El eco de la niebla Capítulo 8 #6
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Capítulo 8 #6

—Me explicó tiempo después que solo había sido un rollete esporádico y que no tenía mayor importancia.

Me recriminó que la había desatendido y que, si insistía mucho en el tema, me dejaría —el anestesista toma un trago de agua del vaso que tiene delante de él—, y a los pocos días se fue de casa durante un mes.

Cuando conseguí recuperar la relación, apareció con un tatuaje que ponía ceibe en el brazo.

Me hizo prometerle que, si quería continuar con ella, debía acceder a todo y que nunca cuestionara nada.

También llegamos a un trato en el que yo consentía que ella tuviese sus affaires de vez en cuando, pero que no hablásemos de ello al respecto. Todo a cambio de que no me dejase.

—Entonces usted ha sido consentidor consciente de todo ello.

—Sí, yo la quiero… La quería… Dios, qué difícil se me hace esto.

—Empiezan a resbalar por su rostro dos lágrimas—.

No podía estar sin ella. Ese mes sin ella fue horrible.

Mariña es como una droga, invade tu vida, la revuelve al completo y te hace querer más de ella.

Ya no solo hablo a nivel sexual, que es una fuera de serie, sino con su personalidad arrolladora.

—Comprendo. ¿Y qué estuvo haciendo la tarde y la noche del sábado 13?

—A ver, Mariña tenía planes, no me los quería comentar. Lo sé porque siempre hacía lo mismo: preparaba una pequeña maleta, se iba a la peluquería a ponerse guapa y desaparecía una noche. Yo no preguntaba y ella después estaba conmigo el resto de la semana.

—¿Y usted qué hizo? —interrumpe Tristán.

—Pues yo pasé consulta en Vigo hasta cerca de las ocho.

Me quedé revisando las cuentas e hice un par de llamadas.

Cerca de las diez me marché para Cambados y debí de llegar a eso de las once.

Paré en una pizzería del pueblo a coger una pizza.

Fui para casa, cené y me metí en cama a eso de la una de la madrugada.

Debíamos cotejar las cámaras cercanas, pero no me parecía el tipo de persona que asesina a su mujer porque mostraba demasiada dependencia.

Aunque por lo que relataba estaba dispuesto a hacer lo que fuera por mantenerla cerca de él.

El amor y el despecho suelen ser unas de las causas principales de asesinato.

—¿Por qué tardó tanto en echar de menos a su mujer? —pregunta Tristán.

—Pues por lo que les he comentado: solía desaparecer los fines de semana, y no era hasta el lunes al mediodía que nos solíamos ver.

Llamé a Piñeiro y me dijo que no se había presentado a una reunión que tenían esa mañana; entonces llamé a todo su entorno y, al no obtener respuesta, fui de inmediato a la comisaría.

—Mire, una última pregunta… ¿Alguna vez acudió con Mariña a una fiesta que tenía que ver con máscaras?

—No, solo íbamos a sitios en los que supieras que podías hacer ese intercambio. Hay varios locales en Vigo y en Sanxenxo, pero de disfraces no. La única que puede saber algo más que yo acerca de su vida extramarital es Antía, su única y gran amiga.

—Muy bien, tomamos nota. Si necesitamos más información, le avisaremos. Muchas gracias. —Me levanto de la silla y me acerco hasta la puerta con Tristán.

—Gracias por su tiempo —concluye el subinspector.

—A ustedes.

Tras la entrevista con el marido de Mariña, hay muchos cabos sueltos que no terminan de cuadrarme en toda esta historia.

Pero, mientras no se corrobore su coartada, seguiré poniendo en duda al doctor Souto.

La mañana finaliza bastante ajetreada para todos y yo voy a pasar el día con mi hijo.

Mientras hago la cena, Roi regresa a casa.

—¿Cómo estás, cariño? ¿Algo mejor? —pregunta Roi.

—Sí, me ha venido bien irme a la cama temprano ayer. Hoy haré lo mismo, aunque de todos modos tengo que tomarme algo para el dolor de cabeza, que lleva todo el día persiguiéndome.

—Vaya, deja que te ayude. —Se pone un delantal.

—Por cierto, tú hoy no tienes muy buena cara tampoco. —Me fijo en las ojeras de Roi y en el mal aspecto de su tez; parece que el trabajo le está pasando factura—. ¿Todo bien?

—Sí, hoy he tenido un día complicado, pero es veros y ya se me pasa. —Roi me besa y me da un fuerte abrazo.

Finalizo el día intentando apagar mi dolor de cabeza yéndome a la cama pronto.

A la mañana siguiente, me levanto con tiempo para poder disfrutar de un desayuno en condiciones y, tras despedirme de mi familia, me dirijo a comisaría.

Allí ya nos espera Xiao Castedo para darnos información acerca de la pista musical.

Nos comenta el jefe que le coincide de camino venir a vernos, y además Limán nos ha dicho que debemos vernos con cada experto personalmente para que no haya filtraciones y los datos aportados no se extravíen.

Mi dolor de cabeza continúa y parece que los analgésicos solo disminuyen parte de este.

Lo único que apaga mi malestar es encontrarme con Tristán cruzando el pasillo. Cuando su mirada se encuentra con la mía, me saluda y me sonríe, y resulta encantador. Juntos nos adentramos en una salita que ha quedado libre.