El eco de la niebla Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

—Una foto que nos habíamos hecho en Nueva York en un fotomatón, donde nos prometimos amor eterno.

—Pero ¿este qué se piensa, que recordándote que alguna vez te amó como te merecías lo vas a perdonar? Yo alucino.

—Ya ves.

—¿Y cómo te sientes?

—Muy dolida, pero ahora mismo más cabreada que dolida.

—Bien, eso quiere decir que vas avanzando.

—Sí, estoy en la segunda fase del duelo.

—Ya sabes que esas fases no siguen un orden, hay mucha gente que salta y regresa a otra sin orden ni concierto.

—Sí, lo sé.

—Pero está muy bien que me lo cuentes y que lo exteriorices. Intenta no dejarte nada para ti, aunque no lo quieras compartir conmigo.

—Lo haré.

—Pues esta mañana Roi me ha llamado a la clínica. Como no le cogía el móvil…

—¿Sí? ¿Y qué te quería?

—Me pilló un poco desprevenida, que si no le hubiera colgado. Me dijo que te quiere mucho, que dejará que te tomes tu tiempo y que no te da por perdida.

—El tiempo se lo voy a dar yo todo para él solo. Conmigo nada.

—Me dijo que quiere ver a Gael, pero que no quiere forzarte. Y que, para que no os crucéis, lo puede ir a recoger en la escuela de verano.

—Yo no le voy a negar que vea a su hijo. Pero necesito tiempo antes de saber cómo organizarme.

—Lógico. Lo primero eres tú. Estando tu hijo de por medio, las cosas se deben hacer poco a poco para que salgan bien. Además, debes asimilar toda esta nueva situación antes de tomar una decisión.

—Exacto. Poco a poco.

—Por cierto, ¿te apetece si nos vamos el fin de semana con Gael a un balneario que hay en Mondariz? Tienen una zona muy chula para niños.

—Pues no sería mala idea. Así desconectamos un poco.

—Perfecto, lo vamos hablando.

A la mañana siguiente tomo el tren temprano de camino a Santiago de Compostela.

El día allí es bastante relajado. Las clases presenciales han terminado, así que solo debo terminar la parte burocrática.

A mediodía salgo al centro a comer en uno de mis restaurantes favoritos.

Su situación en plena rúa do Franco es inigualable, además tienen un menú del día espectacular, que pocos turistas conocen.

A muchos de los compostelanos les encanta ir a comer raciones variadas en ese restaurante, así que puedo ver caras conocidas, que me alegro de encontrar.

Después continúo callejeando por la vieja Compostela.

Como buena lectora, acabo cayendo en la compra de otro libro, pero esta vez la temática elegida es la ciencia ficción; necesito abstraerme con una nueva historia que me lleve a mundos imaginarios.

De regreso a la facultad, me encuentro con un ramo de flores sobre la mesa.

Eso me recuerda que, cuando termino un curso, Roi siempre me trae flores a casa para celebrarlo.

Miro a mi alrededor y no me topo con nadie.

Me acerco hasta el despacho de una compañera y me confirma que justo acaba de llegar un repartidor y las ha traído para mí, y que ella, al no encontrarme, las ha puesto en mi despacho.

Entonces me fijo en las flores, a ver si vienen acompañadas de alguna nota.

Son preciosas y, entre varios jacintos y rosas, se encuentra un sobre.

Lo abro y de este extraigo una tarjeta y otra foto.

En la nota se puede leer: «Has terminado otro curso maravilloso y estoy muy orgulloso de ti, cariño», y la firma Roi.

Adjunta una fotografía mía en blanco y negro de cuando estaba embarazada de Gael.

Esa foto es preciosa. Llevo una falda de flores y un crop top negro que deja ver a la perfección mi barriga.

Puedo recordar todo lo que sentía en ese momento.

Estaba embarazada de treinta y nueve semanas, dos días después nacería Gael.

La barriga me pesaba, por las noches ya me costaba conciliar el sueño y el reflujo era mi compañero más fiel.

Ese día tenía calor y decidí salir a la terraza.

Roi me dijo que estaba guapísima con el atardecer de fondo, pues se veía una luz espectacular, de modo que me inmortalizó en ese momento.

Observo la imagen y le doy la vuelta; en el reverso se lee: «Cuando soñábamos con conocer a Gael, ojalá soñemos pronto con conocer a otro hijo».

Esas palabras me provocan un escalofrío.

Pero ¿cómo se atreve? Yo siempre he deseado ser madre de nuevo, pero Roi no lo quería.

Justo ahora, con todo lo sucedido, tiene que transmitirme ese anhelo.

En un acto reflejo toco mi barriga… ¿Y si su deseo se está convirtiendo en realidad?

La mera idea de imaginármelo me descoloca, y eso me recuerda que todavía no me ha bajado el periodo y debo hacerme una prueba.

Al terminar mi jornada en la facultad, tomo el tren de regreso y cuando llego a Vilagarcía paro en una farmacia para comprarme un test de embarazo.

Cuando entro en casa, abrazo y beso a Gael, que no apar ta la vista del libro que está leyendo. Y a Aroa le doy un detalle que tengo para ella.

—Me encanta, son preciosos. No hacía falta —dice sosteniendo u nos pendientes.

—Qué menos por todo lo que estás haciendo por mí, por nosotros —digo señalando a Gael.

—Ah, por cierto, tus padres te trajeron un montón de pimientos y lechugas. Y unas hortensias muy bonitas de su jardín.

—Hablando de flores…

Aprovechando que Gael sigue sumergido en su lectura, le explico lo del ramo de flores de Roi y le enseño la nota con la fotografía.

—Joder con las fotografías… Qué cansino… A ver cuál es esta… —susurra y revisa la imagen—. Estabas preciosa toda embarazada, me encantaba tu barrigola.

—Fíjate en lo que pone por detrás.

—Déjame ver… —Aroa le da la vuelta y sus ojos se abren como platos—. Pero ¡será hijo de puta!

—¡Shhh! No grites —la reprimo, y señalo a Gael, que sorprendentemente no se ha inmutado y continúa leyendo en el salón.

—Perdona —modifica su volumen y susurra—, pero es que me parece un impresentable. Además, esta presión que está haciendo con las fotos es un acoso. ¿Acaso se cree que te va a reblandecer el corazón y así te vas a apiadar de él? ¡Era lo que faltaba!

—Ya, yo me quedé petrificada.

—Me parece fatal, le daré un toque si me dejas. No es por mal, pero ojalá sea solo un retraso.

—Mañana saldremos de dudas. —Abro mi bolso y le enseño tímidamente la prueba de embarazo.

—Hiciste bien en comprarla. Mañana temprano lo comprobamos, con la primera orina del día, que así está más concentrado y no puede fallar.

—Vale, te aviso antes de que se despierte Gael.

—Sí, por favor.

Acuesto a mi hijo como de costumbre y, sin pretenderlo, me imagino por un instante cómo sería tener dos hijos y que ambos se acurrucaran como lo hace Gael a la hora del cuento. Pronto descarto la idea de la mente.

Por la mañana temprano, me hago el test y, mientras espero, me acerco a la habitación de invitados y aviso a Aroa para que vea conmigo el resultado.

—¿Pasaron los minutos? —pregunta ansiosa.

—No, todavía no —comento.

—Joder, qué largos se me están haciendo estos cinco minutos.

—Ya está… —Compruebo el reloj—. Le doy la vuelta y lo vemos juntas, ¿vale?

—¿Qué pone? —Mira con atención al test—. Una rayita… Eso es negativo, ¿no?

—Sí —reviso la prueba—, es negativo.

—Qué bien, ¿no?

—Sí, pero puede que sea positivo en unos días. Me pasó lo mismo con Gael, tardó bastante en salir el positivo.

—Malo será, pero de momento es negativo. Así que te debería venir la regla pronto.

—Ojalá…

Ese día, la comisaría se encuentra bajo mínimos, pues la mayoría de los compañeros se encuentran reforzando la seguridad de la feria gastronómica: es el primer día del comienzo de esta y todo tiene que estar a punto.

Aviso al subinspector por mensaje de mi llegada, y este me responde que llegará a comisaría al final de la mañana.

Mientras tanto, decido enfocarme en el caso y en buscar similitudes entre Manuela y Mariña.

Ambas tenían un perfil totalmente opuesto.

Manuela era humilde, trabajadora, fiel a sus amigos y a sus padres.

Su enfermedad truncó su suerte siendo demasiado joven, pero aun así ella decidió buscar el modo de dejarles a sus padres una situación económica aceptable.

Para ello se movió entre aguas turbias y decidió intercambiar sexo por dinero con Breixo Louzao, que la llevó a esas fiestas de disfraces.

Además, terminó liberándose de tapujos y prejuicios sexuales, se forjó a sí misma con mayor libertad.

En las fiestas, los testigos comentan que la vieron con el lobo, y cual Caperucita se dejó embaucar y acabó traspasando el bosque hasta adentrarse en su madriguera.

Su destino final fue la Illa da Rúa. Por otro lado, Mariña era una mujer con carácter y un magnetismo hipnótico.

Se consideraba libre, tenía encuentros sexuales con varios hombres y mujeres.

En su trabajo era una crack y se la consideraba capaz de hacer resurgir cualquier empresa.

Huérfana de padres, pero con una amiga íntima, Antía, que la apoyaba en su decadencia.

Su marido era un lazarillo perdido en la oscuridad de Mariña.

A pesar de ello, Mariña necesitaba un chute de adrenalina y acudía a esas fiestas.

Se dejó guiar por el lobo. Y también tuvo su final infeliz, esta vez en la isla de Noro.

Las únicas similitudes que encuentro entre ellas, además de la inicial de su nombre y que ambas hayan aparecido muertas en una isla de la ría de Arousa, son su exaltación de la sexualidad, las fiestas y el lobo.

Aunque a nivel físico ambas compartían un aspecto bastante similar: cuerpo menudo, ojos claros y cabello oscuro.

Necesito más información, caer en aquello que no soy capaz de ver, y solo se me ocurre una forma: entrevistar a Roi.

Así que, cuando Tristán llegue a la comisaría, le solicitaré que convoque la entrevista cuanto antes.

Ansiamos respuestas, yo necesito justificaciones, y Roi puede ser la clave.