El eco de la niebla Capítulo 5 #4
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Capítulo 5 #4

Lois me espera sentado en una roca, y yo me descalzo y me pongo a caminar por la arena intentando obtener una idea con sentido.

Entremezclo la información que me ha proporcionado Aguiar con la de Louzao.

En ella, ambos hablan de unas fiestas, que está claro que son las mismas.

Deben de ser unas fiestas que ofrece alguien muy poderoso, pero no tengo idea de quién se trata.

Tiene lógica que el asesino y quien prepara las celebraciones sea la misma persona, pues, a través de esos eventos, el asesino emplea una máscara para ocultar su identidad.

Necesito obtener más información sobre estas fiestas.

Tan pronto como llegue Tristán, tengo que compartir con él las novedades en el caso.

Antes de regresar al automóvil, decido observar el paisaje con detenimiento.

No hay nadie en ese momento en la playa, se ve hermosa y está casi entera para mí sola.

Quiero empaparme de ese paraíso. El olor del mar me envuelve y, junto con el graznido de las gaviotas, me transporta rápidamente a mis veranos en la costa.

El ostinato rítmico del sonido del mar me relaja, su leitmotiv me evade del mundanal ruido de la ciudad.

Reparo en el movimiento de las olas, su danza es hipnótica.

Vienen, marchan, regresan, se alejan. Las ondas avanzan con fuerza, su espuma blanca corona la cresta de las rocas y su cabellera pálida fusiona la fuerza del viento con las mareas.

Como cada ola, cada día nace y cada día muere.

Parece que con su rugido me hablen. Una nueva ola, un nuevo día, un nuevo renacer.

Quizá así deba ser mi relación con Roi. Tal vez he de darle una nueva oportunidad por el bien de nuestra familia.

Sin embargo, algo dentro de mí no termina de creérselo.

Quizá esa nueva conveniencia haga alusión a un resurgir personal más fuerte, a regresar a mis orígenes, a volver a ser más yo.

—¿Lista? —Me mira mi compañero con ojos enternecedores.

—Sí, gracias, Lois, cuando quieras.

—Ya llevo un tiempo conociéndote y me asombra cómo dominas las entrevistas. Además, sé que después te recluyes en tu mundo y necesitas reconectar.

—Cómo me conoces.

—Más de lo que tú te piensas…

De regreso a la comisaría veo a Tristán y le reporto la situación.

Decidimos intentar averiguar toda la información posible acerca de esas fiestas privadas.

Le comento que el doctor no me parece un sospechoso al uso; de momento, mi instinto me aparta de él.

Lo encuentro una persona muy cuidadosa, ordenada y detallista.

Hay algo en el fondo que no me encaja, porque su deseo particular lo acerca a ese tipo de fiestas.

Y es evidente que sus gustos carnales podrían justificar por qué el cuerpo de Manuela no tenía ningún tipo de violencia sexual.

Además, Limán me confirma que no se ha captado ningún movimiento de Duarte Aguiar en el visionado de las cámaras del muelle donde tenía atracado el barco. Así que de momento queda descartado.

Paso esa tarde con Gael, permanecemos los dos solos, pues no sé nada de Roi hasta casi la hora de la cena. Después de cenar decido llamar a mi amigo Iago Balboa, ya que sus conocimientos en historia podrían ser clave para ayudarnos en la investigación.

—Buenas, señor Balboa. ¿Cómo estás?

—Buenas noches. ¿Eso de «señor» va con retintín?

—Nada más lejos, es mi respeto hacia ti el que indican mis palabras.

—Ya… Seguro que sí. Dime, ¿a qué debo el honor de tu llamada?

—Necesito tu ayuda en un caso, hay cosas que no me encajan.

—Supongo que la información que me vayas a dar será confidencial.

—Exactamente. Quiero que conozcas a mi subinspector y nos cuentes tu opinión sobre el escenario.

—Comprendo. ¿Cuándo necesitas que nos reunamos?

—Tan pronto como puedas. ¿El miércoles te viene bien?

—Sí, al final de la mañana podemos quedar. Mañana te mando un mensaje confirmando la hora y el lugar para reunirnos.

—Perfecto, muchas gracias. ¡Pasa buena noche!

—Igualmente, Laia.

Iago es un buen amigo; no solo me ha ayudado a introducirme en el mundo de la docencia, sino que ha sido clave en muchos aspectos de mi vida.

Conoce la historia y la tradición de Galicia como nadie y sabe curiosidades que no aparecen en los libros.

Puedo pasarme horas fascinada por su oratoria.

Echo de menos quedar con él, últimamente solo hemos coincidido en el casco viejo de Compostela, pero, por breves que hayan sido nuestros encuentros, siempre me recargan de energía. Estoy deseando verlo de nuevo.

Justo cuando cuelgo la llamada, mi marido irrumpe en la habitación y toca en la puerta.

—Baja, tienes que ver esto —comenta Roi nervioso.

—¿Le pasa algo a Gael?

—No, ven a ver lo que están diciendo en los informativos.

Bajo apresurada las escaleras y me acerco hasta el salón. Roi le sube el volumen a la televisión. Aparece la presentadora de informativos junto a un faldón en el que se lee: «Un crimen sin resolver en Galicia no permite enterrar a su hija».

—Joder, lo que faltaba —comento hastiada.

«La policía de Ribeira no quiere colaborar con los padres de la víctima.

Tal y como les informábamos al comienzo de los informativos, el cadáver de la joven Manuela Adriana Pita ha aparecido el 20 de mayo en la Illa da Rúa, en medio de la ría de Arousa.

Mañana por la tarde, los padres de Manuela celebrarán un homenaje en la plaza de la localidad.

El miércoles por la mañana, la familia y amigos de Manuela, junto con compañeros de varias asociaciones de marisqueo, se congregarán delante de la comisaría de policía en forma de protesta.

Tenemos el testimonio de una de las representantes de la asociación», anuncia la periodista.

«Esto no tiene nombre. Los padres no pueden despedir a su hija como ella lo había pedido y mandan silenciarlos.

Ni el homenaje les dejan hacer. El miércoles por la mañana no nos van a sacar de allí.

Hasta que no nos den respuestas, no nos moveremos», comenta una mujer al lado de los padres de Manuela.

Continúa la periodista: «Como ven, los allegados de Manuela quieren justicia para su compañera…».

De pronto mi teléfono suena y veo en la pantalla que se trata de Tristán, que interrumpe el visionado del informativo. Me aparto de Roi, no lo dudo y descuelgo la llamada.

—Buenas noches, Laia. Perdone que la moleste tan tarde. Ha estallado en la prensa lo de Manuela Pita, ¿lo ha visto? —pregunta Tristán.

—Sí, lo estoy viendo ahora mismo.

—Como hasta el miércoles no la necesitamos, quería decirle que es mejor que no pase por la comisaría hasta el final de la mañana. Intentaremos disuadir a los periodistas y manifestantes. Todo lo que tenga pensado para ese día, aplácelo para la próxima semana.

—Está bien, sin problema.

—¿Van a necesitar mi ayuda mañana a la tarde en el homenaje?

—No, no. Desentiéndase, ya tengo a todo el equipo preparado.

—Está bien. Cualquier cosa, avíseme.

—Ha llamado el alcalde y también el presidente de la Xunta, quieren explicaciones porque tenemos la feria gastronómica encima. Que se haya filtrado a la prensa es lo peor que nos podía pasar para la investigación. Esto nos va a venir un poco grande, pero debemos estar a la altura.

—Comprendo.

—Cualquier novedad, la mantendré informada. Buenas noches, Laia.

—Buenas noches.

Me quedo traspuesta, me da mucha rabia cuando la gente toma voz en una investigación sin tener todos los datos.

Lejos de ayudar, acaba entorpeciendo y liando todo.

Decido avisar a mi amigo Iago de inmediato y posponer nuestro encuentro para más adelante.

Estoy segura de que la familia de Manuela ha compartido la información con su entorno y eso ha desencadenado todo; sin embargo, ahora mismo necesitamos calma en este asunto.

Se ha empañado la investigación y, en vez de estar focalizando todas nuestras fuerzas en dar respuestas a nuestras incógnitas, debemos apagar fuegos con los que no contábamos.

El asesino estará contento, ha conseguido que se hable de su «obra» y que pase a dominio público. Está consiguiendo justo lo que buscaba…