Capítulo 6 #3
A primera hora de la mañana llevo a Gael hasta el colegio, después acudo al encuentro con mis padres y regreso como siempre, con una bolsa llena de productos de la huerta.
Mi madre ha ido el día anterior al mercado y nos ha comprado pescado en abundancia, porque, según me ha dicho, ese día hay una muy buena plaza y no se fía de que me esté alimentando correctamente.
Ella es excelente regateando en las tiendas, siempre consigue el mejor producto a un precio inigualable.
Me encanta llenar la nevera y alacenas de producto fresco y de la huerta.
A media mañana, me dispongo a buscar datos que pudieran aportarnos información sobre las fiestas de máscaras.
Me está costando mucho encontrar algo relacionado con esos eventos.
Se me pasa la mañana volando y sin hallar nada contundente.
Termino de hacer la comida antes de ir a recoger a mi hijo.
Al tener tiempo, aprovecho para poder sacar a relucir mis dotes culinarias con calma.
Preparo un plato más elaborado que de costumbre, como si fuera fin de semana.
Hago una crema de verduras de primero y después unas colas de rape con almejas en salsa verde.
Me doy el lujo y elaboro una mousse de chocolate con frutos del bosque.
Pero mis elaboraciones se ven ensombrecidas por la ausencia de Roi, pues tampoco nos acompaña en la comida, así que al terminar llevo a Gael a sus clases de natación.
Es una actividad que le encanta compartir con su padre, pero este me ha avisado de que, con mucha pena, hasta el final del día no nos podremos ver.
Estoy dispuesta a que me deje plantada, pero no a mi hijo.
A veces me pregunto si se da cuenta del vacío que provoca.
A media tarde regresamos a casa. Como todavía Roi no ha llegado, aprovechamos para elaborar una maqueta sobre el sistema solar que le han mandado realizar en el colegio.
Disfrutamos juntos pintando y haciendo manualidades, algo que me encanta y que hace tiempo que no comparto con mi hijo.
La risa de Gael se ha convertido en mi sonido favorito desde que soy madre.
Su gesto es pillo, pizpireto, sin malas intenciones ni prejuicios.
Cuando su boca sonríe, lo hacen también sus ojos, se muestran esos hoyuelos que me enamoran y sus mejillas se tornan rosadas.
Qué pena que su padre no quiera empaparse de todos estos momentos con su hijo.
Al final de la tarde, Roi nos acompaña e insiste en ayudarnos con el sistema solar, pero su maña ese día no está de su parte, y nos mofamos de él bastante con el resultado decadente de sus obras de arte.
Finjo como de costumbre delante de mi hijo para que no aprecie el enojo que tengo con su padre.
Antes de cenar conseguimos terminar un proyecto algo decente y despedimos el día con nuestra rutina particular.
Cuando la semana está por terminar, no suele haber demasiado movimiento en la comisaría, pero hoy está la oficina bastante completa.
Gregorio me informa de que el jefe me reclama y que debo pasarme hasta el despacho del inspector Limán.
Me acerco de inmediato y al entrar puedo respirar el desasosiego del ambiente.
Reparo en Tristán, que me saluda con la mano y una tenue sonrisa, y yo tomo asiento junto a él.
—Buenos días —saludo.
—Buenos días. Le vamos a informar de las medidas tomadas en estas jornadas tras los acontecimientos a los que tuvimos que enfrentarnos.
El martes se congregó un número importante de personas en modo de protesta contra lo sucedido con Manuela Pita.
La prensa ha estado presionando todo el día a nuestros compañeros, grabándolos sin su consentimiento a su entrada o salida del edificio.
Han lanzado varios objetos a algún policía.
Uno de los manifestantes ha herido a Salcedo en la cabeza.
—¡Por Dios santo! —Me echo las manos a la boca—. ¿Está bien?
—Sí, han sido cuatro puntos de nada. Lo peor ha sido que varias personas han grabado el incidente con el móvil y lo han compartido, se ha vuelto viral en las redes sociales.
Hemos conseguido mantener el tipo hasta que al final se han marchado.
Y ahora nos vemos ante la situación de tener que mantener restricciones.
Se creará un registro cada vez que alguien acceda a los informes o pruebas sobre el caso.
Así se sabrá quién ha visto la información y a qué hora.
—Entiendo. Me parece correcto. ¿Se sospecha de alguien?
—Seguramente haya sido el entorno familiar de la víctima, dado su descontento con no poder ejecutar las últimas voluntades de su hija, pero esto nos sirve para permanecer alerta.
La prensa tiene datos bastante certeros acerca de la escena del crimen, de modo que hemos contactado con el IMELGA para que tomen medidas también acerca de la manipulación de datos sobre el caso.
Debemos extremar las precauciones, así que, ante cualquier actuación que perciba fuera de lo normal, debe contactar con nosotros de inmediato.
—De acuerdo.
—A media mañana nos reuniremos con los representantes políticos, pues está a punto de celebrarse la feria gastronómica y este caso ha puesto todo patas arriba. Cualquier medida que se tome le será informada.
—Muy bien, muchas gracias. —Me levanto y voy hasta la puerta de salida—. Que tenga un buen día.
—Igualmente.
Me dirijo hacia mi mesa, tomo mi teléfono, le escribo un mensaje de ánimo a Lois y me pongo de lleno con el caso.
Me da mucha impotencia la relevancia que está cobrando el asunto, así que reviso concienzudamente los datos hasta ahora aportados, buscando cualquier tipo de actualización que pudiera aparecer.
Tras pasar el inicio de la mañana redactando los datos recapitulados sin obtener demasiados avances, Tristán se acerca a mi mesa y percibo su indiscutible magnetismo; es imposible no dejar la vista suspendida hacia su presencia.
—¿Le apetece venir a tomar un café? —Me mira fijamente y lo acompaña su impoluta sonrisa.
—Sí, claro.
Nos dirigimos a la salita donde está la zona de café.
Me dispongo a preparar un café para mí y otro para Tristán.
Al ver que no hay nadie más alrededor, nos acomodamos en los asientos para poder disfrutar con calma del tentempié.
Decidimos acompañar nuestra bebida con un bizcocho que ha dejado una compañera para el personal.
—¿Tan terrible ha sido el martes? —pregunto a la vez que le doy un sorbo a mi descafeinado.
—Uf…, peor. —Moja una galleta en el café y la observa con disfrute—. Pienso que hasta le ha venido bien que todo esto la haya pillado en la universidad.
—¿Qué le pasó a Lois exactamente?
—Yo no estaba delante, pero, por lo que me han contado, varios manifestantes vinieron con los aperos de marisqueo y creo que le dieron sin querer con un raño , el garfio ese de hierro que usan para mariscar, ¿no sabe?
—Sí, perfectamente. Pero, como le dieran con maldad, nos quedábamos sin el agente Salcedo —me compadezco de Lois.
—Totalmente, el ambiente estaba muy tenso. Ha sido parecido en el entierro.
—¿Al final la enterraron de modo convencional o ha sido todo un paripé?
—No les ha quedado otra. Hemos asignado unos cuantos agentes en la capilla donde se ha oficiado la misa, y después en el cementerio. Aun así no nos han dejado ni un segundo.
—Se refiere a la prensa —deduzco.
—Exactamente.
—He visto en las noticias que han estado hablando del funeral.
—Sí, no nos los hemos podido quitar de encima. —Tristán resopla—. Por cierto, hemos llamado al compañero de su alumno.
—Ah, ¿sí?
—Sí, pero me temo que ha reculado y ahora mismo dice que no quiere testificar.
—Vaya. —Me siento defraudada.
—Habrá que esperar a ver si más adelante accede.
—Ojalá. Por cierto, he estado buscando información acerca de las fiestas entre algunos contactos y nada.
—Nosotros de momento tampoco hemos avanzado en ese asunto. Yo mañana me tengo que ir de viaje hasta Madrid, así que nos veremos directamente la semana siguiente para visitar a su amigo. ¿A qué hora quedamos?
—Me ha comentado Iago Balboa que podríamos citarnos sobre las doce en la facultad de Geografía e Historia.
—Perfecto. —Recoge su café y lava su taza—. Entonces la veo aquí a primera hora y llevo yo mi coche.
—Genial.
—Si no la veo después, quedamos así de ese modo. Que tenga buen fin de semana. —Se marcha por la puerta y yo me quedo lavando mi taza.
Me sumerjo en los informes y en mis indagaciones hasta que llega la hora de marcharme.
Ya en casa, mientras descanso un poco en el sofá junto a Gael, recibo un mensaje de Roi en el que me informa de que no nos podremos ver hasta la noche, pues tiene mucho trabajo.
A regañadientes acepto su abandono. Cada vez noto en mi interior cómo todo se resquebraja, como si una fina hebra fuese tirando poco a poco y deshaciendo el patrón que teje nuestro amor.
Intento mostrarme impasible ante Gael. A primera hora de la tarde lo llevo a sus clases de violín y aprovecho para hacer unos recados.
Como mi mente no para de azotarme una y otra vez con el caso, mientras aguardo unos minutos a que mi hijo salga de sus clases, decido ir a saludar a Aroa a su gabinete, ya que está justo al lado del conservatorio.
En recepción me informan de que está ocupada en una de las salas y que saldrá en unos minutos.
Nos quedamos esperando hasta que Aroa aparece.
—Pero bueno, pero qué cousiña tan linda viene a verme hoy. —Aroa aparece por el pasillo de camino hacia donde estamos.
—Hola, Aroa —saluda Gael mientras extiende los brazos para recibirla.
—Hola, cariño. ¿Cómo estás? —Aroa se aproxima a darle a Gael un gran abrazo y un beso en la mejilla.
—¿Sabes qué? —pregunta Gael con sus ojitos clavados en Aroa.
—Dime, mi vida.
—Hoy aprendí a tocar la cuerda mi en el violín.
—¡No me digas, menudo violinista estás hecho ya!
—Estaba deseando contarte que ya sabe tocar las cuatro cuerdas —comento.