El eco de la niebla Capítulo 9
48%

Capítulo 9

Dentro de la estancia, se encuentra Lois sirviéndole un café al musicólogo, Salcedo me hace un breve gesto con la mano para saludarme y poco después desaparece por la puerta.

Xiao lleva un traje verde oliva que le queda bastante grande y un tanto desfasado en el tiempo.

Se nota que está acostumbrad o a vestir con ropa más informal, como cuando nos recibió en el Museo do Pobo Galego, y se intuye que se ha puesto elegante para acudir a la comisaría.

—Buenos días, gracias por venir y ayudarnos en el caso —comenta Tristán.

—Buenos días, es un placer —dice ajustándose la americana, que le queda tres tallas más grande.

—Buenos días, le agradecemos su colaboración en el caso. ¿Ha podido resolver la pista? —pregunto.

—Sí, es otra ópera. En este caso hace referencia a Carmen , de Georges Bizet.

—¡Oh! Esa sí que la conozco —comento.

—Además, está basada también, como ocurre con La traviata , en un libro.

Se trata más concretamente del aria «La habanera», perteneciente a la ópera Carmen , que proviene de la novela homónima de Prosper Mérimée.

Ha sido la última ópera y obra maestra de Bizet.

Era demasiado escandalosa y realista para su época, hablamos de 1875, y el autor tuvo que reescribir muchos pasajes y urdir otros nuevos.

—Cuéntenos qué esconde esta obra —apunta Tristán.

—La novela original comienza diciendo: «Todas las mujeres son tan amargas como la bilis, pero cada una tiene dos buenos momentos».

—Caray, están claras sus intenciones misóginas. ¿Y cuáles son esos buenos momentos? —interrumpo.

—Pues el primero se refiere al sexual y el siguiente a la tumba.

Como bien pueden observar, se trata de una dicotomía en la que la sexualidad y la muerte están presentes en toda la obra.

Además del fuerte poder y carácter de la protagonista, Carmen era una mujer con mucho temperamento, de espíritu libre y muy sensual.

Tenía una extraordinaria belleza exótica y, con su raza calé, atraía tanto a hombres como mujeres.

Se la consideraba una mujer indomable y con una sexualidad apabullante.

Tristán y yo nos miramos mientras escuchamos las palabras de Xiao. Me acuerdo de Mariña y de lo que ha comentado su marido, así como de su tatuaje de ceibe .

—¿De qué trata la ópera? —pregunta Tristán.

—El argumento de la ópera nos sitúa en Sevilla de 1820.

Carmen es una provocativa y bella gitana que trabaja en una fábrica de cigarrillos y es aliada de los contrabandistas.

Ella se enamora de don José, que es un cabo de la guardia.

Y este se deja engatusar por los encantos de Carmen y acaba incumpliendo sus deberes como soldado; vamos, que se deja liar y se une a una banda de contrabandistas.

Don José también traiciona los deseos de su madre enferma, que esperaba que se casara con su novia Micaela y que regresara al campo.

Pero entonces Carmen se fija en el torero Escamillo, y don José no puede controlar sus celos y acude a una corrida de toros.

Aprovecha que el público se distrae mientras aplaude la faena del torero y mata a Carmen.

—Todas las óperas acaban mal —comenta Tristán.

—Sí, lo cierto es que sí. Era lo que vendía en esa época.

—¿Y existe alguna flor como pasaba con la camelia y La traviata ?

—Pues, ahora que lo dice, hay una flor que, al principio del primer acto, Carmen le lanza en la fábrica de cigarrillos al soldado don José.

Lo hace porque era el único que no sucumbía a sus encantos, pero este la guarda en el bolsillo para que Micaela no se la vea, aunque no habla de esta en una manera relevante.

—Comprendo.

—De todos modos, aquí les he redactado un informe más detallado y completo donde pueden encontrar más información del autor, del compositor, etc. —Xiao me ofrece una carpeta.

—Perfecto, se lo agradecemos —comento mientras recojo la carpeta que contiene el informe.

—Muy bien, estaremos en contacto, y si lo necesitamos lo llamaremos. Muchas gracias por su ayuda —se despide Tristán.

—Nada, para lo que necesiten estoy aquí.

Al despedirnos del musicólogo, Tristán y yo nos aproximamos a la sala para tomar un café y aprovechamos que está vacía para intercambiar impresiones.

—¿Qué te parece? —pregunta Tristán.

—Que por lo que veo ha dado en el clavo. Me temo que el perfil de Mariña está muy bien representado en el papel de Carmen —comento mientras preparo café.

—Totalmente, eso mismo he pensado yo. Lo que me llama la atención es saber quién pudiera ser ese don José y quién ese Escamillo. —Tristán prepara dos tazas.

—Sí, yo pienso que don José es nuestro asesino, que probablemente haya tenido algún tipo de relación con Mariña, y al sentirse celoso o ninguneado se ha querido deshacer de ella.

A lo mejor no existe en la realidad ningún Escamillo y es la representación de varios de sus amantes.

Fíjate que su marido dice que le dejaba que tuviera sus affaires siempre y cuando no se hablase del tema en casa y mantuvieran su relación intacta.

—¿Crees entonces que pudiera ser don José el marido?

—No lo creo, pero aun así hay cosas que quedan en el aire. —Vierto el café sobre las tazas y le ofrezco una a Tristán.

—Entonces debemos ahondar más en el tema y buscar a alguien a quien se le relacione con Mariña. Tendrá que estar entre alguno de sus amantes.

—Probablemente. —Nos sentamos a la mesa.

—Tenemos pendiente mañana la entrevista con la amiga íntima de Mariña.

—Quizá ahí podamos obtener más información. —Le doy un sorbo a mi bebida.

Aprovechamos unos minutos para hablar sobre el caso y terminamos la mañana trabajando cada uno en nuestro escritorio.

Al finalizar la jornada, me dirijo al colegio a recoger a Gael.

Está muy contento, pues en dos días tendrá vacaciones.

Hemos decidido Roi y yo este año que, debido a mi trabajo, pediremos ayuda a mis padres para poder conciliar con Gael, y así yo podré disponer de algunas mañanas para ir a trabajar.

Este mes remataré mi trabajo presencial en la Universidad de Santiago de Compostela y eso me dejará más tiempo para conciliar.

Al aparecer un nuevo caso en el que mi implicación es esencial, tengo que organizarme muy bien, pues todos los años suelo tomarme a finales del mes de julio y el mes de agosto vacaciones para poder estar con Gael a tiempo completo.

Así que antes de ir a natación con mi hijo nos acercamos a saludar a sus abuelos.

Al llegar a la casa de mis padres, un olor a magdalenas recién horneadas inunda la vivienda.

Siempre me ha gustado ver a mi madre elaborando postres con minuciosa paciencia.

El olor de esas magdalenas me transporta rápidamente a mi infancia.

Recuerdo cómo mi madre me invitaba de pequeña a hacer de su ayudante de cocina mientras escuchábamos en el tocadiscos la música relajante de Sade.

Mi madre me facilitaba un delantal pequeño, que ella había confeccionado con esmero para mí, y me situaba junto a ella para intentar reproducir el proceso.

Sobre la encimera de la cocina extendía las masas que juntas preparábamos, y yo, subida encima de una banqueta de madera pequeña, de puntillas y bajo un equilibrio inestable, intentaba estirar las masas con el rodillo que ella me facilitaba.

Me encantaba hacer ese plan el fin de semana o en verano, sobre todo cuando la temperatura no acompañaba, porque se nos pasaba el tiempo rapidísimo, y yo me sentía muy feliz creando esos postres junto a mi madre.

Es increíble cómo un olor te puede trasladar y ubicarte a la perfección en un recuerdo.

Me pasa lo mismo con el petricor, ese olor de la lluvia en verano, el aroma de la tierra húmeda, que siempre ha sido muy agradable para mí.

Me transporta a la casa de mi abuela, donde ella recogía la ropa tendida rápidamente para que no se mojase y apartaba las hamacas del jardín al interior de la casa a una velocidad pasmosa.

Cuando entramos, mi padre abre la puerta con entusiasmo y rápidamente eleva con sus brazos a Gael. Este es feliz sintiéndose arropado por su abuelo, me encanta verlos juntos, tienen un idioma propio en el que sus cosquillas y carcajadas elaboran un diálogo.

—Si sigues creciendo tanto, dentro de poco me vas a tener que coger tú a mí —comenta mi padre fascinado por Gael.

—De mayor voy a ser más alto que tú y que papá —matiza Gael mientras replica con su dedo índice.

—Eso espero, filliño .

—¿Qué tal la semana, papá? —Le doy un beso en la mejilla y lo abrazo—. ¿Dónde está mamá?

—Como siempre, cada vez más viejos, pero más sabios. Tu madre está en la cocina preparando magdalenas.

—Qué bien huele. Gael, ¿vamos a ver a la abuela a la cocina?

—Sí, vamos —comenta entusiasmado.

Traspasamos el umbral de la cocina y encontramos a mi madre sacando el postre del horno.

—Pero bueno, ¿dónde están meus amoriños ? —Mi madre coloca la bandeja con el horneado en la encimera, se saca la manopla y recibe a Gael con los brazos abiertos.

—¡Abuelaaa…! —Recoge el abrazo Gael.

—Pero ¡qué grande estás! ¿Quieres llevarte para casa unas magdaleniñas ?

—¡Sí, por favor!

—Pero qué feitiño es este netiño . Ven, que me ayudas a meterlas en un táper.

—¿A qué hora tenemos que estar el viernes en la audición de violín de Gael? —pregunta mi padre.

—Es a las ocho en el auditorio. Pero sobre las siete y media ya abren las puertas. Nosotros nos acercaremos a primera hora, porque tienen que hacer varios ensayos, y así ya os guardamos un asiento.

—Pues ya vamos tu madre y yo cuando abran las puertas, que esa zona va a estar complicada para aparcar si llegamos justos.

—Sí, mejor será. Cualquier cosa, me avisáis.

Después de pasar un agradable y breve momento familiar, me llevo a Gael a clases de piscina. Al final de la tarde, mi marido nos espera con unas fajitas para cenar.

—¿Qué tal el día, cariño? —Roi se aproxima y me da un beso.

—Bastante bien, fuimos a ver a los abuelos y trajimos un montón de magdalenas.