El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 19 #2
77%

19 #2

Skelaroth emergió con violencia de las aguas del puerto a muchos metros de distancia, en una sobrecogedora demostración de su poder.

Voló en dirección a la Guarida y el agua de sus alas se dispersó enseguida para caer sobre ellos como una lluvia suave justo cuando alcanzaban la puerta trasera de la casa de Liam.

Este sacó una llave pequeña de uno de sus bolsillos y abrió la puerta, meneando la cabeza al ver pasar al dragón marino.

—Parece que esta noche tendremos ducha y baño —dijo mientras le abría la puerta.

La casa estaba a oscuras, por supuesto, pero junto a la puerta habían dejado preparado un candil. Rivka lo cogió y encendió la mecha con un toque de su fuego interior. Fuera aún no había oscurecido del todo, pero las sombras comenzaban ya a envolver el interior del edificio.

Liam la condujo hasta la parte delantera de la casa, donde había un salón y varias estancias más en las que se podía recibir a los invitados, incluida una acogedora biblioteca.

Apenas se detuvo salvo para señalar las habitaciones a medida que pasaban; en cambio, la condujo escaleras arriba hasta un dormitorio con un cuarto de baño contiguo.

Todo un lujo comparado con el modo en que vivía la mayoría de la gente, pero, después de todo, el imperio naviero de los O’Dare era enorme y Liam le había contado que había construido aquella casa para que su hija estuviera cómoda.

—Iré a encender el fuego bajo la cisterna de arriba y deberíamos tener agua caliente dentro de unos minutos —le dijo.

—¿Tan pronto? —preguntó ella, sorprendida.

—El fondo de la cisterna es de cobre, que se calienta enseguida, y, salvo en el frío del invierno, caldea bastante rápido el interior del depósito —explicó él.

—¿De dónde sale el agua? —preguntó, fascinada por todo el empeño que había puesto en equipar aquella casa para su hija.

—Es agua de lluvia recogida del tejado que se filtra primero a través de una rejilla, después por una tina de carbón y, por último, por un recipiente de arena, para eliminar cualquier residuo o impureza.

Se detuvo en el umbral.

—Lo diseñé a partir de un sistema que vi en Elderland. Es muy eficaz y lo único que tenemos que hacer es limpiar la rejilla de vez en cuando, además de cambiar el carbón y enjuagar la arena unas dos veces al año.

—Es ingenioso —lo elogió ella.

—Cada dormitorio de esta planta tiene su propia bañera, alimentada por el mismo sistema —prosiguió—. Iré a encender el fuego y llamaré a tu puerta cuando pase de camino abajo, para que sepas cuándo puedes empezar a comprobar la temperatura del agua.

—Me parece bien —le dijo, soñando ya con el baño caliente que estaba a punto de darse.

—Debería haber jabón y toallas en el armario pequeño. Si necesitas cualquier otra cosa, no tienes más que llamar.

Salió por la puerta y se dirigió a una escalera que había al final del pasillo y conducía hacia arriba.

—¿Dónde estarás? —le preguntó ella a voces.

—En la habitación de al lado —respondió él con cansancio, señalando una puerta situada en la dirección opuesta a aquella hacia la que se dirigía—. Es mi cuarto. También pienso darme un baño.

Rivka estuvo a punto de sugerir que se bañaran juntos, pero se impuso su lado práctico. Probablemente la bañera fuera demasiado pequeña y ella estaba sucia de verdad. Prefería reservar la diversión y los juegos para después de haberse aseado a fondo por primera vez en varios días.

El baño fue todo cuanto Rivka había esperado.

El agua estaba bien caliente y descubrió que había otro grifo de agua fría que podía utilizar para conseguir la temperatura exacta.

Permaneció en la bañera más tiempo del que probablemente debería y luego se vistió con la última muda limpia que llevaba en la mochila y fue en busca de Liam.

No estaba arriba, pero le pareció oírlo moverse por la planta baja.

Bajó las escaleras y no reparó hasta llegar más o menos a mitad de camino en que alguien había llevado comida y se oían voces conversando en una de las estancias de la planta baja.

Resultó ser un comedor. Rivka encontró allí a Liam, también con ropa limpia y el cabello peinado hacia atrás, todavía algo húmedo.

Estaba sentado a la mesa con otros dos hombres.

Todos se levantaron cortésmente cuando ella entró en la estancia.

—¿Drake de las Cinco Tierras?

Las palabras escaparon de sus labios en cuanto pudo ver bien al hombre rubio que ahora estaba de pie junto a la mesa. Él sonrió y meneó la cabeza con un encantador gesto de contrición.

—Me veo obligado a admitir que me hice llamar así durante muchos años. Vos debéis de ser lady Rivka.

Él le sonrió y, aunque su corazón pertenecía firmemente a Liam, Rivka sintió el impacto de la sonrisa de aquel atractivo granuja.

Su voz tenía una cualidad mágica que algunos bardos Jinn cultivaban.

Por supuesto, Drake de las Cinco Tierras era un bardo de pésima fama que había sido un maestro espía de la Hermandad durante muchos años, antes de regresar a su tierra natal y ser reconocido como caballero.

—Sir Drake —rectificó ella con una leve sonrisa—. Vuestra reputación os precede.

Que él lo interpretara como quisiera. Rivka dirigió la mirada hacia el otro recién llegado.

—Soy Rivka, del Clan del Dragón Negro.

Tendió la mano al hombre de cabello oscuro que aún no había hablado. Él la cogió y se la estrechó cortésmente.

—Soy Mace —dijo con una voz tan ronca como melodiosa era la de su compañero.

—Sir Mace, es un placer conoceros —respondió ella cortésmente.

—Son los nuevos dirigentes de la Guarida local —le explicó Liam, sacando una silla a su lado para que ella se sentara —. Estábamos hablando de las medidas de seguridad para esta noche.

—Bien. Tendremos que descansar si mañana queremos viajar para ver al mago —dijo, mirando a los recién llegados cuando todos volvieron a sentarse—.

Supongo que Liam os habrá contado que recuperamos lo que creemos que es la página del libro de Gryffid.

Por supuesto, solo él puede confirmarlo, de modo que hacérsela llegar lo antes posible para que la examine como es debido tiene máxima prioridad.

—Y su seguridad mientras permanezca en nuestro poder es crucial —añadió Liam.

—Los dragones han estado hablando. Lord Skelaroth relató vuestro viaje a Jenet y Nellin, nuestras compañeras dragón, y ellas abandonaron la Guarida de inmediato, exigiendo que las acompañáramos —explicó Drake con un deje de humor.

Tenía una voz y unos modales de lo más persuasivos. No era de extrañar que hubiera sido un bardo de tanto éxito. Y también un espía tan eficaz.