El eco de la niebla Capítulo 7 #4
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Capítulo 7 #4

—Que también es una persona muy importante —añade Roi. Se acerca, aparta un mechón de pelo de mi mandíbula y me da un beso en los labios.

Lo cierto es que mi marido ha apostado todo a ese gran detalle.

No sabía que me conocía tan bien. Por fin vuelvo a ver aparecer al Roi del que me enamoré.

¿Y si me he pasado estos días y el pobre solo quería estar con su familia tanto como yo, pero su trabajo no se lo permitía?

A veces soy un poco exigente, es algo inherente a mí. Quizá deba dejarlo respirar.

—Muchas gracias, Roi. Yo no te he comprado nada.

—No hace falta. Tú ya eres mi regalo.

Después de ese momento inesperado que ha tenido Roi preparado para mí, aprovechamos que Gael se ha dormido pronto para continuar la celebración en nuestra habitación.

Yo me desnudo y me introduzco en la ducha, Roi también lo hace y viene detrás de mí.

El agua resbala por los músculos marcados de mi marido y, del mismo modo que habíamos hecho hace catorce años, nos besamos.

Hacemos el amor allí mismo, bajo la lluvia caliente que la ducha nos proporciona.

A la mañana siguiente encuentro mucho ajetreo en comisaría.

Es un ir y venir de gente. Comienzan los preparativos de la feria gastronómica y el asesinato de Manuela ha azotado a la sociedad, por lo que se teme que afecte al evento.

Esa noche, los padres de Manuela aparecen en un programa de televisión para conceder una entrevista.

Nos informan de que desde arriba se pretende interceder y que no se facilite ningún tipo de información que enturbie el caso.

Casi a punto de terminar mi jornada, y de regreso del lavabo, me cruzo con Tristán en el pasillo.

Tropezamos tontamente, él me sujeta ávido y veloz y evita que me estampe contra una papelera.

Me recoloca con un movimiento hábil y luego me pregunta si estoy bien.

Yo tardo unos segundos en poder responderle, pues me encuentro demasiado cerca de él, demasiado cerca de esa mirada.

Retrocedo un paso para encontrar mi espacio y termino de ajustar mi vestido.

—Tiene que disculparme, no la había visto, pero en mi defensa diré que usted iba a toda velocidad y ni ha mirado cuando ha salido.

—Perdone, estaba distraída.

—No se preocupe, iba ahora a hacer un descanso. ¿Me acompaña a tomar un café?

—Deme dos minutos, que termino de redactar un informe y voy.

—Perfecto, voy preparando los cafés; además, traje un trozo de tarta de manzana.

—Genial, ahora mismo me uno —añado.

Remato el papeleo y pronto me acerco a la salita.

Allí veo a Tristán charlando con Gregorio y una compañera.

Están sentados a la mesa junto con el subinspector.

Me fijo en que uno de los asientos libres junto a Gregorio tiene situado delante mi taza de café, colocada encima de la mesa junto a un trozo de tarta.

—Venga, que te estábamos esperando. —Gregorio me hace un gesto invitando a sentarme a su lado—. Tienes que probar la tarta que hizo el jefe.

—Oh, muchas gracias. ¿Así que usted ha hecho esta tarta?

—Así es. —Tristán asiente tímidamente.

—Habrá que probarla entonces. —Tomo un bocado y el sabor a manzana con toques de canela se adentra en mi paladar—. Qué buena está. No sabía que cocinara.

—Ya ves, joven, guapete y que cocina. Este no llega soltero a la Fiesta del Albariño.

—Qué brutiño eres, Gregorio —le reprende una compañera.

—Es que no se puede venir aquí con estos postres tan ricos.

Que sepa que en estas comisarías las pocas mujeres que hay están casadas o arrejuntadas.

Así que al único que va a conquistar por el estómago será a mí.

—Gregorio le da un codazo a Tristán, y observo que este tiene las mejillas enrojecidas.

—Cree el ladrón que todos son de su condición. A lo mejor es lo que pretendo. —Tristán se ríe tímidamente—. ¿Así fue entonces como conquistó a Berta?

—Ya me gustaría, lo de cómo conquisté a mi Bertiña es una larga historia, pero queda para otra ocasión.

—La verdad es que está increíble la tarta, debe traerla más a menudo —le dice la compañera a Castro mientras saborea un bocado.

—Y que lo digas —apostillo.

—Está bien, tomaré nota. Pero habrá que darle las gracias a mi abuela Rosiña, que es la que me enseñó a hacer la mayoría de los postres.

—O sea, ¿que sabe hacer más recetas? Manda carallo , y tiene que ser ahora que me manda el médico modificar la dieta por lo de la vesícula.

—Es verdad, Gregorio, ¿cuándo le operan? —pregunta Tristán.

—Pues, si todo va bien, la última semana del mes. Será la primera vez que me coja una baja. Y que sepáis que os quedáis sin las tortillas de Bertiña los viernes, porque la tendré preparándome comidas solo para mí, eso sí, de dieta, de esas insípidas que no hay Dios que las trague.

—Anda, que vas a estar genial cuidado —le comento.

—De eso no tengo duda, el problema es aguantarme a mí. No estoy acostumbrado a estar parado en casa.

—Así vas practicando para la jubilación —añado.

—Sí, hombre, era lo que me faltaba. Qué pronto me queréis ver fuera de aquí. —Gregorio se levanta y recoge su taza—. Bueno, me voy, que tengo mucho chollo .

—Yo también —comenta la agente.

—¿Quiere más tarta, Laia? —pregunta Tristán sosteniendo la bandeja.

—No, gracias.

—Por cierto, mañana si quiere puede trabajar desde casa. Tendremos algunas reuniones con el tema de la feria, y además esta noche salen en la tele los padres de Manuela. No vaya a ser que tengamos a la prensa en la puerta de nuevo.

—Por mí perfecto.

—Entonces ya nos vemos el sábado en el concierto.

—Genial, yo voy a terminar de trabajar media hora más y me voy a recoger a Gael.

—Muy bien, hasta el sábado. —Me dedica una sonrisa.

—Hasta el sábado —me despido.

Al llegar a casa nos recibe en la entrada el precioso ramo de flores que me ha regalado Roi.

Recuerdo el gesto que ha tenido conmigo y decido que mientras Gael va al conservatorio puedo ir a buscarle un detalle a Roi.

Ese día nos han avisado de que se quedará una hora más en clases de violín, pues a la semana siguiente tiene su primera audición como violinista.

De modo que, tras callejear por las tiendas, y después de varios intentos, encuentro algo que le va a encantar.

En casa, Roi nos saluda mientras termina de preparar la cena. Coloco el mantel y encima de su plato le dejo el obsequio. Roi se aproxima a la mesa y repara en que hay algo diferente en su plato.

—¿Tengo un regalo yo también? —comenta entusiasmado.

—Sí, es un detalle.

—A ver… —Roi rompe sin piedad el papel de regalo y se encuentra con un vinilo; se trata de un disco remasterizado del grupo Audioslave—.

Me encanta, es un discazo. Recuerdo como si fuera ahora mismo que esa noche, mientras nos besábamos por primera vez, sonaba en el bar su tema de «Be Yourself».

Me armé de valor, aproveché que me sonreías y te dije que me encantabas.

—Tuviste suerte de que sonase la voz de Chris Cornell de fondo, así fue fácil enamorarse.

—Ya ves, no me salió tan mal la jugada… Gracias por el disco, cariño, me encanta. —Nos abrazamos y me da un beso en la frente—. ¿Lo escuchamos mientras cenamos, Gael?

—Sí, porfa —comenta Gael mientras le da un bocado a su revuelto de setas.

—Roi, ponlo a un volumen suave, que después queda excitado para irse a la cama.

—Venga.

Rematamos nuestra cena y nuestro día con una bonita banda sonora.

Amanece el día siguiente con el cielo nublado, preparo el desayuno, y, mientras ayudo a vestirse a Gael, Roi termina de tomar algo en la cocina.

Cuando este acaba, lo lleva hasta el colegio.

Agradezco esta versión de mi marido más presente.

Aprovecho mi día en casa para poner las tareas del hogar a punto.

A media mañana enciendo el televisor y veo la entrevista que han concedido los padres de Manuela la noche anterior.

En ella, se culpa a los políticos y a la policía de mala praxis por no ofrecer antes una alternativa para poder ayudar a que descansasen los restos mortales de Manuela como ella deseaba.

La entrevista comienza mostrando el lado más desgarrador de los padres, acompañados de varios resúmenes visuales de la vida de Manuela.

Enfocan en primer plano las lágrimas de la madre y, en una pantalla partida, aparecen fotos y vídeos de Manuela con una música emotiva.

En las imágenes, Manuela está acompañada siempre de su sonrisa, se la ve en sus mejores momentos, junto a su familia y amigos.

A mitad del programa, la entrevista va cambiando de tono.

Aparecen los reproches y lo que parece un documental homenaje se acaba tornando en una especie de debate político.

Termino de visionar el especial de Manuela.

Me duelen ciertos comentarios de la familia hacia el operativo que estamos investigando el crimen.

Minusvaloran varias veces nuestro trabajo, y la presentadora aprovecha la mínima brecha para colarse en el dolor de la familia.

Me parece todo un espectáculo televisivo que poco ayuda al avance en el caso y que muestra morbo y carnaza por doquier.

Mientras plancho sigo con la televisión de fondo y veo que, tal y como había predicho Tristán, un montón de periodistas se agolpan en la comisaría de policía buscando reacciones tras la entrevista.

Por unos instantes me alegro de no estar por allí, y agradezco que Tristán haya tenido el detalle de haberme mantenido al margen.

Termino de hojear mis apuntes y el diario de Manuela, fijándome en si se me ha escapado algo.

Mi indignación va en aumento, siento que estoy en un laberinto sin salida.

Me pregunto si he perdido mis dotes y si la resolución exitosa de los anteriores casos ha sido mera suerte.

Termino el día en familia y sin poder quitarme a Manuela de la cabeza.