El Dragón del Mar (Caballeros Dragón 12) 4
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Gowan y Genlitha se adaptaron a la rutina de la Guarida del Sur a lo largo de la semana siguiente, asumiendo sus nuevos roles como líderes de ala del primer vuelo: la principal fuerza de combate de la Guarida.

Gowan se las apañó para mantenerse alejado de Tercel todo lo posible, y encontró en Seth a un amigo leal cuando las obligaciones del aprendiz de sanador le dejaban algo de tiempo libre.

Hablando de eso, Gowan había decidido ir a pescar en su primer día de asueto.

Había bajado a Dragonscove y se había detenido en el mercado para comprar algo de cebo y aparejos nuevos.

También había regateado con uno de los dueños de los barcos de pesca para que lo llevara más allá de la rompiente y le permitiera lanzar el sedal junto a los profesionales.

Llevaba un par de horas en el agua, pasándolo en grande remojando el anzuelo y capturando algunos peces para el guiso de esa noche, cuando vio algo que nunca habría esperado. Un dragón. Emergiendo de las profundidades con un tiburón debatiéndose entre sus fauces.

Un clamor de júbilo surgió de todos los pequeños botes de pesca de la zona mientras el dragón de escamas oscuras daba cuenta del gigante depredador marino. Gowan nunca había visto nada parecido.

— ¿Gen? —le preguntó de forma silenciosa a su dragona compañera. Ella había decidido llevarse a algunos de los dragones más jóvenes que tenían buenas alas para darles una lección sobre cómo cabalgar las fuertes corrientes de aire.

— ¿Sí, Gowan? —respondió ella de inmediato.

— ¿A los dragones les gusta... esto... pescar? —Ni siquiera se le había pasado por la cabeza que Gen pudiera querer acompañarlo en su jornada de pesca. ¿Se habría equivocado al no invitarla? Todavía le quedaba mucho por aprender sobre los dragones.

— Por lo general, no. O, al menos, no en el océano. Danos un río o un arroyo y se nos da bastante bien arponear peces con nuestras garras, pero el mar es otra historia. La mayoría de nosotros no somos grandes nadadores. ¿Por qué lo preguntas?

Él le contó lo que acababa de ver, describiendo la escena con todo detalle. Ella le pidió que describiera el color y el aspecto del dragón, y él respondió a todas sus preguntas.

— Eso suena a Hrardorr, un dragón al que conocí en mi juventud. Siempre decían que tenía sangre de dragón marino en su linaje, pero nunca lo vi nadar, así que no podría asegurarlo. Pero sé que está aquí, en esta Guarida, aunque se ha estado escondiendo de mí durante la última semana.

— ¿Escondiendo? ¿Es que lo has estado acosando? —preguntó Gowan con cierta diversión.

— Un poco —admitió Gen—. A decir verdad, siempre fue un poco presumido, pero yo estaba coladita por él cuando éramos crías.

Sus colores son llamativos y es un luchador feroz.

O, al menos, lo era. —Su tono se volvió algo melancólico—.

Se quedó ciego luchando contra los skiths en la frontera hace un tiempo.

Perdió a su caballero y lo enviaron aquí para que se recuperara.

Seth lo ha estado cuidando, bendito muchacho.

— Lo siento, Gen. —Gowan sintió la tristeza en el corazón de su dragona compañera como si fuera la suya propia—. Si te sirve de consuelo, a mí no me parece ciego. Si es tu amigo, Hrardorr, se desenvuelve muy bien en el agua y la flota pesquera parece adorarlo. Lo vitorean como a un héroe.

— Es que es un héroe —insistió Gen, con voz apasionada en la mente de Gowan.

Gowan siguió el progreso del dragón, que parecía buscar un bote de pesca en particular.

Era un pequeño velero con un solo ocupante.

Gowan forzó la vista, dándose cuenta con retraso de que quien pescaba en esa barquita era en realidad una mujer .

Y parecía estar manteniendo una conversación con el dragón mientras este flotaba cerca de su pequeña embarcación.

Permanecieron así durante un buen rato, el dragón haciéndole compañía a la mujer del velero. Ella movía los labios al hablarle y, por la animación de sus gestos, parecía a todas luces que estuviera conversando con el dragón. Lo cual solo podía significar una cosa... que podía oírlo.

Puede que Gowan no supiera todo lo que había que saber sobre los dragones, pero sí sabía que ser capaz de oír su habla silenciosa era un don poco común.

Por alguna razón, era aún más inusual entre las mujeres.

Aquello convertía la escena que estaba presenciando en algo digno de mención.

Especialmente porque parecía que la mujer no era de la Guarida y estaba sola en el bote; por lo tanto, cabía la posibilidad de que estuviera soltera.

Además era hermosa, por lo que Gowan podía apreciar desde la distancia.

Pero ser capaz de oír a los dragones significaba que estaba excepcionalmente cualificada para, tal vez...

solo tal vez... ser candidata a convertirse en la compañera de una pareja de caballeros.

Según se decía, para una mujer era mucho más fácil comprender la relación tan especial que se requería si era capaz de hablar mentalmente con los dragones implicados.

Era otro aspecto más que Gowan no acababa de comprender sobre su nueva condición de caballero y pareja de un dragón.

Pero Gowan ya tenía edad para querer buscar esposa y le había preguntado largo y tendido a Gen sobre los rasgos particulares —si es que había alguno— que debía buscar mientras intentaba encontrar a su compañera.

También sabía que Gen no podría tomar un compañero hasta que Gowan hubiera encontrado a la suya.

Gowan preguntó a los pescadores del barco en el que se encontraba por la mujer del velero y averiguó bastantes cosas.

El hecho de que fuera una mujer de posibles le inquietó.

Gowan había renunciado a mucho en su vida.

Su cómodo hogar como hijo del señor de un torreón le fue arrebatado cuando su padre murió repentinamente durante una cacería y su hermano mayor, Lorcan, se convirtió en el nuevo señor.

Uno de los primeros actos de Lorcan como señor había sido echar a Gowan con nada más que un caballo y unas pocas monedas de plata en el bolsillo. Gowan se había marchado sin rechistar por el bien de su madre, que se había visto dividida entre sus dos hijos durante mucho tiempo.

Aunque le habría gustado ver a su madre, Gowan nunca había regresado. Había elegido el oficio de soldado, y con el tiempo se había labrado un camino hasta una posición de mando donde dirigía a hombres en batalla y los entrenaba.

Y entonces apareció Genlitha. Ella lo había visto impartir una clase un día en la llanura a las afueras de Castleton y había empezado a seguir sus movimientos.

Cuando ella empezó a hablarle, Gowan se quedó, como poco, asombrado.

No tenía ni idea de cómo se comunicaban los dragones, ni de que él poseía el don especial necesario para oírlos.

Habían pasado unos días, pero finalmente, Genlitha le había pronunciado las palabras del Reclamo, y su vida había cambiado para siempre. Desde ese momento, Gowan se había convertido en un caballero de dragón, que Dios los ayudara a todos.

Pero la mujer que podía hablar con los dragones...

Ella lo tenía fascinado. Se llamaba Livia, según supo por el pescador, y era la única hija del capitán de barco y comerciante más próspero de la ciudad.

Ella se encargaba de los diversos intereses comerciales de su padre mientras él estaba en el mar, lo cual parecía ser una situación permanente desde que su esposa había fallecido.

El pescador parecía respetarla y apreciarla de verdad, lo cual era un punto a su favor según el criterio de Gowan.

—Ese dragón de ahí es un recién llegado.

Uno raro, pero una criatura de buen corazón.

La mayoría de los de allá arriba nunca bajan al mar, pero él parece como si hubiera nacido para esto —observó el pescador mientras él y Gowan permanecían sentados, observando al dragón que flotaba y al pequeño bote junto al que descansaba en el agua.

—Dicen que es parte dragón marino —dijo Gowan con cautela, sin querer revelar de dónde lo había oído.

El pescador solo sabía que Gowan era nuevo en la ciudad.

Probablemente no tenía ni idea de que Gowan era un caballero, que era como prefería mantenerlo por ahora.

No hacía tanto tiempo que Gowan no era más que un soldado.

No había nada especial en él, en realidad.

Convertirse en caballero había sido un ajuste de mil demonios.

—¿Dragón marino, dices? —El pescador miró al lejano dragón con aire especulativo—.

Sí, eso tendría sentido. Yo vi un dragón marino una vez, sabes, cuando era un crío.

Más pequeño que ese de ahí. —El hombre señaló hacia Sir Hrardorr—.

Pero del mismo color, casi. Quizá un poco más azul y verde, pero muy parecido.

Por supuesto, aquel dragón marino no tenía llama.

A este se le ve salir humo de la nariz de vez en cuando, así que supongo que tiene fuego en las entrañas.

—Seguramente tenga razón en eso, sí —asintió Gowan con amabilidad—. Pero nunca he visto a un dragón luchador nadar como él.

—Has visto muchos dragones, ¿verdad? —El pescador miró a Gowan de reojo, pero con una sonrisa amistosa.

El pescador estaba intentando sonsacarle información, pero a Gowan no le importó. Era natural querer saber algo sobre un recién llegado.

—Vine aquí desde Castleton. Allí hay montones de dragones —evadió Gowan—. He visto a algunos pescar en el río, pero nunca vi a ninguno nadar.

—Los ríos son distintos al mar —observó el pescador.

—Y la pesca también es distinta —dijo Gowan, intentando desviar la conversación—. Hasta ahora, siempre he pescado en ríos.