El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 20 #2
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Lamentaba profundamente que su viaje juntos casi hubiera terminado.

Si pudiera encontrar algún modo de prolongar su misión, lo aprovecharía sin pensárselo.

Le… gustaba estar cerca de ella, aunque aquella era una descripción demasiado pobre para los hondos sentimientos que despertaba en su corazón.

Le gustaba el hombre que era cuando Rivka estaba con él y quería seguir siéndolo, aunque no estaba del todo seguro de poder lograrlo sin su presencia estabilizadora.

Habían ocurrido tantas cosas… Y ahora tenía tanto a lo que acostumbrarse.

Su antigua forma de vida había terminado.

Ya no quedaba ningún fantasma al que perseguir.

Estaba sin rumbo y no sabía adónde iría ahora.

Lo único que sabía con certeza era que había quedado a la deriva… para hundirse o nadar por su cuenta.

—¿Liam?

La voz soñolienta de Rivka llegó hasta él cuando ella se volvió, se apoyó en un codo y lo miró. Alzó una mano y se la pasó por el pelo, apartándoselo de la frente de un modo que lo llenó de calidez.

—¿Sí, princesa?

Ella pareció sobresaltarse ante el apelativo cariñoso, pero era una princesa, aunque nadie más lo reconociera. Por su naturaleza dual, tenía sangre de magos. Sangre real. Desde aquel momento y para siempre sería su princesa, aunque no fuera la de nadie más.

Una sonrisa pícara le curvó un lado de la boca y le iluminó los ojos.

—¿Entonces estás a mis órdenes?

Él le devolvió la sonrisa.

—Siempre —prometió, y lo decía en más sentidos de los que ella probablemente comprendía.

—Entonces…, como princesa tuya… te ordeno que vuelvas a hacerme el amor, capitán. Quiero que me lleves hasta las estrellas y me abraces mientras regresamos. ¿Crees que puedes hacerlo?

Liam se incorporó hasta acercar mucho la boca a la de ella.

—Oh, puedo prometerte que haré todo lo posible, princesa mía. Y, si no me sale bien a la primera, siempre puedo volver a intentarlo. Una y otra vez. Hasta que haga falta para hacerlo bien.

Ella soltó una risita.

—Oh, eso me gusta. Muchísimo, la verdad.

Liam se apoderó de sus labios y la tumbó bajo él en la cama, rodando hasta cubrir el cuerpo de Rivka con el suyo.

Esta vez se tomó las cosas con más calma, ahora que había saciado la urgencia inicial.

La llevó a numerosos clímax menores antes de unirse a ella y conducirlos a ambos hasta las estrellas, tal como le había pedido.

Bien entrada la noche, después de que hubieran dormitado entre sesiones de éxtasis sin parangón, Liam despertó de repente.

Había soñado con el momento en que Fisk había muerto.

Solo que, en lugar de proferir amenazas vanas, Fisk le mostraba un futuro vacío que se extendía eternamente ante él.

Las imágenes insondables de su mente habían sido tan realistas que despertó temblando.

Rivka estaba allí. Despertó junto a él, lo acogió con dulzura entre sus brazos, lo estrechó y murmuró palabras tranquilizadoras junto a su oído. Nadie lo había tratado con tanta ternura desde que era un niño pequeño.

Liam no se había dado cuenta de lo reconfortante que era, incluso de adulto, que alguien se limitara a abrazarlo y le dijera que todo iba a salir bien.

Experimentó un instante de desorientación mientras los últimos vestigios del sueño lo abandonaban y se enfrentaba a la realidad de la noche oscura y de la mujer que había en su cama.

Ya no estaba acostumbrado a despertar junto a alguien y albergaba sentimientos encontrados respecto a la facilidad con la que había llegado a aceptar la presencia de Rivka en su cama… y en su vida.

—Lo siento —susurró en la oscuridad.

—No lo sientas. Eres un hombre fuerte, Liam, pero todo el mundo tiene momentos de debilidad. Incluso los dragones.

Le besó la mejilla y lo estrechó con fuerza.

—He soñado con un futuro vacío. Fisk me mostraba que, con mi interminable sed de venganza, había perdido más de lo que esperaba —confesó—. Parecía tan real…

—Pero no lo es.

Su tono era firme en la quietud de la noche. Algo a lo que podía aferrarse.

—Tu futuro depende de ti, Liam. Has cumplido tu misión y ha llegado el momento de empezar de nuevo. Quizá tu inconsciente solo estuviera dándole vueltas a los límites de ese problema y ayudándote a comprender que tendrás que tomar algunas decisiones en un futuro próximo.

—Quizá —concedió él, apartándose para mirarla a los ojos.

La luna entraba por la ventana y le proporcionaba la luz justa para contemplar su hermoso rostro.

—Pero, haya o no decisiones trascendentales, aplazaré todo eso hasta mañana. O hasta pasado. Ahora mismo solo quiero disfrutar de estar aquí… contigo.

Rivka le sonrió y a él le dio un vuelco el corazón.

—Eso me gusta. Me gusta mucho, Liam. Quiero lo mismo.

Ella alzó el rostro y lo besó, atrayéndolo hacia sí, y aquella vez fueron compañeros en un éxtasis dulce y amoroso, diferente a todo lo que había ocurrido antes entre ellos.

Cada vez era única. Cada vez resquebrajaba un poco más el muro que Liam había levantado alrededor de su corazón tanto tiempo atrás.

Y no era solo el sexo. Eran los pequeños detalles. El modo en que ella cuidaba de él sin hacer evidente que lo hacía. El modo en que estaba a su lado y lo había estado durante todo el viaje. Era de fiar, pero, más que eso, le… importaba.