19 #3
Durante la cena, Liam y Rivka pusieron al corriente a los nuevos dirigentes de la Guarida acerca de su misión y su desenlace, mientras los dragones vigilaban fuera.
Liam no había tenido que mandar pedir la cena.
Los caballeros se habían ocupado de ello y, por medio de uno de los mozos de cuadra de la zona, habían enviado a una de las mejores posadas del pueblo el encargo de lo que querían que llevaran a casa del capitán O’Dare.
Drake les confió que el propietario de la posada intentaba convencerlo para que actuara allí con regularidad ahora que vivía en la Guarida.
—Probablemente pase allí algunas veladas —admitió Drake más tarde, mientras disfrutaban de una comida deliciosa—. En primer lugar, la comida está buenísima.
La sonrisa de Drake invitó a todos a compartir su regocijo. Poseía una cualidad verdaderamente magnética.
—En segundo lugar, me gusta actuar. Después de tantos años, lo llevo en la sangre y es difícil dejarlo. Creo que la gente de la Guarida está empezando a hartarse de mí. Me vendría bien un público nuevo.
—Y no hay mejor lugar que una taberna concurrida para recabar información —señaló Rivka con conocimiento de causa.
Después de todo, era Jinn. Sabía cómo funcionaba el juego del espionaje.
—Exactamente, milady —convino Drake.
Luego hablaron de los posaderos Jinn que merecían una mención por la ayuda que les habían prestado durante su misión y ofrecieron una descripción detallada de los distintos lugares en los que se habían detenido.
Mace prometió enviar a un explorador a Waymeet para comprobar cómo avanzaban las cosas allí.
Él y Drake parecían complementarse bien.
Mace era más callado, pero, mientras Drake brillaba con fuerza, Mace respaldaba a su compañero con su inquebrantable aplomo.
Rivka pensó que, con aquellos dos hombres al mando, la Guarida estaba en buenas manos.
—Lamento que nuestra dama no pudiera venir esta noche —le dijo Drake a Rivka cuando se disponían a marcharse—. A nuestra Krysta le habría encantado conoceros. Pertenece al Clan Wayfarer.
Rivka se había preguntado si acabarían mencionando a su esposa Jinn.
—He oído hablar bien de ella —les dijo—. Por favor, transmitidle mis saludos. Quizá, cuando regresemos de la isla, tengamos ocasión de conocernos.
Se marcharon poco después, tras disponer guardias dragón y caballeros alrededor de toda la casa durante el resto de la noche.
Aún era bastante temprano, pero Rivka y Liam habían recorrido una gran distancia y ambos estaban listos para acostarse.
Mientras Liam cerraba la casa para pasar la noche, Ella reapareció de pronto.
Se había marchado con Skelaroth cuando él partió antes y no había indicado adónde iba.
Liam había fruncido el ceño cuando ella salió volando, pero Ella era dueña de sí misma.
Liam se había encogido de hombros y había dicho que sabía que no podía retenerla si ella no deseaba quedarse.
Rivka había estado de acuerdo, consciente de que aquella era una actitud sensata.
Aun así, se daba cuenta de que Liam estaba preocupado por Ella.
No había dejado de mirar por las ventanas durante la cena y, cuando Ella regresó, llamó al cristal de la ventana delantera con sus pequeñas garras mientras permanecía suspendida en el aire gracias al aleteo de sus alas.
Liam abrió la ventana y la dejó entrar, claramente aliviado de que hubiera regresado sana y salva. Ella voló hacia él y se posó en su lugar favorito, sobre su hombro, mientras Liam volvía a cerrar la ventana con llave.
—Parece que has encontrado algo que comer —dijo Rivka, sonriendo a la virkin.
Tenía el vientre redondeado por la comida.
— Skel me ha enseñado dónde viven los peces pequeños en las pozas de la playa —dijo Ella con orgullo.
Sus frases eran cada vez más largas a medida que hablaba más, advirtió Rivka. La virkin evolucionaba casi ante sus propios ojos.
La mirada de Ella se dirigió al sofá mullido, con sus innumerables cojines blandos, y la criatura se impulsó desde el hombro de Liam para aterrizar entre ellos. Dedicó unos instantes a colocar los cojines hasta formar una especie de nido; después apoyó la cabeza y cerró los ojos casi de inmediato.
—Bueno, supongo que va a dormir ahí —murmuró Liam, observando a su pequeña amiga durante un momento antes de menear la cabeza con expresión compungida—. ¿Subimos?
Rivka asintió y subió las escaleras delante de él. No sabía muy bien cómo transcurriría la siguiente parte de la velada, pero sí cómo quería que terminase: con Liam y ella juntos en una de aquellas grandes y mullidas camas. Toda la noche.
Cuando él se disponía a despedirse ante la puerta de Rivka, ella le cogió la mano y lo invitó a entrar.
Liam la atrajo hacia sí y la besó, todo ello sin pronunciar palabra.
Al cabo de un rato, alzó la cabeza y le sostuvo la mirada.
Allí arriba estaba oscuro, salvo por el candil que él había dejado sobre la mesa junto a la puerta de ella, pero Rivka podía verlo con claridad.
—¿Estás segura? —se limitó a preguntar.
Ella asintió.
—Quiero esto. Te quiero a ti , Liam —admitió.
La mirada de él pareció aguzarse y, durante un instante, un destello de alguna emoción profunda brilló en sus ojos. Entonces la tomó en brazos, recorrió el pasillo a grandes zancadas hasta la habitación que había indicado que era la suya y abrió de una patada la puerta, que estaba entornada.
La cama de aquella habitación era más grande, advirtió ella a primera vista. Buena elección. Le sonrió mientras los labios de Liam descendían de nuevo hacia los suyos.