Capítulo 1 #4
Me aproximo y rápidamente soy engullida por una impactante imagen.
Las nubes se disipan poco a poco y un halo luminoso comienza a descender sobre la joven.
La escena es dramática porque la luz es terriblemente hermosa y se posa con suavidad, acariciando el cuerpo de la víctima, como una pintura prerrafaelita. Un escalofrío recorre mi cuerpo.
A lo lejos vemos al jefe, que nos saluda y hace un gesto para que nos aproximemos.
—Nos avisó un marinero furtivo de la zona que estaba recogiendo las nasas.
En un principio se iba a marchar sin dar el aviso porque temía que lo amonestaran, pero recapacitó al imaginarse que la chica pudiera tener familia que la buscase.
También dijo que se acercó solo a mirar y que no tocó nada, aunque permítanme que lo dude —nos informa Limán.
—¿Se sabe quién es la víctima? —pregunta el subinspector Castro.
—Todavía no, pero pronto lo averiguaremos.
Un compañero reclama al jefe. Entonces Tristán se gira hacia mí, acorta su distancia y me dice:
—Laia, necesitamos que haga su magia. Sé que las escenas son su fuerte y que ve aquello que se nos escapa al resto de los mortales. Intente averiguar todo lo que pueda sobre la persona que la ha asesinado. No creo que tengamos mucho tiempo, pues ya han llegado el juez y la forense.
—Está bien —comento—. ¿Se encuentra Xela por aquí? —pregunto a los compañeros.
—¿Quién? ¿La forense? Sí, creo que es esa que viene por ahí —responde un compañero de la científica.
Reconozco de inmediato su figura. Se trata de Xela, una forense con la que he coincidido en varias ocasiones y que tiene una fama digna de reconocimiento, pues es una experta en su campo, y muchos compañeros la admiran.
—Buenos días, Xela. ¿Qué tal todo? Les presento a la forense Xela Bazán y al nuevo subinspector Tristán Castro —comento a la vez que los señalo.
—Encantado —contesta Castro mientras le ofrece su mano a Xela.
—Igualmente, pero permítame que no le estreche la mano, pues estoy con los guantes todavía y no quisiera contaminarlos.
—No se preocupe —dice el subinspector—. ¿Puede informarnos?
—Claro. Como pueden observar, se trata de una joven que ha aparecido tumbada en decúbito lateral.
El asesinato ha debido de cometerse la noche pasada o de madrugada, puesto que no muestra rigidez post mortem .
Han pasado, por lo tanto, menos de doce horas.
Si me apuran, diría que desde que nos ha avisado el marinero habrían pasado como mucho un par de horas —nos comunica la forense.
Escucho detenidamente cada palabra de la doctora, pues es una erudita en la materia.
Xela Bazán es una compañera implacable, joven y guapa, y siempre viste de negro o con prendas oscuras.
Tiene una complexión alta y delgada, con flequillo y cabello largo y negro.
Su tez es pálida, tanto que a veces, según la luz, puede verse casi transparente.
Suele llevar unos auriculares en las orejas cuando trabaja, quizá para evadirse del mundo.
Su cuerpo está lleno de tatuajes y piercings .
Introvertida y bastante seca, ella misma se define como friki, pues le encanta el heavy metal y las películas de Star Wars .
Por las pocas veces que hemos coincidido tomando café, la considero una de las mentes más brillantes que he conocido.
A la mayoría de los compañeros les parece una persona borde y pocos la han visto fuera del trabajo; de hecho, hay quien dice que no duerme, que es como una vampiresa.
Pero a mí me resulta sublime; es reservada, pues no abre la boca si no es necesario, también es mordaz y no da puntada sin hilo.
Pienso que debe de tener un mundo interior muy interesante.
Destaca por ser muy trabajadora y en su campo es la mejor.
Me coloco los guantes, me pongo la mascarilla y decido acercarme al cadáver.
Se trata de una muchacha bastante joven, diría que está entre los veinte y los treinta años.
La víctima viste un sudario blanco y parece que descansa plácidamente entre las rocas, cobijada de las olas del mar.
Se encuentra en posición fetal y ha sido colocada con intención.
Su aspecto no se asemeja al habitual de un cadáver, pues se le puede ver la tez pálida, pero no exageradamente.
El hecho de situar un cuerpo en la parte más alta de un lugar muestra, por un lado, que la persona quería que fuese hallado y, por el otro, que puede ser un tipo de veneración.
Su cabellera castaña oscura bien cepillada y extendida sobre el granito brilla con los pequeños rayos de luz que comienzan a asomarse entre las nubes.
Todavía muestra la piel húmeda de la lluvia que ha caído a primera hora de la mañana y que se entremezcla con los destellos del salitre.
Es obvio que ha sido colocada con cuidado, con esmero, pero hay algo en esa escena que no encaja.
—¿Sabemos cómo ha fallecido? —pregunta Tristán.
—Todavía no está claro. Pero parece que se le ha hecho una técnica ancestral de vaciado intravenoso.
Lo sospechamos mi equipo y yo por una punción en la extremidad.
Sugiere que la durmieron primero, pues no existe ningún signo de violencia aparente.
La persona que ha asesinado a la chica ha dejado al lado del cuerpo un tubo cilíndrico y metálico con una especie de varilla de madera.
Los de la científica lo analizarán y les comentarán algo pronto.
—Entiendo, necesito diez minutos para observar bien la escena sola —comento.
—Laia, solo puedo darte cinco, la humedad del ambiente y el salitre no ayudan a conservar la escena.
Y, por otro lado, no sé si os habéis dado cuenta de que no nos encontramos solos, pues estamos rodeados de gaviotas.
Están acostumbradas a reinar en esta isla sin la presencia humana, y en cualquier momento podrán comenzar a sentir curiosidad por la chica —me informa Xela.
—Vale, no me demoraré —respondo y me aproximo aún más al cadáver.
Me quedo observando todo al detalle. Reparo en que, desde donde está la joven, puede observarse perfectamente a un lado de la ría la población de Ribeira, acompañada en el paisaje con la visión de parte de las localidades de A Pobra do Caramiñal y Rianxo.
El cuerpo de la joven está mirando hacia la salida de la ría, donde se vislumbra a lo lejos la Illa de Sálvora.
Además, se ve el canal principal de la ría y cómo las embarcaciones navegan por esta.
Me fijo en el lado opuesto, reconozco la Illa de Arousa y más allá otras localidades como O Grove y Cambados.
Entonces caigo en la cuenta de que parece el lugar perfecto para vigilar la ría cual guardián entre las rocas.
Destaco que también es una ubicación para ser visto desde cualquiera de las localizaciones mencionadas, pues es una zona de paso.
Entonces, la persona que ha colocado ahí el cuerpo sabía que era difícil que la vieran dejando a la joven por la noche, pero del mismo modo suponía que, una vez que se hiciera de día, el cadáver iba a ser encontrado en poco tiempo.
Hago una fotografía mental de la postura de la chica en este paraje y de todo lo que la rodea.
Observo de nuevo la manera en la que está situada y congelo esa imagen en mi mente.
—Está bien —digo tras empaparme de cada detalle y exprimirlo hasta el máximo—, creo que lo tengo. Necesito cuanto antes las imágenes que hayáis sacado y los detalles del informe forense para conocer quién podría haber hecho esta barbarie.
—Puede que al final del día tenga algo para comentaros, pero tendrían que acercarse ustedes. Si no, deberán esperar hasta mañana y lo recibirán en la oficina —comenta Xela.
—Perfecto, me acercaré al final de la tarde personalmente. Gracias por su trabajo, doctora Bazán —se despide Tristán.
Deshacemos el camino de peñascos y regresamos en dirección al espigón. Cerca de la subida al faro, nos detenemos y nos despedimos de Limán. Le da un par de indicaciones al nuevo subinspector y este se dirige a nosotros:
—No sé si alguno de ustedes quiere acercarse conmigo hasta el Instituto de Medicina Legal esta tarde. De ser así, podemos comer en Ribeira mientras esperamos. He dejado allí mi coche, era el puerto más cercano cuando he llegado del aeropuerto desde Santiago de Compostela.
—Yo no puedo, jefe. He aparcado el coche en la Illa de Arousa y debo rematar un asunto que me ha mandado el inspector jefe en Vilagarcía. No se preocupen por mí, esperaré al siguiente turno para que me acerquen hasta allí.
—Comprendo. Pronto regresarán para llevarlo hasta O Xufre. Que vaya todo bien en su vuelta. —Tristán se despide de Lois.
Me despido yo también de Lois y le deseo un buen viaje. El subinspector se gira y se dirige a mí con una sonrisa y una mirada dignas de ensalzar:
—Y usted, ¿qué me dice?
—Yo sí puedo, ya he avisado a mi familia y dispongo del día. Además, necesito llenar las tripas de nuevo, pues he dejado todo en el camino y tengo que comer algo para poder seguir trabajando en el caso.
—Me parece bien —manifiesta el subinspector mientras sonríe por mi comentario—. Acompáñeme entonces.