El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 24 #2
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Mandó traer los artículos que necesitarían y contrató a unas cuantas personas que ya habían trabajado para él.

Unos jóvenes de la oficina para llevar mensajes y hacer recados, además de un ama de llaves y una cocinera que ayudasen a cuidar la casa.

Iría aumentando el servicio según fuera necesario, hasta haber convertido su casa en un hogar en el que Rivka y él pudieran sentirse cómodos.

Después del trabajo de aquel día, decidieron cenar en una posada y luego dar un paseo junto al agua.

Liam tenía un embarcadero privado y un cobertizo para botes detrás de su casa, y bajaron hasta allí.

Había mandado instalar unos bancos en el embarcadero para poder sentarse al atardecer y contemplar el agua.

Era una de las cosas que más le gustaban de su casa en Dragonscove, y ahora podía compartirla con Rivka.

Disfrutaban viendo cómo el cielo cambiaba de color por el oeste cuando una perturbación en el agua cercana llamó la atención de Liam. Mientras observaba, la cabeza de un dragón emergió de la superficie.

—¡Skelaroth! —Liam pronunció el nombre del dragón marino antes incluso de darse cuenta.

— Lamento no haber podido despedirme de vosotros cuando abandonasteis la Isla del Grifo —dijo Skelaroth en las mentes de Liam y Rivka—. Surgieron algunos problemas con mis compañeros dragones marinos que requerían solución.

—Eso imaginábamos —dijo Rivka—. Es bueno volver a verlo, milord.

— Me preguntaba... Si no supone demasiada molestia... si podría refugiarme de vez en cuando en vuestro cobertizo para botes —pidió, dejando atónito a Liam con la vacilación de su solicitud—. Me pareció muy cómodo, y creo que le he cogido el gusto a volar por el aire.

El dragón parecía perplejo ante su propio descubrimiento.

— También debo admitir que la comida terrestre me gusta más de lo que esperaba y que ahora una dieta compuesta sobre todo de pescado me resulta un tanto insípida.

Liam no tuvo ni que pensárselo.

—Serás bienvenido en cualquier momento en el cobertizo para botes, en el patio o en cualquier lugar que pueda ofrecerte y donde estés cómodo.

Espero que no te moleste que diga que te considero un amigo y que he echado de menos tu compañía.

Apreciaría todo el tiempo que quisieras pasar aquí y te recibiría con los brazos abiertos.

Skelaroth bajó la cabeza de una forma que parecía indicar que las palabras de Liam lo habían conmovido.

Liam había mejorado muchísimo a la hora de interpretar los movimientos de los dragones y su significado durante la aventura que acababan de vivir.

Aquel conocimiento le resultaría útil cuando Rivka adoptara su forma de dragona, así que más le valía observar y aprender todo cuanto pudiera.

—Me honran tus palabras de amistad, capitán. Nunca había sido amigo de verdad de un humano. No como lo somos nosotros. Te llamaré Liam, si no te importa, y tú deberías llamarme Skelaroth, o incluso Skel, como hace tu amigo virkin.

Liam percibió que, para un dragón —unos seres conocidos por su amor a la formalidad—, invitarlo a utilizar su nombre y prescindir del tratamiento era un gesto de gran importancia. Inclinó la cabeza.

—Es para mí un gran honor llamarte amigo, Skel. Me alegro muchísimo de que hayas vuelto.

— Me pregunto dónde estará Ella —preguntó Skelaroth de repente.

—Dijo que quería explorar y se marchó temprano esta mañana —le explicó Rivka al dragón.

— Entonces, ¿se queda con vosotros? —preguntó el dragón marino—. Imaginaba que lo haría.

—Gryffid dijo que se había vinculado conmigo y que probablemente permanecería a mi lado mientras yo siguiera siendo digno de su consideración —le contó Liam a Skelaroth con expresión irónica.

— Entonces, es probable que se quede mientras vivas —le dijo Skelaroth con una leve inclinación de cabeza.

—No puedo decir que me molestara. Me gusta tenerla cerca —respondió Liam.

— Hay otra razón por la que me gustaría que nuestra relación continuara, Liam —admitió el dragón—.

Creo que sería hacerles un flaco favor a todos los dragones marinos si continuara ignorando lo que sucede aquí, en tierra firme.

Lo hemos hablado y la mayoría creemos que ha llegado el momento de poner fin a nuestro aislamiento en el mar.

No es que todos vayamos a trasladarnos a tierra en un futuro próximo.

Por ahora, la Guarida de la Isla es suficiente.

Algunos de los míos que desean relacionarse más con la gente frecuentarán la Guarida a medida que esta crezca.

Pero, como líder de mi especie, necesito estar más al tanto de lo que ocurre en el resto del mundo.

—Puedo entenderlo —respondió Liam.

—Si ese es tu deseo, podemos servirte de enlace con los acontecimientos importantes de tierra firme —intervino Rivka—.

Como sabes, soy Jinn. Liam ingresará en la Hermandad cuando nos casemos, y cuenta con su propia y extensa red de barcos mercantes, que traen noticias de todas partes.

Cuando ambas redes se combinen, serán formidables.

Creo que todos recibiríamos de buen grado algún tipo de alianza contigo para compartir información y evitar problemas como los que provocó Fisk.

— Eso es exactamente lo que esperaba oír —dijo Skelaroth, manifiestamente complacido.

—Teniendo en cuenta la envergadura de lo que estamos reuniendo aquí, creo que probablemente deberíamos consultar con el príncipe Nico en algún momento del futuro próximo —añadió Rivka—. Por supuesto, es probable que Drake, en la Guarida, nos ayude con eso.

Pareció meditar sobre sus propias palabras mientras Liam empezaba a hacerse una idea de la clase de red con la que contaban los Jinn.

Liam sabía que sus propias fuentes de información eran tan amplias y variadas como las rutas por las que enviaba sus barcos.

Empezaba a comprender que, con la incorporación de los dragones marinos, Rivka y él pronto se encontrarían en el centro de una red de espías y agentes de información como jamás se había visto en aquellas tierras.

De repente, estaba deseando afrontar el desafío que supondría coordinar algo semejante.

Él dirigiría su flota y Rivka lo ayudaría a aprender a ser un Jinn.

Entre ambos servirían a la Corona y a todas las personas que procuraran hacer el bien en el mundo.

Podrían marcar una verdadera diferencia a gran escala.

— Permitidme que os felicite a ambos por vuestro compromiso —dijo Skelaroth, devolviendo los pensamientos de Liam a lo verdaderamente importante: su amor por Rivka. Sin él, el brillante futuro que acababa de contemplar no existiría.

—Gracias —dijo Rivka en voz baja mientras se acurrucaba contra el costado de Liam.

Seguían sentados en el banco instalado en el embarcadero, mientras Skelaroth flotaba en el agua cercana.

—En cuanto decidamos dónde se celebrará el banquete de bodas, te lo comunicaremos. Por supuesto, estás invitado —añadió Rivka.

Liam no había pensado con tanta antelación, pero le encantaba la idea de que Skelaroth asistiera a la celebración. Al fin y al cabo, el enorme dragón marino era uno de los pocos amigos que tenía.

— Será un honor asistir —respondió Skelaroth sin vacilar—. Y os deseo a ambos muchos siglos de felicidad.

—¿Siglos? —Liam no acababa de asimilar aquel concepto.

— Liam —el tono de Skelaroth era amonestador—. Vas a casarte con una dragona.

Por asombrosa que fuera aquella idea, Liam no pudo evitar pensar en la cálida mujer acurrucada contra su costado. Sí, puede que también fuera una dragona, pero era su dragona.