El eco de la niebla Capítulo 6 #5
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Capítulo 6 #5

Nos acostamos pronto, pues al día siguiente ponemos rumbo a una escapada exprés.

Por la mañana temprano, mientras Gael duerme, hago una maleta con todo lo necesario para pasar una noche fuera los tres.

Como el tiempo en Galicia es tan inestable, se convierte en una tarea compleja poder acertar.

Entonces decido introducir en mi maleta unos cuantos «por si acaso» más, esos que siempre ocupan y que al final nunca se utilizan.

Ponemos rumbo al norte, Roi conduce y yo me encargo de poner la playlist que acompaña el viaje.

Había reservado una noche en una casa rural cerca de Ribadeo.

Aprovechamos el trayecto para hacer una parada y desayunar en el Parador de Vilalba y, de paso, nos acercamos a una confitería y nos llevamos uno de sus increíbles roscones almendrados.

Llegamos antes de comer a la casa rural, que se trata de una construcción antigua totalmente rehabilitada.

Tiene un jardín pequeño pero muy coqueto, con un hórreo y aperos de madera antiguos que decoran el césped.

Hay una piscina y una zona de solárium. En el interior de la casa, las paredes son de piedra, y las maderas nobles decoran cada espacio.

Compartimos espacios comunes con otros huéspedes y disponemos de una habitación en la parte de la buhardilla.

Es un cuarto sencillo con muebles antiguos recuperados.

Se juntan elementos atemporales con los más modernos, creando una paleta de color en tonos neutros, pero con un diseño actual.

Una vez recorrido nuestro espacio, dejamos nuestros enseres en la habitación y nos acercamos al centro de Ribadeo para comer en uno de sus restaurantes más afamados.

Degustamos unos platos increíbles y aprovechamos que a la tarde baja la marea para enseñarle a Gael la playa conocida como As Catedrais.

Se trata de una de las playas más bellas de nuestras costas.

Su nombre hace referencia al dibujo que la erosión del mar y del viento ha hecho sobre los acantilados que bordean el litoral.

Se han creado arcos que simulan estar tallados a conciencia y parecen unos arbotantes góticos.

La naturaleza ha diseñado un paisaje singular, creando pasadizos y cuevas que parecen estar sacadas de un cuento.

Cuando era pequeña, casi nadie se acercaba a esta playa y no existían reservas para visitarla como sucede actualmente.

Es un paraje hermoso, abrupto, naturaleza en estado puro.

Aprovechamos para hacer alguna fotografía con Gael y pasear debajo de los arcos.

La masificación del entorno ha hecho que se desluzca el lugar.

Quizá mis recuerdos me llevan a una playa más solemne, más virgen, y en la que el sonido del mar estaba muy presente.

Ahora es complicado disfrutar del lugar.

Al volver a la casa, estrenamos la bañera enorme de hidromasaje, en la que nos sumergimos los tres juntos.

Está ubicada justo debajo de un gran ventanal que se abre desde el suelo hasta el techo del bajocubierta y nos permite disfrutar de un entorno natural.

Es una vista despejada coloreada por campos verdes y un azul cantábrico que se vislumbra al fondo.

Sin duda, una postal idílica. Quiero congelar ese instante en mi mente.

Después de nuestro baño, pedimos el room service y nos traen la cena, todo sabe mejor fuera de casa.

Se acrecienta el cansancio y me introduzco en esa enorme y confortable cama.

El olor de las sábanas limpias, el tacto suave y acogedor que estas proporcionan, siempre me reconforta.

Me agrada el olor a limpio, me gusta perderme en el aroma que desprende mi cabello recién lavado, en el de mi piel hidratada tras el baño…

Es un olor que me evoca mi infancia, que me dirige hacia la casa de mis abuelos y me hace viajar hasta la ropa que tendía en su jardín. Huele a hogar.

Para despedir nuestra escapada decidimos ir al centro a pasear y enseñarle Ribadeo a Gael.

Le compramos un juguete de madera de recuerdo a nuestro hijo en una tienda muy pequeña, en la que un artesano solo trabaja con materiales naturales.

Nos comenta que está a punto de jubilarse y que no hay generaciones nuevas que quieran relevarlo, pues esos oficios se quedan obsoletos.

Me entristece, pero me alegra que Gael tenga una de las piezas de su taller.

De regreso a casa, paramos en Mondoñedo y visitamos su preciosa catedral.

Compramos varias de sus famosas tartas, para nosotros y para compartir.

Una vez en casa, descansamos hasta la llegada de la noche.

El lunes hemos quedado al final de la mañana con mi amigo Iago Balboa en la facultad de Geografía e Historia de Santiago de Compostela.

Así que a primera hora llego a la comisaría, les dejo a mis compañeros los postres que he comprado en mi escapada a la Mariña lucense y trabajo un poco en el caso.

Pasado un par de horas, Tristán y yo ponemos rumbo a la capital gallega.