El eco de la niebla Capítulo 14 #3
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Capítulo 14 #3

Hay numerosas ofertas gourmet de nachos, bocadillos, tortillas y otras especialidades.

El ambiente es espectacular y las pulseras identificativas que llevamos de la fiesta se iluminan con el ritmo de la música.

Vemos a bastante gente conocida que se para a saludarnos y charlar, y, como no tenemos noticias del jefe, le hacemos caso y disfrutamos.

Me encantan las actuaciones, hay grupos muy variados y todos son de una calidad indudable.

Tristán y yo nos dejamos llevar por la música y coreamos las canciones, también bebemos un par de cervezas, pero sin llegar a sentir la ebriedad.

Un grupo de indie rock que a ambos nos encanta toca grandes temas que nos ponen a bailar y saltar.

Llegado el momento de las baladas, alzamos nuestras manos.

El cantante, entre canción y canción, hace una pregunta al público: «¿Alguien de aquí está enamorado?

Si es así, que levante la mano». Y justo en ese preciso instante Tristán eleva su mano, me mira y me guiña el ojo, y, aunque no sé cómo interpretarlo, hace que algo en mí se agite.

Continúan con las baladas y, sin querer, mi mano roza suavemente la de Tristán y este aprovecha el movimiento y coge mi mano mientras la movemos en alto al son de la música.

El grupo toca su última canción en los bises, y nosotros nos agarramos por los hombros y la cantamos sin parar.

Cuando la música cesa y las luces bajan su intensidad entre un artista y otro, puedo ver cómo Tristán permanece quieto mirándome, con su mano todavía aferrada a la mía, y yo me quedo observándolo también y le sonrío.

Me aparta un mechón de la cara suavemente y desliza sus dedos con un ritmo aterciopelado hasta que sus manos se posan en mi nuca.

Como un magnetismo que no puedo parar, me aproximo al calor de su pecho, lo agarro por su angulosa mandíbula, juego con mis pulgares sobre sus jugosos labios y, sin poder evitarlo, ambos nos besamos.

Un hormigueo me recorre todo el cuerpo y se instala en mi nuca.

Siento su boca caliente y mi lengua rozando la suya en un baile coordinado.

Sus labios se deslizan con maestría sobre los míos.

Sus dedos se enredan en mi cabello hasta erizar cada poro de mi piel.

Se encienden las luces con la llegada de un nuevo grupo, y Tristán se aparta.

—Ven, hay mucha gente por aquí que puede reconocernos. —Me toma de la mano y me lleva hasta la entrada.

—No —le digo.

—¿Qué pasa? —Se intranquiliza—. ¿Estás bien?

—Espera…

—¿No quieres…?

—No es eso —lo interrumpo—, sí que quiero ir contigo, pero nos olvidamos las botellas.

—¡Ah, vale! —Tristán se ríe—. Pensaba que no querías venir conmigo.

—Eso no, pero no voy a desperdiciar dos botellas que probablemente no bajen de los doscientos euros cada una.

—Bien visto, estás a todo, ¿eh? —Tristán me hace señas—. Venga, vamos.

Pasamos por las taquillas y recogemos los estuches de las bodegas.

Tristán me ofrece ir hasta la playa, pero dada la altura de la situación le propongo continuar en el hotel.

Nos dirigimos andando hasta el edificio sorteando la lluvia y abrigándonos debajo de nuestras cazadoras.

Subimos por el ascensor y al llegar a nuestra planta nos introducimos en mi habitación.

Noto que me pongo nerviosa, tengo el pulso totalmente descontrolado y me siento como cuando era adolescente e iba a quedar con mi novio.

Cierro la puerta, lo empujo con suavidad hacia la cama y nos quedamos de pie frente a esta.

Tristán se quita la cazadora y las deportivas, y yo me descalzo las sandalias.

—¿Puedo? —Tristán agarra suavemente las solapas del cuello de mi cazadora.

—Quítamelo todo —le contesto.

—¿Seguro que te apetece? Si no quieres, por favor, dímelo.

Lo agarro por sus musculados brazos y le planto un beso que finaliza con un mordisco juguetón en su labio inferior.

—Claro que quiero. —Rozo sus labios contra los míos y lo miro fijamente—. Quiero que me hagas tuya.

Tristán se muerde el labio y me retira la cazadora.

Mientras me besa, de un modo que nunca lo habían hecho y que me hace perder la cabeza, me quita el vestido con maestría.

Debajo, solo llevo un tanga de encaje. Permanece de pie mirándome, me repasa con la vista de arriba abajo y resopla con admiración.

—Eres preciosa… —Humedece sus labios.