Capítulo 13 #2
—A ver, ella esto no lo quiere contar ni que se sepa, pues se siente avergonzada.
El dueño de esas fiestas lleva una máscara de lobo.
Pocas veces se deja ver y siempre va rodeado de sus hombres.
Una de tantas noches, el lobo requirió su presencia, le ofreció una cifra de dinero escandalosamente elevada y ella accedió.
Varios de sus hombres la escoltaron hasta el ático.
Allí había una sala diferente, más oscura, que tenía muchas velas y un ambiente mucho más regio y enigmático.
Me dijo que se oía una música como antigua de coro, todo muy místico.
Al llegar allí, el lobo la esperaba con su máscara puesta sentado en un sofá e hizo un gesto a sus hombres para que los dejaran solos.
También les ordenó que no se acercasen por allí, pasase lo que pasase.
Le dijo a mi amiga que era muy hermosa, que la había estado observando esos días en la fiesta y que quería que hiciese con él lo que hacía con otros invitados mientras le ofrecía un maletín con mucha cantidad de dinero.
Ella accedió y decidió completar su deseo.
Supongo que todos tenemos un precio… Le preguntó si quería un poco de una queimada que tenía él allí, pero ella no quiso probarla.
Entonces el lobo le pidió que se desnudara y bailase para él.
Tras hacerlo, le dijo que continuara con el baile encima de él.
Así lo hizo, pero, tras pasar un buen rato, mi amiga se dio cuenta de que él no era capaz de culminar.
Ella se ofrecía a facilitar el clímax, pero él se negaba a que ella lo tocase, solo quería que continuara.
Llegado un momento, él le dijo que se apartara y la animó a marcharse de malos modos.
Le dijo que no había conseguido el objetivo y que no le daría el dinero.
—¿Y qué le sucedió a su amiga? —Tengo curiosidad.
—Ella se cabreó mucho con él por no darle el dinero y le dijo: «Tanto poder y no eres capaz de terminar». Él se enfadó muchísimo, la expulsó de la sala y le prohibió que se acercase por allí nunca más. Ella se vistió como pudo y fue arrojada por sus hombres por la puerta trasera.
—¿Cuándo tuvo lugar este acontecimiento? —pregunto.
—Pues, por lo que me ha dado a entender mi amiga, fue cerca de Semana Santa.
—¿Puede decirnos cómo se llama su amiga? —pregunta Tristán.
—Prefiero que no, quiero salvaguardar su intimidad.
—¿Cree que su amiga podría corroborarnos este testimonio?
—No, ella no quiere que se sepa que ha estado metida en todo esto.
Teme que tomen represalias contra ella. Y yo tampoco quiero que se sepa; de hecho, quiero desvincularme de esas fiestas por completo.
Pero temo que Mariña haya caído en las manos de esa gente.
A Mariña la conocían muchas personas, en el ámbito político era muy popular, pues ayudaba con la economía de empresas importantes y de algunas personas en particular con sus negocios.
—Solo por curiosidad, ¿puede describirnos físicamente a su amiga? —Tengo un presentimiento.
—Sí, es menuda, más o menos de mi altura, morena de pelo largo y ojos claros.
—Gracias. —Asiento porque sé que su imagen encaja con la de las víctimas.
—Le agradecemos mucho que nos haya dado esta información. Si su amiga quisiera declarar o contarnos algo más, estaríamos muy agradecidos —apunto.
—Yo se lo comentaré, pero no creo que quiera.
Le supliqué a Zendal que con sus contactos me protegiese de esa gente, por eso les han avisado.
Él no sabe que estuve con Mariña, cree que simplemente me divertí en una ocasión en esas fiestas.
Así que les rogaría que emplearan esto que les he contado en poder encontrar a la persona que la asesinó y que echen un vistazo a esas celebraciones.
—Descuide —comenta Tristán—. Le dejo mi tarjeta por si su amiga cambia de opinión. Le agradecemos la información que nos ha proporcionado. Cualquier cosa que recuerde o si su amiga sabe algo más, no dude en comentárnoslo. Gracias por su tiempo.
—Eso haré. Gracias a ustedes por venir.
Al salir de la casa de Marimer, quiero acercarme un momento andando hasta As Torres do Oeste . Mientras paseamos por el entorno, vamos comentando la situación.
—Me parece todo tan oscuro y turbulento que cada información que nos acerca a la verdad me genera más escalofríos —me incomodo.
—Está claro. Aquí tiene que existir una red de personas que se protegen entre ellos. Deben de ser gente con puestos muy importantes o comprometidos. Está todo muy blindado, nadie sabe cómo acceder a esas fiestas ni conocen a los dueños.
—¿Habéis encontrado información acerca de la fundación?
—No demasiado, mucha paja y poco que interese. Me produce mucha impotencia, pues es uno de los casos más herméticos y en los que más ralentizado va todo.
—Sí, la información nos llega muy sesgada y solo de vez en cuando. De todos modos, a Marimer la he visto realmente preocupada.
—¿Crees que dice la verdad? —pregunta Tristán.
—Sí, porque, si no, no se involucraría tanto. Nos ha facilitado información muy personal que, de no ser cierta, pudiera comprometerla mucho. No creo que haya jugado con eso.
—Es cierto, probablemente le afectó saber que a Mariña la habían asesinado. Y ahora, cuando su amiga le contó lo que se cocinaba en realidad en esas fiestas, ató cabos y quiso alertarnos.
—Exacto.
—Yo creo que a Manuela y a Mariña las asesinaron en esas fiestas —comenta convencido Tristán.
—Eso está claro. Será una especie de logia que desarrolla un ritual.
Pienso que eso que le ofrecían como si fuese queimada debía de servir para dormirla o drogarla.
Recuerda que desde el laboratorio nos dijeron que se habían encontrado barbitúricos en su sangre.
Probablemente hicieran con ellas el cometido que necesitaran para su ritual y posteriormente las asfixiaran con un cojín.
—Claro, pero aun así no entiendo por qué después les hacían el vaciado intravenoso y las dejaban en las islas.
—Pues probablemente porque todo ello forme parte de un ritual —añado—.
Quizá ese modo de querer conservar los cuerpos y la ubicación elegida atienda a algo aún mayor que todavía no somos capaces de comprender.
De todos modos, creo y pienso que no me equivoco al decir que la amiga de Marimer ha sido el detonante para el lobo.
Pues él ha decidido asesinar a raíz de este rechazo surgido con la amiga, que es poco antes de que apareciera el cuerpo de Manuela.
Todo psicópata tiene una pulsión que subyace latente y va gestionando poco a poco, hasta que algo lo motiva y acaba saliendo a la luz y se convierte en incontrolable.
Probablemente se haya visto humillado y vejado por esta mujer y, en consecuencia, ha querido acabar con todas las que se parezcan a ella.
—Creo que estás en lo cierto. Este testimonio por fin nos ayuda.
De todos modos necesitamos más datos, tendríamos que dar con los dueños de la mansión.
—Tristán enfatiza con su dedo índice—. Tengo a un equipo completo vigilando día y noche la localización que nos ha pasado Balboa, pero no hay ningún movimiento.
—Exacto, la clave ahora es dar con esas fiestas. Necesitamos poder acceder a ellas o averiguar más información al respecto.
—Sí, hemos exprimido todos los testimonios que nos han proporcionado pistas acerca de estos eventos y ya no conseguimos sacar más jugo de ellos. Pero sé que andamos cerca. Por fin, el camino comienza a ser menos sinuoso.
Después de un breve silencio, nos aproximamos a la iglesia y a la torre, y nos quedamos contemplando el paisaje.
—Qué bonito es este sitio. —Tristán observa la escena con admiración—.
Y pensar que estas torres servían para defenderse de los ataques de los vikingos…
Parece mentira que existiera un pasado de este lugar en el que los nórdicos subían a contracorriente el río rumbo a Santiago de Compostela para saquear la ciudad.
—Todos los lugares tienen un pasado que ha visto el paso de muchas generaciones, mucho dolor y también muchas alegrías. Y al final esas personas desaparecen y estos lugares son la memoria de lo ocurrido, permanecen para hablarnos de esos tiempos.
—Es verdad, en este lugar se respira mucha paz, es como algo espiritual.
—¡Que se lo digan a Rosalía de Castro!, que tras el fallecimiento de su madre lloró sus penas aquí y quiso acabar con su vida dejándose llevar por la corriente. Menos mal que no logró su intención.
—No sabía esa información. —Tristán se muestra sorprendido.
—Sí, aparece dentro de Follas Novas , en «As Torres d’Oeste» . Rosalía tenía su casa en Padrón, pero veraneaba en Carril, que está próximo a Catoira. Rosalía adoraba el mar y, de hecho, para paliar su dolor frent e a su enfermedad de cáncer, su último verano lo decidió disfrutar en Carril.
—Caray, cuánto sabes de Rosalía.
—De Rosalía y de otras muchas mujeres importantes gallegas, pero Rosalía especialmente me gusta mucho. Su literatura está llena de sombras y tristeza, pero el arraigo por su tierra tiene algo que la coloca en un marco incomparable.
—Y que lo digas. Me encanta que te guste todo eso, es algo que admiro de ti.
Regresamos a la comisaría y trabajamos en la información recogida en nuestra visita a Catoira.
Después, descanso toda la tarde en casa junto a mi hijo.
Al día siguiente por la mañana quedamos en ir hasta Moaña, allí está una de las empresas que fabrica barcos similares a la embarcación que puede haber usado el asesino.
Tristán me recoge en casa a primera hora para ir hasta allí.
Lo único bueno de no avanzar en el caso es que tengo más tiempo para pasar junto a Tristán.
En apenas cuarenta y cinco minutos, llegamos a nuestro destino.
Se nos pasa el viaje bastante rápido y, cuando nos damos cuenta, ya estamos aparcados cerca del puerto de Moaña.
Bajamos del vehículo y nos adentramos en el astillero.
—Buenos días, soy el subinspector Castro y necesitaría hablar con Tucho —se presenta Tristán.