Capítulo 13 #4
Al llegar al paseo marítimo, Tristán aparca su vehículo junto al mío, y caminamos hasta llegar a la propiedad.
Se trata de una de las casas más grandes de Cambados.
Se sitúa frente al paseo marítimo. Tiene un cierre con muros altos y con una puerta minúscula con un acceso al paseo.
La edificación sigue el patrón de las casas típicas gallegas y es toda de piedra.
Cuenta con un pequeño jardín con palmeras y un hórreo, y en una esquina hay un merendero de piedra que descansa debajo de unas parras.
La casa dispone de varios ventanales, todos amplios de suelo a techo, y de una gran galería central adornada a su alrededor por azulejos en tonos azules.
Toda la carpintería exterior es de color azul, así como la puerta principal.
Llamamos al timbre de la entrada y pronto una mujer nos abre la puerta.
Rápidamente la reconozco, es la asistenta de Iago, que hace las veces de cuidadora.
Se llama Rosenda y ha ayudado mucho a esa familia, pues en la enfermedad de la madre estuvo cuidándola y atendiéndola.
Nos ofrece subir en ascensor a la planta de arriba, pero decidimos hacerlo por las escaleras.
Balboa nos espera en su biblioteca particular, aunque a él le gusta llamarla su sala de lectura.
Es una sala amplia, en la que las estanterías de madera llegan al techo, y está repleta de libros; los huecos libres de las paredes los adornan obras de pintores locales.
Hay un cuadro en concreto que me suena, pero que no logro ubicar.
Está junto a una estantería llena de libros con una caracola grande que los sujeta.
Iago se encuentra cerca de la ventana, lleva puesta una camisa en color salmón y unos pantalones vaqueros.
Junto a la silla de ruedas, descansa su perro, con su gran pelaje.
Yo ya lo conozco, y, a pesar de ser un perro grande, es un bonachón que se pasa la mayoría del tiempo durmiendo.
De hecho, al entrar nosotros en esa estancia ni se inmuta.
—Buenos días, Iago. ¿Cómo estás? —Me acerco junto a Balboa y le doy dos besos.
—Buenos día s. —Tristán le da la mano.
—Buenos días. Estoy muy bien. ¿Qué tal las cosas en casa?
—Todo perfecto. —No quiero comentarle nada de lo de Roi, todavía no me encuentro preparada—. Gael está creciendo mucho.
—Me alegro, a ver cuándo lo veo… Bueno, pues ustedes dirán. ¿En qué puedo ayudarlos?
—Supongo que habrá visto las noticias. Ahora nos interesa ver la relación entre el asesinato de Manuela Pita y el de Mariña Mallo. Necesitamos uno de sus concienzudos y elaborados informes. Pero querríamos pedirle si nos pudiera adelantar algo.
—¿Qué necesitan?
—Pues de entrada información sobre la isla de Noro.
—La isla de Noro, como bien saben, es un islote perteneciente al archipiélago de Sálvora. ¿Os cuento cosas de Sálvora o me centro en Noro?
—Cuéntanos por encima —le comento—, y luego de forma más detallada en el informe.
—Es una isla que por su ubicación estratégica fue poblada por numerosas civilizaciones.
Pero acabó siendo saqueada por los piratas.
Después, en el siglo XVI , los vecinos de Ribeira trasladaron hasta allí el ganado y trabajaron las tierras sometidos al régimen feudal.
Posteriormente, con la llegada del auge comercial, se fundó la primera industria moderna especializada en el secado.
Por ello se conoce como playa del Almacén o del Pazo donde se realizaba el secado y salazón.
No fue hasta el siglo XIX que, de nuevo, se habitó de forma privada.
La actual fábrica de salazón es ahora un pazo.
Y también hay una iglesia, la de Santa Catalina, pues se cree que se apareció en la isla.
—Interesante —comento.
—A mayores, supongo que sabréis lo del hundimiento del Santa Isabel.
—Sí, eso lo sabemos —añade Tristán.
—Bien, pues en Sálvora, que no sé si la visitasteis alguna vez, hay una sirena esculpida en una roca. Esa sirena se llama Mariña.
—Qué casualidad —dice asombrado Tristán.
—Se la consideraba la madre de los primeros propietarios de la isla, la familia Mariño.
Hay una leyenda que apunta que una sirena fue encontrada en la playa por el caballero.
Era mitad pez y mitad mujer. En Galicia, estos seres están muy vinculados con la lujuria.
Al recogerla y llevarla a su casa a caballo, le quitó una a una sus escamas y entonces se convirtió en mujer.
Pero el caballero se dio cuenta de que ella no podía hablar, por eso la llamó Mariña, porque había llegado del mar.
El hombre se quedó tan prendado de la sirena y de sus encantos que se casó con ella.
Ese amor les dio un primogénito, que se llamaría Mariño.
Un día, el caballero quiso asustar a su mujer y en la noche de San Juan saltó la hoguera llevando a su hijo en brazos.
Al asustarse, la mujer gritó: «Fillo», y desde entonces fue capaz de hablar.
Fueron felices, pero, cuando el caballero falleció, se dice que Mariña regresó como una sirena al mar, le echó un maleficio a la isla y a la generación Mariño.
Tendrían que entregarle un hijo que se llevaría de regreso al agua, y para identificarlo debía tener los ojos azules como el mar.
—Menuda leyenda. —Me quedo sorprendida.
—Sí, existen muchas así en Galicia.
—¿Y qué nos puedes decir de Noro?
—Respecto a Noro, no hay mucha cosa, más bien en conjunto con el archipiélago. Porque existe otra leyenda.
—Adelante —lo invito a continuar.
—La leyenda del hombre de Sagres, que son unas de las islas del archipiélago.
Nos sitúa en un tiempo anterior a los romanos.
En Galicia vivía la tribu de los oestrymnios, y todo aquel que amenazase a esa tribu era objeto de encantamiento y se convertiría en piedra.
El rey celta de la tribu de los saefes quería invadir los dominios de los primeros pobladores de Galicia.
Para librarse del encantamiento, este se casó con Forcadiña, que era la hija del rey de los oestrymnios, y de esa relación nació Noro.
Al enterarse el rey del plan, decidió encantarlo, y el rey de los guerreros saefes se petrificó y se quedó con su lengua partida en siete pedazos, la mandíbula y las muelas.
El rey saefe es el hombre de Sagres, una piedra con forma humana que se encuentra en la isla de Sagres.
De su lengua se formó el islote Setelinguas, en el oeste de Punta Falcoeiro; las piedras Conles Queixada son su mandíbula totalmente deshecha; y las piedras Moas, sus muelas.
Forcadiña y Noro serían los restos de las embarcaciones y el ejército de los invasores saefes convertidos en piedra.
También se dice que su chapeau , o sombrero, acabó cayendo en Vionta.
Y de este modo se conforman todas las islas e islotes.
—Qué bueno. Desde luego, el imaginario colectivo en Galicia tiene cada lenda de mouros que es digna de admirar —respondo admirada.
—Sí, y además con tradición de las más oscuras y antiguas leyendas de Galicia encontramos a la Santa Compaña.
La procesión de ánimas en pena se cree que sale todos los viernes a las doce en punto de la noche, desde Alto de Gralleiros, en Sálvora, hacia la aldea de la isla.
Después se dirige hasta la Praia dos Bois y se introduce en el agua, acabando en la isla de Noro.
Allí se oculta en las cuevas y pasa el fin de semana, hasta que el lunes regresa a Sálvora.
Algunos dicen que en Noro hay un portal secreto que une el mundo de los vivos con el de los muertos.
—¿Y sucede algo similar en Rúa?
—Sí, en Rúa existe un pequeño apunte recogido por un sociólogo inglés que recopiló numerosas costumbres de Galicia a principios del siglo XIX .
—¿Y qué dice? —pregunto intrigada.
—Pues que, antes de tener el faro, la isla era iluminada por las ánimas, ya que iban de dos en dos portando luces, y que desaparecían entre las rocas.
—¿Existe alguna semejanza más entre las islas? —pregunta Tristán.
—Con respecto a las similitudes, una de ellas está en los faros. El de Rúa empleó las ópticas del faro de Sálvora. Además, ambas islas están formadas por bolos de granito.
—¿Y se te ocurre algo más?
—Pudiera buscar más información en algún libro antiguo que tengo, pero no se me ocurre ahora nada. Os prepararé un informe detallado.
—Muchas gracias —concluye Tristán.
Tristán debe marcharse a un evento de la feria gastronómica, así que se despide de nosotros, y yo me quedo a comer con Balboa en su casa como en los viejos tiempos. Rosenda nos coloca la mesa en el jardín, en el comedor que hay debajo de la parra.
—¿Qué tal has terminado el curso este año?
—Pues ya sabes tú lo que es tener que cerrar un cuatrimestre y que sea fin de curso.
Es agotador, pero menos mal que tengo mis quehaceres.
Además de pasarme horas con los libros, puedo estar días pintando y tocando el violín, que todavía soy capaz de utilizar mis manos.
Y siempre que vengo a Cambados me distraigo de vez en cuando navegando con mi sobrino por la ría.
—Tienes que enseñarle a Gael a tocar el violín un día.
—Eso está hecho. Ya sabes que le enseñé de pequeño a mi sobrino y se convirtió en un virtuoso. Avísame y nos juntamos.
En ese momento llega su sobrino y se une a nosotros. Ha cambiado mucho, está más fuerte y su barba es ahora espesa.
—¡Cuánto tiempo, Nando! ¿Por dónde andas ahora?
—Pues ahora estoy en un centro asistencial en Santiago.
—Ah, ¿sí? ¿No estabas en paliativos?
—Eso fue una temporada, cuando terminé el MIR en medicina de geriatría y gerontología, mientras no encontraba trabajo fui cogiendo un poco lo había. Pero ahora estoy trabajando de lo mío y además menos horas, así que eso me permite disfrutar del mar y de mis aficiones.
—Ah, qué bien, cuánto me alegro. Con todo el esfuerzo que hizo tu tío para que tuvieras la mejor formación, es un gusto ver que has sabido sacar provecho de ello.