El eco de la niebla Capítulo 6
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Capítulo 6

Llego temprano a la universidad. Me cuesta bastante concentrarme en el temario que le tengo que transmitir a mi alumnado.

No logro sacarme de la cabeza lo rápido que ha saltado a la prensa la noticia.

Están dando detalles que pocos saben, hablan de la existencia de una pista musical junto al cuerpo o del tipo de vestimenta con el que ha aparecido.

Me siento impotente, sin opciones de maniobra.

Intento apartar esa idea de mi cabeza mientras imparto las clases.

Tengo la suerte de que mis clases siempre están completas, y mis alumnos se arremolinan cerca de la puerta esperando que aparezca yo con mi llave.

Tras dejar mis enseres encima de la mesa y, mientras el ordenador se enciende, decido retar a mi alumnado.

Dibujo una pirámide en el encerado y remarco su base en otro color.

—Veamos, ¿cuántos de los aquí presentes consideran que la manipulación es la base de un psicópata?

Miro hacia el aforo, recorro cada fila llena y elevo la vista hacia las mesas superiores. Observo que todos tienen la mano levantada.

—Pues siento decirles que la manipulación sí es algo inherente a su personalidad, pero no su base.

Los cimientos de un psicópata se entrelazan en su narcisismo.

Es un mecanismo ancestral que, aunque no lo parezca, lo convierte en su mayor supervivencia junto a su falta de empatía.

Es decir, cuando una mente enferma presenta la ausencia de empatía, es capaz de articular cualquier acción sin sentir remordimiento, ya que se olvida de su entorno más querido y familiar y se centra solo y exclusivamente en su finalidad, que siempre consiste en saciar su sed narcisista y obrar en su beneficio.

¿Alguno de ustedes puede darme un ejemplo de una persona narcisista?

Veo cómo una alumna eleva su mano y le hago un gesto para que tome la palabra.

—Hitler.

—Exactamente, él era un narcisista despoblado de cualquier emoción, y eso le hizo llegar hasta límites inimaginables y aparecer ahora en los libros de historia como el mayor villano de todos los tiempos. ¿Alguien sabría decirme cuál era su motivación real, es decir, su interés más egocentrista?

—Conseguir generar una raza aria pura —comenta un joven al fondo.

—No realmente. Su interés personal era tener el dominio y control, y en ese momento la población judía era una de las más ricas y con una ideología y creencias difíciles de quebrar. Entonces ¿cómo llegó al poder?

—Por los militares de la SS —responde un asistente desde un extremo.

—Ese fue el mecanismo que empleó para conseguir el éxito en su ejecución.

Pero él llegó al poder a través del miedo y la manipulación, empleó su convicción para generar odio antisemita; de ese modo, su mayor enemigo se convertía en el blanco perfecto de una población ignorante y rota por una guerra, que es el mejor escenario para aplicar estas herramientas.

Si tú tienes un pueblo con una crisis económica y política ferviente, es más sencillo conseguir instaurar tu ideología.

Hitler prometía resembrar el orgullo alemán y recuperar los territorios perdidos, por lo que empleó discursos muy emocionales, dignos de analizar, culpando a los judíos y a los comunistas.

Su propaganda fue clave en su maniobra política.

¿Y alguien sabe cómo se extrapola esto a la mente de un asesino?

Aguardo un breve silencio y continúo:

—Pues bien, cualquier mente psicópata es capaz de aprovecharse de la debilidad de una persona y ensalzar aquellas virtudes inexistentes que alimentan los complejos más profundos de una mente débil y herida en autoconcepto para conseguir que esa persona, que hasta ahora era invisible para el resto del mundo, se sienta idolatrada y admirada.

Como nadie le presta atención, el psicópata aprovecha su situación para ejercer cualquier poder y sugestión sobre la persona en cuestión, vendiéndole que nadie va a ayudarla más que él y que todo lo que haga por el provecho del psicópata le acabará también reportando un beneficio propio.

Pero todo esto nace por su narcisismo, pues el psicópata cree que el mundo está errado y que él tiene la clave para acabar con una sociedad ciega a su visión.

—Entonces fingen continuamente ante la sociedad —comenta un alumno.

—Exacto, son expertos en el masking , pues nunca te van a mostrar sus verdaderas intenciones. En realidad, suelen ser personas entregadas al ostracismo social, que se sienten superiores, legitimadas para tomar ventajas sobre otros.

—Entonces ¿cualquier persona puede serlo y estar entre nosotros? —insiste ese alumno.

—No todos, solo un uno por ciento de nuestra población lo es, y de ese pequeño porcentaje la mayoría no acaban siendo asesinos. No todos los psicópatas son asesinos, del mismo modo que no todos los asesinos son psicópatas.

—¿Y por qué hay hombres que asesinan a sus mujeres con extrema violencia en el último momento? —comenta una joven en la primera fila—. ¿También son unos psicópatas?

—Muy buena pregunta. El vínculo afectivo desarrolla problemas amorosos, lo que muchas veces viene detrás de un trastorno límite de la personalidad.

Por eso a menudo los asesinos de violencia machista, cuando son conscientes de la barbarie cometida, se suicidan, pues no soportan enfrentarse a la realidad de lo ocurrido.

—Y en el caso del asesino de Manuela Pita, que está saliendo en la tele, ¿qué mente hay detrás de ese asesino? Tiene que ser un psicópata, porque ha hecho todo de una determinada manera con una intención y además ha dejado pistas —insiste la joven.

—Si no les importa, prefiero no hablar de temas que se encuentran en plena investigación, ya saben que las habladurías no ayudan sin hechos probatorios.

Desde casa todo parece muy sencillo, pero la realidad es más compleja.

Por eso me gustaría que individualmente cada uno desarrollase su perfil del asesino, y lo expusiéramos una vez que se haya resuelto todo.

Tras un largo debate con mi alumnado en el que sacamos a relucir a los psicópatas más famosos de la historia, hago mi pausa para comer y observo que es inevitable acceder a los periódicos sin toparme con la noticia del asesinato de Manuela.

Los seres humanos tenemos la mala costumbre de inmiscuirnos en la vida de los demás, y, cuanto más morbo tenga el asunto, más atracción e interés se genera.

Parece que a esta sociedad le encanta alimentarse de la carnaza, del mal ajeno.

La vida nos pone en el camino entretenimiento para no pensar: antes eran los leones con los gladiadores y ahora son los partidos de fútbol u otros acontecimientos de masas.

Enormes palacios de deportes atestados de gente que se desgañita como si la vida le fuera en ello.

Mientras, se vocifera buscando la descarga en un enemigo inalcanzable.

Es evidente que nuestro universo está cambiando bajo unas directrices ejecutadas minuciosamente.

Se agotan los recursos físicos y naturales, y perduran las malas ideas.

El mundo es manipulado al antojo de unos cuantos que desean poseerlo todo por encima del bien y del mal, y después se vende la libertad de movimiento.

Todo está estratégicamente estudiado, el libre albedrío ya no gobierna nuestros días.

Por ello, cuando un acontecimiento como este golpea nuestras vidas, el pueblo se empapa de un sentimiento sombrío y de injusticia, con un deseo de venganza en ciernes.

Cuando hablé con el jefe, ya sabía que esto nos iba a estallar en la cara y que nos vendría de vuelta.

Una familia que no puede enterrar y llorar la muerte de su hija no es capaz de cerrar el capítulo.

En este caso, en vez de estar la familia y amigos remando a la par para lograr atrapar al asesino de Manuela, se busca culpabilizar a la policía de sus malos actos y se olvidan de que hay un asesino suelto.

Al final, la policía es la cara visible del asunto y la que quiere y desea que se resuelva cuanto antes.

Lo que no sabe la prensa es que la familia de Manuela quería que su cuerpo fuera incinerado, pero esto no es posible, pues, en medio de una investigación criminal, en los procedimientos penales se prohíbe la cremación de cuerpos que sufrieron muerte violenta, ya que pueden ser parte importante de la comprobación de los hechos en un futuro de la investigación.

Si fuese un entierro convencional, se hubiera hecho de inmediato.

Pero se ha querido respetar el expreso deseo de Manuela de que sus cenizas descansaran junto a las de sus abuelos.

Pero, además, los representantes políticos exigen que se enmascare el asunto, no sea que el tema les salpique y se desluzca el evento gastronómico que está por venir.

Es importante que, mientras beban vino y disfruten del marisco en plena promoción de Galicia, no se sepa que se ha perpetrado un crimen en plena ría.

Estos altos cargos siempre piensan del mismo modo: para un día que aparece gente importante de fuera, interesa más tratar mejor a los invitados, y entretenerlos explotando nuestro producto, que hacerse cargo de los nuestros, de una pobre familia y amigos que han perdido a una vecina más.

Se han olvidado de Manuela, que, junto con su familia, se encargaba de trabajar duramente en el mar, para mariscar las almejas que después se presentan con orgullo en los platos de cualquier evento.

Esos platos que deleitan el paladar entre risas y celebraciones.

Se pretende que, mientras transiten el dolor, no molesten demasiado y dejen a los demás celebrar y disfrutar con tranquilidad.

Y así es la hipocresía de nuestra humanidad.