Capítulo 9 #3
—Tenemos que ser discretos y no levantar sospechas, de lo contrario el asesino puede escapársenos. Recuerda que para él esto es como un juego, uno en el que siempre nos lleva ventaja.
—Pues a ver si cambian las tornas a nuestro favor.
—Por eso —insisto—, debemos hacer los movimientos correctos y que sea un equipo mínimo el que se entere de nuestras sospechas.
—Me pongo entonces a ello. Mientras redactas la entrevista y la subes al programa, yo voy a ir resolviendo el resto. Mañana trabajas desde casa, ¿verdad?
—Sí. ¿Me necesitas por aquí?
—No, no te preocupes. Lo que pueda ir adelantando mi equipo mejor, pero voy a concertar una cita para que el lunes podamos ir juntos a ver a Louzao.
—Mañana a la tarde estaré en la audición de Gael, y el fin de semana con mis suegros —recojo mis cosas y coloco la silla en su lugar—, pero si surge cualquier cosa me avisas.
—Es verdad, la audición de Gael, seguro que le sale genial. Ya me enseñarás el vídeo. Tú tranquila, que no te molestaré. Desconecta este fin de semana, ya me encargo yo de todo.
—Genial, el domingo te pego una llamada.
—Nada, tú olvídate. —Tristán abre la puerta y desde el pasillo comenta—: Si no te veo al final de la mañana, que tengas buen fin de semana. Ah, y suerte en el auditorio. —Me guiña el ojo.
—Gracias, igualmente. —Me despido con la mano.
El resto de la mañana me la paso reordenando la entrevista y releyendo las pistas obtenidas hasta ese momento.
Decido repasar testimonios del asesinato de Manuela, para conectarlos con el de Mariña.
Y, tras revisar todo detenidamente, el principal nexo de unión es Louzao.
Me llama la atención cómo ambos testimonios del marido y la amiga de Antía son tan similares a la hora de describir el carácter libre de Mariña.
Ese que tanto hace honor a su tatuaje. Es evidente que Mariña buscaba un desahogo sexual, en el que no encontrase ataduras, pero sí una motivación y cierta perversión.
Sin embargo, era una mujer terrenal que conservaba a su mejor amiga desde la infancia, a la que acudía para contarle sus mayores intimidades.
Revisando la lista de posesiones patrimoniales de Mariña, aparece una vivienda unifamiliar en común con su marido, un apartamento en Sanxenxo en primera línea de mar, un piso en el centro de Pontevedra, una moto de alta cilindrada y dos coches deportivos.
El nivel de vida de Mariña estaba basado en el autocuidado personal.
Acudía semanalmente a recibir tratamientos estéticos, a la peluquería y a retocarse la manicura.
Por lo que puedo leer de los testimonios reflejados en el programa policial, Mariña se había quedado huérfana de padre muy joven, y su madre se había encargado de su educación, siempre rodeada de parejas que duraban poco en su vida.
Eso me da una idea de que Mariña replicaba el modus operandi de su madre.
Esta última había fallecido hacía un año de cáncer.
Eso explica también por qué Mariña de pronto dejó a su marido y se volvió más exigente y autónoma.
No tenía hermanos ni familiares allegados.
Mariña se había hecho a sí misma y, gracias a los estudios en Londres que le había pagado una pareja de su madre, pudo conseguir ser una de las mejores en lo suyo.
Conoció a Eloi por la noche, le gustó que le pudiera ofrecer un alto nivel adquisitivo y que le permitiese estar sola bastante tiempo gracias al puesto que su marido desempeñaba.
Está claro que gracias a su trabajo, y a su alto nivel social, Mariña se codeaba con toda la jet set de la zona.
A las dos de la tarde, me despido de los compañeros y salgo a buscar a Gael al colegio.
Le preparo la comida rápido, pues a primera hora de la tarde he de dejarlo en el conservatorio.
Tienen ensayos generales, y se queda toda la tarde.
Aprovecho ese tiempo para hacer recados y acercarme a saludar a Aroa.
Está hasta arriba de trabajo, como de costumbre, pero saca un ratito para tomar conmigo un café en una cafetería cercana a su centro.
—Me encanta este sitio —apunta Aroa mientras se adentra en el local—. Al final no nos pudimos despedir en condiciones después del concierto de San Vicente. ¿Qué tal vas con tu trabajo?
—Puf… Si yo te contara… —Tomamos asiento en una de las mesitas al lado de la ventana—. Cada día valoro más la vida tranquila que tengo en mi casa.
—Ay, pobre, a saber a lo que te enfrentas… ¿Quieres que salgamos el sábado y desconectas?
—Me encantaría, pero tengo la comida de aniversario de mis suegros.
—Ah, es verdad. ¿Es en Noia?
—Sí, en la casa de los padres de Roi. Va a ser algo íntimo, pero quieren tener a su gente cerca. Y estar con Gael, que desde Semana Santa no lo ven.
—Claro, seguro que les hace mucha ilusión lo grande que está. Por cierto, cuenta conmigo mañana en la audición. Ya hablé con la recepcionista de la clínica y me dejó la tarde bloqueada para que esté exclusivamente con Gael después de las siete.
—Genial, le va a hacer muchísima ilusión que vayas.
La voz de un cliente del bar interrumpe nuestra conversación:
—Súbele a la tele, Marita, que están hablando de lo de la chica que apareció asesinada en Rúa.
La camarera hace caso al hombre, le baja el volumen a la música que hay de fondo y sube el de la televisión, hay un magacín que se ve detenido por un avance de los informativos.
«Interrumpimos la programación para darles un avance de última hora sobre el caso del “asesino de la batuta”.
Tenemos que ampliarles la información añadiendo el trágico asesinato de otra joven.
Se trata de Mariña Mallo, natural de Cambados, Pontevedra, que ha sido encontrado su cadáver en el islote de Noro, dentro del archipiélago de Sálvora…
—Aroa me agarra fuerte la mano tras oír la noticia.
Yo por dentro ardo en rabia porque la prensa se haya hecho eco de nuevo de nuestro caso—.
Según las pesquisas estaríamos hablando de un asesino en serie que ha perpetrado los dos crímenes… ».
—Lo siento mucho, cariño —me dice Aroa suavemente al oído mientras remata la presentadora y vuelve la televisión a su programación habitual—. Ahora entiendo por qué en O Grove os marchasteis a toda velocidad.
—Ay, qué impotencia —suspiro susurrando y me encojo de hombros—, yo que quería salir a desconectar y pasar un rato agradable contigo.
—Estos buitres están al acecho y buscan siempre tener la exclusiva. Ya sabes que quien pega primero pega dos veces… —Aroa se fija en el bullicio que hay en el local hablando del tema—. ¿Nos marchamos?
—Mejor será. ¿Te importa si damos un paseo por la alameda?
—Vale. ¿A qué hora sale Gael del ensayo?
—Dentro de una hora más o menos.
—Pues me quedo contigo media hora, porque después tengo un paciente. Venga, vamos a airearnos.
Salimos a caminar fuera del local y, mientras avanzamos hasta la salida del local, se puede escuchar todo tipo de opiniones sobre el caso.
Aprovechamos esa media hora para charlar de otros temas y Aroa me habla de sus aventuras de esa semana con algún paciente.
Lo cierto es que me viene bien para distraerme.
Después de despedirme de Aroa, decido continuar mi caminata cerca del mar antes de encontrarme con mi hijo.
Cuando recojo a Gael, su profesora nos recuerda el horario del día siguiente y la vestimenta que tiene que llevar para el concierto.
Debe acudir con ropa negra y, de no ser así, que al menos sea oscura.
Varias madres que están allí se quejan de que sus hijos no visten de negro.
Entonces recuerdo que a mí me encanta vestirlo de diferentes colores, y que tenemos un conjunto que le encanta a Gael, con sus pantalones vaqueros negros, y que es muy roquero.
Me servirá a la perfección, pero, en vez de ponerle la cazadora de cuero y la camiseta de los Ramones, le pondré una camiseta gris casi negra que tengo junto a los pantalones.
Nos despedimos de las familias y ponemos rumbo hasta casa.
Al llegar al garaje, nos encontramos con Roi, que también está aparcando su vehículo.
Le hago señas de que Gael se ha dormido, y Roi me dice que va a ir así directo a la cama.
Y así hace: lo lleva en volandas hasta su habitación.
Allí suavemente, y sin que se despierte, le quito la ropa como puedo y lo visto con su pijama; está tan rendido que ni se inmuta.
Roi tiene mal aspecto y me comenta que le ha sentado mal la comida, por lo que apenas cena.
Pongo la tele para distraerlo, pero todos los programas y noticiarios abren con el hallazgo de Mariña.
Es imposible encender la televisión sin que te encuentres la noticia de fondo.
Roi me comenta que prefiere irse a dormir, ya que le duele la cabeza.
Lo cierto es que por una vez lo noto humano, cansado y sin ganas, así que empatizo con él, pues yo también llevo una temporada somatizando mi estrés del caso con jaquecas y tensión cervical.
De modo que me quedo en el salón viendo un capítulo de una serie y pronto termino en la cama.
Por la mañana, me despierta Roi vistiéndose: se marcha temprano para poder estar juntos de nuevo al mediodía.
Tiene mejor aspecto, aunque parece aquejado todavía.
Hoy mi día gira en torno a Gael, así que preparo todo para su último día del curso y el posterior concierto.
Después de desayunar, espero a que termine de amanecer para poder ir a despertar a Gael.
—Buenos días, cariño. —Le doy un beso en la mejilla y le retiro la colcha suavemente—. Hoy es un día importante, pero estoy segura de que todo lo que te propongas lo vas a conseguir.
—Mami, ¿después de la audición puedo tomar una pizza?
—Sí, meu amor . Después del concierto vamos a ir con los abuelos y con Aroa a cenar al italiano que tanto nos gusta.
—¡Bieeen!
—Ahora vístete, que te espera abajo un desayuno muy rico y nutritivo para que te lo pases en grande en tu último día del cole.