi amistad con el comisario, volcaremos todo a un sistema de inteligencia conjunta hasta que nos avisen.

—Joder, qué mal. —Tristán maldice.

—Confío en que, cuando se demuestre que estamos ante el mismo asesino, podamos recuperar el mando y continuar con nuestro trabajo como antes. Pues espero que favorezca al cuerpo que más avanzado esté en esta investigación, y ese es nuestro equipo.

—Mierda de burocracia —la rabia me inunda—, lo único que hace todo esto es hacernos ir más lentos y entorpecer.

—No se apure, pienso que será lo más inmediato posible; si no, tendré que hablar con el subdelegado del Gobierno.

Haré todo lo que esté en mi mano por recuperar la investigación, y espero no tener que llegar a eso.

Ramuín, debe salir de aquí habiendo encontrado algo.

No podemos regresar con las manos vacías, tiene que darme una buena pista o el nombre del asesino.

—Mueve su dedo índice con energía y su mirada se encuentra bajo un fruncido ceño.

—Veré lo que puedo hacer. —Me dirijo hasta la escena.

Nos colocamos los guantes, patucos y mascarillas. Veo a Xela y me aproximo a ella.

—Buenos días, Xela. ¿Qué nos puedes comentar?

—Buenos días. Por lo que hemos podido observar, puede que estemos de nuevo ante el «asesino de la batuta».

—Comprendo —apunto.

—De nuevo, si se fijan, la disposición del cuerpo parece la idéntica, y lo mismo sucede con el atuendo y las técnicas aplicadas para la muerte, pues se manifiesta de igual modo.

—Es todo igual, entonces —afirma Tristán.

—Sí, se ha llevado a analizar todo, tanto el objeto cilíndrico como la batuta y la partitura, y pronto lo sabremos con mayor certeza. Pero hay una pequeña excepción.

—¿Cuál? —Tristán se muestra intrigado.