22 #2
Él asintió, y ella entró en el espacioso baño, desnudándose por el camino.
Liam la siguió e hizo lo mismo. A Rivka se le hizo la boca agua cuando él se quitó la camisa por la cabeza y sus músculos ondularon.
Era un hombre corpulento, y la vida físicamente exigente que llevaba había esculpido cada uno de sus músculos a la perfección.
Podía ser el capitán de su barco, pero no rehuía el trabajo duro, y sus dotes para el combate estaban muy pulidas.
Nadie conservaba semejante destreza con una espada sin practicar constantemente. Ella lo sabía por experiencia propia.
Terminó de desnudarse y dejó la ropa sobre el banco que recorría una de las paredes.
Cuando se irguió, los brazos de Liam le rodearon la cintura y la atrajeron hacia atrás, contra su cuerpo duro.
Estaba tan desnudo como ella, y Rivka sintió la prueba de su deseo contra las nalgas cuando él bajó la cabeza junto a la suya para mordisquearle el cuello.
Unos escalofríos de placer le recorrieron la espalda, y Liam le dio la vuelta entre sus brazos hasta que quedaron frente a frente.
Sus labios encontraron los de ella, y los instantes siguientes transcurrieron en una bruma de placer mientras el aire húmedo de la estancia se volvía sensual y la delicada fragancia de los pétalos complementaba su lánguido beso.
Cuando por fin dio por terminado el beso y se apartó, Liam la alzó entre sus fuertes brazos, recorrió los pocos pasos que los separaban de la amplia bañera y la bajó con suavidad.
Le permitió sumergir los dedos de los pies en el agua y la vigiló con una atención tan tierna que resultaba enternecedora.
—¿Demasiado caliente? —preguntó.
Rivka soltó una risita.
—Soy un dragón, ¿recuerdas?
La diversión iluminó el rostro de Liam, que rio con ella.
—Ahora mismo, lo único que veo es una mujer deliciosa con la que quiero hacer el amor.
Conmovida, Rivka alzó una mano y le acarició la áspera mejilla.
—Eso es lo más dulce que me ha dicho un hombre en toda mi vida.
La mirada de Liam se ensombreció por un instante. ¿Se debía a que le había recordado que había conocido a otros hombres? No podía ser.
—Ya veo que tendré que idear frases dulces para que te acostumbres a las palabras cariñosas.
Eres una mujer hermosa y sensible, Rivka.
Cualquier hombre que no te trate como la princesa que eres no merece que pierdas el tiempo con él.
—Ahora sonaba casi enfadado, pero ella creyó comprenderlo. A él… le importaba.
La idea la dejó atónita. Había pensado que estaba demasiado atrapado en su propio dolor y en la mujer que había perdido, pero quizá, solo quizá, aún quedara un pequeño espacio en su maltrecho corazón para otra persona. ¡Cuánto deseaba que esa persona fuera ella!
—Has sido muy bueno conmigo, Liam. Me alegro de haberte conocido —le dijo con sinceridad.
Él volvió a besarla antes de bajarla por completo al agua humeante.
Después se arrodilló junto a la bañera y deslizó los dedos por la superficie mientras ella se acomodaba.
Sentir el agua caliente contra sus doloridos músculos era una bendición.
Lo único que podría hacerla sentir mejor sería que el duro cuerpo de Liam estuviera en el agua con ella, deslizándose contra su piel… y dentro de ella.
—Yo también me alegro de haberte conocido, princesa. Los últimos días han cambiado mi vida para siempre —admitió.
—La mía también —susurró ella en respuesta.
De pronto, la estancia llena de vapor pareció cargarse de una intensa intimidad.
La llama vacilante de la lámpara, la única fuente de iluminación, hacía que aquel amplio espacio pareciera más pequeño de lo que era, como si ellos dos fueran los únicos seres de todo el universo—.
Métete en el agua, Liam —lo invitó, deseando más que nada en aquel momento sentir el cuerpo de él contra el suyo.
Liam le recorrió el hombro con los dedos y sostuvo su mirada durante un largo instante antes de acceder.
Se puso en pie y, sin desperdiciar un solo movimiento, se deslizó en el agua junto a ella dentro de la ancha bañera.
Rivka se refugió de inmediato entre sus brazos mientras el agua se agitaba a su alrededor.
Algún alma previsora solo había llenado la bañera hasta la mitad.
Con ambos dentro, el nivel del agua subió lo suficiente para envolverlos agradablemente en su calidez.
Liam se limitó a abrazarla durante un largo rato mientras el agua caliente relajaba sus músculos.
—Esto sienta de maravilla —le dijo ella al sentir que el calor penetraba en las sobrecargadas articulaciones de sus hombros.
El esfuerzo de volar tanto rara vez se trasladaba a su forma humana, pero en los últimos días había volado más lejos y con mayor intensidad que nunca en su vida.
Ahora que tenían tiempo para descansar y recuperarse, empezaba a ser consciente de todos los dolores y molestias que había ignorado mientras la misión ocupaba por completo sus pensamientos.