19
Rivka ayudó a montar la tienda y levantar el campamento justo antes del anochecer.
Habían dejado que los caballeros se ocuparan de todo lo demás y habían vuelto a emprender rumbo al sur con la mayor rapidez posible.
El mundo no estaría a salvo de verdad hasta que la página regresara a manos de Gryffid y el mago la examinara para cerciorarse de que todo estaba en orden.
Ninguno de ellos había hablado mucho desde que dieran media vuelta para dirigirse al sur.
Rivka pensaba que Liam probablemente seguía conmocionado.
Había parecido aturdido por la culminación de su misión y la muerte de Fisk.
Ella le había seguido la pista a la pirata desde que los Jinn se involucraron, cuando Livia y sus dos caballeros perseguían el libro entero en una ciudad costera.
Habían recuperado el libro, pero aquella página había desaparecido.
En comparación, Liam llevaba más de una década dando caza a Fisk.
Rivka apenas podía imaginar lo que estaría sintiendo en aquel momento.
Además del cansancio que los aquejaba a todos tras una persecución larga y ardua, también experimentaba el vacío que dejaba haber alcanzado su objetivo.
Aunque aquello conllevaba cierto triunfo, sabía por experiencia propia que esa clase de sucesos a menudo dejaban a uno inquieto e inseguro respecto al rumbo que debía seguir en el futuro.
Cuando se habían dedicado durante tanto tiempo tanta concentración y esfuerzo a un objetivo concreto, a veces resultaba difícil reajustar las prioridades y decidir cuál sería el siguiente paso. Liam tendría que adaptarse. Necesitaría tiempo para trazar un nuevo rumbo para su vida.
Estaba tan cansada —agotada, en realidad— que apenas había hablado en toda la tarde con ninguno de los seres con los que viajaba.
Los demás parecían sentirse igual. Todos llevaban varios días viajando sin descanso, pero su trayecto aún no había terminado.
Tenían que llegar a la isla y hasta el mago.
Solo Gryffid podría decirles si de verdad habían cumplido su misión.
Todo apuntaba a que la página que Liam tenía en su poder era la que buscaban. Por supuesto, ninguno de ellos entendía demasiado de magia. Tendría que examinarla el mago para estar seguros.
Levantaron el campamento en silencio, sin hablar apenas salvo cuando era necesario para prepararlo todo.
Estaban todos cansados. Skelaroth se acurrucó frente a la tienda y se quedó dormido de inmediato.
Rivka ayudó a Liam a recoger leña y preparar un hoyo para el fuego.
Él llenó de nuevo los odres en el arroyo cercano y puso agua a calentar después de que Rivka encendiera la pequeña hoguera con su llama interior.
Preparó té para compartirlo con ella mientras Ella salía a cazar sola.
La virkin regresó con el vientre hinchado y los ojos soñolientos.
Poco después se unió a Skelaroth en el sueño.
Los miembros bípedos del grupo tendrían que encargarse de la primera guardia de la noche.
No podían correr riesgos ahora que tenían la página en su poder.
Alguien tendría que permanecer despierto y vigilante.
—Yo haré la primera guardia —se ofreció Liam mientras estaban sentados junto al fuego, bebiendo té a sorbos y picando algo del saco de provisiones. Ninguno de los dos tenía mucha hambre, pero aun así comieron.
—Estoy lo bastante cansada como para aceptar tu oferta —respondió Rivka—. Supongo que tienes mucho en lo que pensar.
No iba a presionarlo, pero, si quería hablar de su situación, deseaba que supiera que ella lo escucharía.
Él suspiró con pesadez y se quedó mirando el fuego.
—Estos últimos años han sido una lucha constante. Una persecución constante. No sé qué hacer ahora que la búsqueda de Fisk ha terminado.
—Ya me lo imaginaba. Verás, mi pueblo tiene un dicho: Lo que está destinado a suceder siempre encuentra el modo . No tienes que resolverlo todo esta noche. Estoy dispuesta a apostar a que, en los próximos días, se abrirá un nuevo camino ante ti.
Dio un sorbo a su té.
—Eres demasiado resolutivo para permanecer ocioso mucho tiempo.
—Supongo que estoy acostumbrado a tener un plan que se extiende hasta un futuro lejano. Ahora mismo no tengo ningún plan más allá de llevarle la página al mago. Después de eso, la verdad es que no tengo ni idea de qué vendrá —admitió.
—Y quizá no pase nada —le aseguró ella—.
Quizá no necesites tener un objetivo a largo plazo en este preciso momento.
Mereces descansar un poco después de tan largo esfuerzo, Liam.
¿No crees? Estoy segura de que un hombre con tus capacidades no permanecerá ocioso mucho tiempo.
Si la corona no encuentra algo que puedas hacer, seguro que los Jinn sí.
Le sonrió y se sintió reivindicada cuando él le devolvió una leve sonrisa.
Poco después se metió en la tienda y durmió unas horas antes de asumir su turno de guardia.
La noche transcurrió tranquila y, cuando todos estuvieron listos para partir a la mañana siguiente, el sol apenas comenzaba a asomar por el horizonte.
Emprendieron de nuevo la marcha con la luz del alba y pusieron rumbo directo a Dragonscove, el punto de Draconia más cercano a Gryphon Isle.
Pasarían la noche en la localidad costera antes de adentrarse sobre el océano abierto para llegar a la isla.
Rivka nunca había estado en Gryphon Isle y estaba deseando conocerla.
Skelaroth los guiaría hasta la gran isla situada lejos de la costa.
Conocía bien los mares y el terreno, pues formaban parte de sus dominios como señor de los dragones marinos.
Rivka sentía cierto recelo ante la posibilidad de conocer al último de los grandes magos de antaño.
Se decía que Gryffid era un ser razonable, pero ella nunca se había encontrado con un ser de semejante poder y le asustaba un poco lo que pudiera pensar de ella.
Sin duda, advertiría de inmediato su naturaleza dual.
Aunque se decía que tenía cierta experiencia con la familia real de Draconia, no estaba segura de que ninguno de sus hermanos Jinn del Clan, que albergaban en su interior el espíritu del dragón, hubiera conocido aún a Gryffid.
Por supuesto, ella lo observaría todo e informaría a su Clan.
Se preguntó si el mago sería consciente de que aquella era la obligación de todos los Jinn: informar a los líderes de su Clan de cuanto aprendían y veían.
A veces, eso provocaba fricciones en ciertos lugares.
De ahí que la Hermandad fuera tan reservada.
Ella no solía anunciar exactamente quién y qué era.
Mostrarse con tanta franqueza en Draconia era algo nuevo a lo que la mayoría de los Jinn todavía no se había acostumbrado.
Cuando visitaran al mago en su guarida, volvería a sus antiguas costumbres: observar y guardarse bien sus cartas.
El grupo llegó a Dragonscove al anochecer. Liam les indicó que aterrizaran en un amplio embarcadero situado justo debajo de su casa. Skelaroth así lo hizo, dejó que Liam bajara de su lomo y enseguida se zambulló en el agua, aparentemente feliz de regresar al elemento que había elegido.
— Ah, esto está mucho mejor —les dijo en silencio—. Da gusto quitarse el polvo de encima.
— Seguro que sí —convino Rivka, observando al dragón marino bajo la superficie lo mejor que podía.
De verdad parecía estar en su elemento dentro del agua.
—Nosotros podemos hacer lo mismo. Mi casa está justo arriba.
Livia ya no vive allí, claro, pero, por orden mía, la casa se mantiene preparada.
Hay una bañera profunda que puede llenarse de agua caliente y, mientras te das un baño, mandaré pedir comida a una posada que conozco.
Esta noche podremos dormir en colchones de plumas y descansar de verdad antes de la siguiente etapa del viaje mañana —le explicó.
—Parece que has pensado en todo —observó ella con una ceja enarcada y un amago de sonrisa.
—No he pensado en casi nada más desde que partimos esta mañana. Volar y acampar está bien durante un tiempo, pero no estoy acostumbrado. Aunque tampoco lo estoy demasiado a dormir en una cama que no se mece con la marea, será mejor que pasar otra noche en el suelo.
Se echó a reír.
—Me he ablandado con la edad.
Ella sabía por experiencia propia que no era viejo ni se había ablandado, pero no se atrevió a expresarlo en esos términos.
—No te preocupes. A mí también me gustan las comodidades. Un colchón de plumas me parece el paraíso ahora mismo. ¿Y un baño caliente? Absolutamente divino.
—Entonces, seguidme, milady —dijo él con una reverencia exagerada—. Mi humilde morada os espera.
— Después de nadar, me gustaría descansar en tu cobertizo para botes —les informó Skelaroth—. Según tengo entendido, sir Hrardor lo utilizaba, y me gustaría comprobar sus ventajas, además de estar cerca para que podamos continuar nuestro viaje por la mañana sin demorarnos demasiado.
—Puedes usar el cobertizo con toda libertad —gritó Liam por encima del hombro mientras empezaba a avanzar hacia las escaleras que conducían a la casa—. Si cupieras por la puerta, también serías bienvenido en la casa de arriba.
Liam rio con cansancio mientras indicaba a Rivka que subiera las escaleras delante de él.
— Agradezco mucho la intención de tu ofrecimiento —respondió Skelaroth con humor en la voz—, pero debo rechazarlo. Volaré hasta la Guarida y pediré guardias para esta noche, de modo que ambos podáis dormir. Estoy seguro de que estarán encantados de ayudar.
— Si crees que es prudente... —dijo Liam mientras subía las escaleras detrás de Rivka.
Por su tono, ella dedujo que no estaba del todo convencido de pedir ayuda a la Guarida.
— Me parece una idea excelente —intervino Rivka—. Y, si no estuviera tan cansada, me gustaría pensar que se me habría ocurrido a mí.
Soltó una risita y subió las escaleras con paso fatigado. Había sido un día muy largo.