22 #3
—Mmm —convino él, con un brazo alrededor de sus hombros mientras permanecían tumbados uno junto al otro, sumergidos en el agua.
—No irás a quedarte dormido, ¿verdad? —preguntó ella, solo medio en broma. Dormir le parecía una idea maravillosa en aquel momento, pero sabía que hacer el amor con Liam resultaría aún mejor.
—Jamás —respondió él de inmediato, aunque en voz baja—. Solo estoy disfrutando del momento. —La atrajo más contra su costado—. He vivido tantas experiencias nuevas contigo, princesa… Eres una mujer especial.
Oh. Eso también había sido muy dulce. ¿Por qué de pronto decía cosas que le robaban el aliento y la ablandaban por dentro?
¿Adónde había ido a parar su duro e implacable capitán de barco?
No es que se quejara. Le gustaba aquella faceta suya y, como mujer, estaba bastante necesitada de cumplidos por parte de un amante.
Solo que esperaba que, una vez terminada la misión, él se apartara y pusiera distancia entre ambos, pero parecía estar haciendo justo lo contrario. ¿Se atrevía a albergar esperanzas…?
No. Estaba siendo ridícula. No debía hacerse ilusiones con que él pudiera cambiar los hábitos de varias décadas y hacerle un hueco en su corazón, en su vida, a una mujer complicada como ella.
Aunque el simple hecho de pensar en un posible futuro juntos casi le quitaba el aliento.
Sería maravilloso formar parte de la vida de Liam a largo plazo.
Era un hombre muy considerado, apasionado e inteligente.
En realidad, era perfecto para ella. En todo cuanto importaba. Ojalá él pudiera verlo.
—Ven aquí —dijo Liam, sacándola de sus pensamientos cuando le rodeó la cintura con un brazo y tiró de ella hasta colocarla encima de él.
La flotabilidad del agua la ayudó a darse la vuelta para mirarlo de frente, y sus piernas se abrieron de forma natural a ambos lados de su cintura.
Sintió rozarse entre ellos la dureza de Liam, que no había disminuido.
Se le secó la boca cuando lo miró a los ojos y vio reflejadas en ellos las llamas del deseo.
Puede que no fuera un dragón, pero Liam albergaba en su interior un fuego que le resultaba familiar.
—¿Quieres cabalgar? —preguntó él, con un atisbo de sonrisa diabólica alzándole una comisura de los labios.
Al parecer, estaba de humor juguetón, lo cual le venía bien.
Rivka introdujo una mano entre ambos y lo cogió.
Él estaba preparado. Ella lo estaba aún más.
No tenía sentido perder el tiempo con juegos.
Lo colocó en posición e inició un descenso lento y tortuoso, observando su rostro mientras lo provocaba hasta someterlo.
Cuando por fin lo tuvo por completo dentro de ella, se detuvo, permitiendo que el agua los sostuviera a ambos mientras disfrutaba de las sensaciones.
—¿Esto es lo que tenías en mente? —le preguntó con un matiz desafiante.
—Quizá un poco más de movimiento —respondió él con voz ronca, áspera por la tensión.
—Todo a su debido tiempo, capitán. Ten un poco de paciencia. Te aseguro que haré que merezca la pena —le prometió. Y entonces empezó a moverse, cabalgándolo con suavidad al principio, con movimientos tan leves que apenas rizaban el agua a su alrededor.
Las paredes de la bañera eran lo bastante altas y el nivel del agua lo bastante bajo para que no le preocupara demasiado inundar la estancia mientras aumentaba poco a poco el ritmo.
Las manos de Liam envolvían sus caderas, guiándola…
animándola. Pero no necesitaba verdadero estímulo para entregarse al placer que él le ofrecía con tanta generosidad.
Poco a poco, con cada lento incremento, aceleró el ritmo hasta cabalgarlo como un caballo de carreras al galope.
Gimió cuando él alcanzó en su interior puntos que la volvían loca.
Liam apretó los dientes e intentó resistirse al creciente frenesí de ella, pero, cuando Rivka gritó y alcanzó un intenso clímax, él la siguió una fracción de segundo después.
El agua a su alrededor se agitó al compás de sus corazones desbocados mientras se aferraban el uno al otro en la resbaladiza bañera.
Cuando por fin se separaron, se asearon y salieron juntos, solo se había derramado un poco de agua sobre el suelo de baldosas.
Resultaba casi milagroso, teniendo en cuenta que ella había perdido el control hacia el final, pero al menos las baldosas se secarían solas.
Ya habían quitado el tapón, y el agua se escurría por el desagüe, vaciando la gran bañera.
Liam volvió a levantarla entre sus brazos, arrancándole un pequeño chillido de sorpresa mientras la llevaba al dormitorio.
La depositó con suavidad sobre la mullida cama y se tumbó a su lado.
A juzgar por sus experiencias anteriores, ella esperaba otra sesión de amor, pero él parecía callado, como si estuviera buscando las palabras adecuadas.
Eso era nuevo. Hasta entonces no habían hablado demasiado durante sus momentos íntimos. ¿Iba a intentar rechazarla con delicadeza? ¿Iba a poner fin a lo que había entre ellos? El corazón de Rivka se encogió en su pecho mientras esperaba a oír lo que tuviera que decir.