Capítulo 14 #2
Combarro siempre me ha fascinado, se trata de un pueblo marinero en el que los hórreos son los protagonistas, pues se funden con el mar.
Es una villa de las más singulares de Galicia y nunca defrauda.
Hemos hecho la reserva en un restaurante conocido por su marisco y nos dejan apartada una mesa junto al gran cristal.
Tenemos la suerte de que la marea está alta, y parece que estemos en un barco navegando sobre el mar.
Los días son largos, pero las nubes han oscurecido el entorno, de modo que el restaurante tiene ya encendidos los farolillos y las velas para adornar el ambiente.
Hay muchos comensales en el local, pero justo donde estamos nosotros solo tenemos una pareja cerca.
Eso nos proporciona cierta intimidad. Aun así, como de vez en cuando hablamos del trabajo, decidimos no elevar mucho el tono de la voz.
—¿Qué tal está tu buey? —pregunto señalando el crustáceo.
—Increíble, está cargadísimo. Ahora estoy intentando aprovechar todas las patas.
—Aquí se come genial, las almejas están deliciosas. —Chupeteo el molusco.
El camarero nos trae unas vieiras y unas zamburiñas, y las coloca sobre la mesa.
Tras nuestro momento en el spa, me ha dado bastante hambre y la comida me entra a la perfección. Llegado el postre, decidimos elegir la opción casera acompañada de un café y un licor café.
—A mí me asombra que logres ingerir toda esa cantidad de comida. ¿Dónde la metes?
—A ver… Tampoco es para tanto, pero he de reconocer que tengo buena genética.
—Pues qué pasada, yo solo puedo excederme así de vez en cuando y contrarrestarlo con mucho deporte.
—Yo estoy deseando volver a correr.
—¿Cuándo vas a poder hacerlo?
—Pienso que a partir de la semana que viene. A ver cómo me compagino con mis padres para que se queden con Gael. Pero necesito volver al gimnasio como agua de mayo.
—Te va a sentar genial a nivel mental. Yo sin el deporte no sé quién sería.
—Hablando de deporte, ¿te has fijado que en el barco estaban un montón de futbolistas con sus mujeres?
—Sí, había mucha gente conocida. Me pareció ver a la community manager de Bodegas Louzao, y también vi a Piñeiro, pero me extrañó no ver a su hija.
—Yo no la vi. Supongo que estarán a la noche. Por cierto, ahora tenemos que estar atentos por si alguien habla sobre el tema de las fiestas —comento—. A ver si conseguimos sonsacar información y dar con alguien que nos ayude.
—Tengo pendiente al equipo que vigila la mansión por si repiten localización, y de momento no ha habido ningún movimiento.
No sé si sabrán que estamos detrás de ellos, porque, siguiendo el patrón que los interrogados nos comentan, más o menos por calendario coincide, pues les tocaría hacer una fiesta este fin de semana.
—Puede que se haya filtrado y que hayamos perdido la oportunidad. Date cuenta de que la modista nos dijo que había policías que acudían a las fiestas. Sabe Dios qué tipo de grupo esotérico está metido en esto.
—Es complicado, parece que estamos dando palos de ciego.
Nos marchamos del restaurante y vamos directos al evento.
Hay una carpa en el puerto que agradecemos bastante, ya que comienza a llover un poco, y a la entrada debemos enseñar una pulsera.
En el interior, hay numerosos food trucks de los mejores chefs de Galicia y puestos de los patrocinadores de la feria.
Al fondo se sitúa un escenario en el que tocarán grupos muy reconocidos del panorama actual musical.
Mientras actúan los primeros grupos locales, nos acercamos a los puestos.
Hacemos una cata de cervezas gallegas con variedades muy interesantes.
Después acudimos a un puesto de quesos con denominación de origen y nos desplazamos por los estands de las bodegas, una de las cuales es la de Louzao.
Vemos a Breixo Louzao, que se encuentra hablando con unos actores, hace contacto visual con nosotros y nos saluda con la mano.
Aguardamos a que remate su conversación para aproximarnos.
—¡Buenas noches! ¿Vienen por trabajo o por ocio?
—Más bien por lo segundo. ¿Por qué? ¿Tiene algo para nosotros? —pregunta Tristán.
—Pues lo cierto es que sí. —La música sube de volumen y Louzao se aproxima a mi oreja—. Tengo lo que me pidió.
—¿A qué se refiere? —le espeto.
—Ya tiene su ansiada invitación para las fiestas de Entroido . No he podido conseguir la de su compañero, el subinspector, porque sería un cantazo, pero la puede acompañar después porque con el disfraz no lo reconocerán.
—¡Qué bien! Se lo agradezco.
—He movido muchos hilos para que la incluyan en la lista de profesores de la universidad, y he omitido lo de colaboradora de la policía.
—¿Y con quién ha hablado?
—Yo no he hablado directamente con nadie, ha sido un favor que le he pedido a un amigo, que a su vez se lo ha pedido a otro. Digamos que ha sido una cadena de favores.
—Comprendo. ¿Y cuándo será la fiesta?
—Vendrá todo en la invitación, no se preocupe. La recibirá probablemente la semana que viene.
—Perfecto. Vamos hablando.
—Muy bien, disfruten.
Con el volumen de la música, Tristán no puede oír nada de nuestra conversación, así que le propongo que nos marchemos de allí para ponerlo al día sobre el tema. Entonces se despide de Louzao.
—Hasta luego.
—¡Ah…, esperen! —Louzao se gira y coge un par de estuches de madera que introduce en unas bolsas y se acerca a Tristán—. Llévense unas botellas, que tenemos una nueva variedad de uva que hace unos vinos exquisitos. Es una pequeña producción, a ver si les gusta.
—Gracias. —Tristán toma las bolsas.
Nos marchamos de esa zona y le explico lo que me acaba de contar Louzao.
—Igual lo hace para que no sospechemos de él —comenta Tristán poco convencido.
—No creo, pero, en cualquier caso, si fuera así, estamos consiguiendo de igual modo introducirnos en la boca del lobo para poder destaparlo, y nunca mejor dicho.
—Pues a ver si enganchamos a ese licántropo. Por cierto, agradezco el detalle, pero ¿tenemos que estar toda la noche con las botellas a vueltas?
—He visto unas taquillas en la entrada. Vamos.
—Buena idea.
Nos dirigimos al comienzo del evento y guardamos las bolsas en la taquilla. Justo al lado está el puesto de Conservas Piñeiro.
—¡Coño, mira dónde está el jefe! —me dice señalando a Limán, que está hablando con Piñeiro—. Pero ¡si se ha puesto sus mejores galas!
Limán nos ve y nos hace un gesto para que nos acerquemos. Esa zona está más alejada del tumulto y del ruido de la música.
—Buenas noches —nos saluda Limán, que lleva un traje de lo más psicodélico en tonos amarillos y que no combina con la corbata—, tenemos un imprevisto.
—¿Qué ha pasado? —pregunta Tristán.
—Me ha dicho Piñeiro que no localiza a su hija. Tenía que haber llegado desde Oporto esta mañana para el evento en el barco. Han esperado por si se le ha retrasado el vuelo, pero Piñeiro no es capaz de localizarla y dice que desde ayer tiene el teléfono apagado.
—¿Y qué podemos hacer?
—Ustedes nada, que no están de servicio, pero si la encuentran o ven algo sospechoso deben avisarme. Me llevo al resto de los compañeros conmigo, así que quedan ustedes como única representación de la comisaría en este evento.
—¿Está usted seguro? —pregunta Tristán.
—Sí, no nos van a resolver nada y tiene que quedar alguien aquí dando buena imagen de la policía. No debe enterarse nadie. Así que hagan como si no pasara nada y diviértanse.
—Lo que usted diga —comenta Tristán y se encoge de hombros.
Nos quedamos pensativos, por si le hubiera pasado algo a la hija de Piñeiro, nos adentramos de nuevo en la carpa y, mientras esperamos en una cola de los food trucks , para coger algo de comida, hablamos del tema.
—Dado el historial de narcotráfico y los tejemanejes que se traía entre manos, pudiera ser que estuviera en medio de algo o que simplemente se hubiera quedado sin batería en el teléfono y hubiese decidido no aparecer —comento.
—O que pillara una cogorza, se le fastidiara el teléfono o lo perdiera en Oporto.
—Una persona como Piñeiro ha de buscarse recursos de sobra para localizarla.
—Sí, supongo que mañana tendremos noticias de ella.