El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 21 #3
87%

21 #3

El hechicero entró a grandes zancadas por las enormes puertas del gran salón y se dirigió directamente a la mesa donde estaban sentados Liam y Rivka.

Ella continuaba dentro de su bolsa, sobre el asiento vacío junto a Liam.

La mesa no estaba llena. Solo unos cuantos seres feéricos ocupaban la larga mesa, ninguno demasiado cerca de Rivka, lo que a ella le convenía en aquel momento.

Todavía estaba un poco malhumorada por las burlas anteriores del hechicero y tenía tanta hambre que se habría comido un caballo.

Gryffid se detuvo al otro lado de la mesa, frente a Liam, y sonrió.

—La página es auténtica y ha regresado al lugar al que pertenece. Os doy las gracias, capitán O’Dare, por devolverme mi propiedad. Tanto yo como todas estas tierras, aunque ellas no lo sepan, tenemos una gran deuda con vos.

Rivka sintió que el alivio inundaba todo su ser.

Había creído que habían recuperado la página, pero no podían estar completamente seguros hasta que Gryffid la viera.

Ahora parecía que sus esfuerzos habían obtenido recompensa.

Todo volvía a estar bien en el mundo. El libro de Gryffid estaba completo de nuevo, y los peligrosos secretos que contenía no podrían ser utilizados por quienes albergaban malas intenciones.

—Perdonad que os pregunte esto —dijo Liam—, pero ¿y si alguien hizo una copia? ¿Estoy en lo cierto al pensar que necesitaban el original para utilizar la información que contenía?

—Sí... —Gryffid alargó la palabra—. A veces la magia funciona de esa manera.

El hechizo por sí solo carece de fuerza suficiente.

Para funcionar necesitaría toda la magia imbuida a lo largo de tantos siglos en la propia página del libro.

Por lo tanto, aunque la copiaran sigilo a sigilo, no les servirá de mucho.

—Había un mago de Elderland que viajaba con Fisk —intervino Rivka—. Si alguien hizo una copia, debió de ser él. Por fortuna, tanto él como todas sus pertenencias sucumbieron a mis llamas.

Gryffid la miró con respeto.

—Habéis obrado bien, lady Rivka. Aunque en el mundo no queda ningún hechicero verdadero aparte de mí, hay quienes han aprendido ciertos secretos y, si emplean ese conocimiento para hacer el mal, deben ser erradicados.

La bolsa situada en la silla vacía junto a Liam se movió y todas las miradas se volvieron para observar cómo Ella emergía de su nido.

—¿Y quién es esta? —preguntó Gryffid mientras Ella pugnaba por salir de la bolsa de transporte, volaba dos veces alrededor de la cabeza de Liam y se posaba después sobre su hombro.

— Soy Ella —le anunció al hechicero.

—Saludos, señora Ella. —Gryffid la examinó con atención—. ¿No sois un poco joven para andar correteando sola por ahí?

Ella negó con la cabeza, y su largo cuello hizo que el gesto resultara casi cómico.

— Mamá dijo poder ir con Leem. Teníamos que atrapar mago malo.

—Ah. —Gryffid asintió—. Supongo que Leem es su forma de pronunciar vuestro nombre de pila. —Una de sus tupidas cejas se alzó en dirección a Liam, y este asintió.

—Sí, milord. Parece que pronunciar Liam supera sus capacidades por ahora. —Liam frotó la cabeza de Ella cuando esta la restregó contra su pelo.

—Todo empieza a cobrar sentido. El mago era de Elderland y esta virkin decidió viajar con vos.

No me cabe duda de que su objetivo siempre fue encontrar al mago que había traicionado la confianza de los virkin y acabar con él —declaró Gryffid, sorprendiéndolos a todos—.

Los virkin poseen una gran magia, como probablemente ya sabréis.

De vez en cuando adoptan a un humano y, si el hombre o la mujer tiene la disposición adecuada, el virkin le enseña una cosa o dos sobre magia.

Noventa y nueve veces de cada cien, los virkin juzgan bien y solo entregan sus conocimientos a quienes tienen un corazón puro.

Pero, de vez en cuando, se equivocan. La gente cambia.

Alguien que comenzó en el buen camino se vuelve hacia el mal por cualquier motivo.

Es entonces cuando los virkin salen de caza.

Igual que Ella os acompañó para dar caza al mago que ayudaba a Fisk.

Cuando Gryffid lo explicaba, todo tenía sentido, pero la idea seguía pareciéndole un tanto fantástica a Rivka. ¿Cómo podía Ella —o la mamá de Ella— saber que Liam sería quien encontraría no solo a Fisk, sino también al mago que lo ayudaba?

—¿Pueden ver el futuro? —preguntó Rivka cuando se le ocurrió aquella posibilidad.

Gryffid sonrió, encantado con su deducción.

—Sí. Se sabe que algunos virkin poseen el don de la clarividencia. Quizá la madre de Ella fuera una de esas criaturas dotadas. O tal vez lo sea la propia Ella. O ambas. Los virkin no siempre os cuentan estas cosas. Tendréis que descubrirlas por vuestra cuenta con el paso del tiempo.

—Ya hemos visto algo de eso —dijo Liam—. Ella parece tener una capacidad extraordinaria para sanar. Salvó muchas vidas en una ciudad que había sido saqueada por los piratas.

—Qué interesante. —Gryffid volvió a mirar a Ella, como si intentara evaluarla—. Y parece muy entregada a vos, capitán. —Sonrió a Liam—. Y vos a ella.

Las puntas de las orejas de Liam se pusieron rojas, pero no contradijo al hechicero.