El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 15 #3
62%

15 #3

Los dragones negros, más pequeños, se apostaron a ambos lados de la enorme cabeza del dragón marino.

Cada uno apoyó una garra delantera sobre uno de los cuernos de la cabeza de Skelaroth.

Entonces cerraron los ojos y de lo más profundo de sus pechos brotó un murmullo retumbante.

Los dragones situados detrás del príncipe no tardaron en unirse a ellos.

Liam reparó en que los dos caballeros habían ocupado posiciones de guardia a cierta distancia de la reunión de dragones.

Al parecer, solo Liam era lo bastante insensato para permanecer cerca de lo que estuviera sucediendo alrededor de Skelaroth.

Las fosas nasales de los cuatro dragones despidieron humo mientras el zumbido aumentaba de intensidad. Las sensaciones eran tan densas que Liam podía notar cómo le vibraban dentro del pecho. Una pulsación grave que sacudía la propia tierra bajo sus pies.

Y entonces un delicado contrapunto atravesó el grave retumbar cuando apareció Ella, con su pequeña barriga hinchada por la presa que acababa de devorar.

Revoloteó sobre la cabeza de Skelaroth, al parecer sin sentir miedo alguno de los dragones negros, y pasó volando justo entre ambos.

Cantó por encima del retumbar de los dragones, mucho más grandes, y Liam vio pequeños remolinos de color centelleante allí donde sus alas trazaban surcos en el aire.

No le cabía duda de que estaba sumando su propia y nada desdeñable magia al esfuerzo.

En el momento en que Ella pasó volando frente al hocico de Skelaroth, el dragón estornudó y la lanzó dando tumbos por el aire, hasta que Liam la atrapó entre sus brazos.

Todos se quedaron inmóviles cuando Skelaroth abrió los ojos.

Su poderoso estornudo había hecho retroceder un poco a todos los dragones.

— Disculpadme —dijo Skelaroth a su silenciosa manera, hablando con Ella para que todos pudieran oírlo—. Mis disculpas por haber perturbado vuestro vuelo, señorita Ella.

— ¡Ha sido divertido! —respondió Ella con su habitual tono juguetón—. Me alegro de que hayas vuelto, Skel.

— Estoy agradecido de haber vuelto —convino el poderoso dragón marino con la pequeña virkin. Abrió más los párpados y miró a su alrededor, aparentemente sorprendido al ver a los nuevos dragones a su derecha, mientras Rivka, Liam y Ella permanecían a su izquierda—. ¿Qué ha pasado? ¿Ha escapado Fisk?

—Fisk ha escapado por ahora, pero no por mucho tiempo —dijo Liam, acercándose—.

Permitidme que os presente al príncipe Trent —añadió con formalidad, pues sabía la importancia que los dragones concedían, en general, a los buenos modales—.

Y a sus compañeros, lord Klathenor y su pareja, lady Wyndimira, así como a sus caballeros, Trevor y Boros.

Acaban de llegar. Habéis dormido una sola noche desde nuestro intento de detener a Fisk y a sus hombres.

— ¿Mi ala? —preguntó Skelaroth, con un tono que dejaba traslucir cierto temor a la respuesta.

—Se cura bien —le aseguró Liam de inmediato, deseoso de calmar cualquier temor que el dragón marino pudiera albergar respecto a una futura incapacidad—.

Lady Rivka y vos hicisteis anoche algún tipo de magia, y Ella también puso de su parte.

Hay piel nueva donde estaba el agujero y, aunque no soy experto, a mí me parece que ha quedado como nueva.

Rivka recuperó su forma humana.

—La verdadera prueba será volar, pero tiene muy buen aspecto —le dijo al dragón marino—.

El príncipe Trent ha traído refuerzos, y algunos de ellos están reuniendo en este preciso instante a los rezagados de la tripulación de Fisk.

Conseguiste apartar de la lucha a una parte de sus hombres, pero ninguno de nosotros contaba con ese mago.

— ¿Eso era? —preguntó Skelaroth, quien seguía claramente agotado tras su calvario.

—Volé hacia allí después de que te alcanzara y lo ataqué con una llamarada. Tenía una especie de escudo a su alrededor y al de quienes lo acompañaban. Mi fuego chocó contra él y lo rodeó —les explicó tanto a Skelaroth como a los demás—. No pude alcanzarlo. Tenía que ser un mago.

—¿Era Fisk? —preguntó Trent, que también había recuperado su forma humana.

Liam se acercó y se colocó justo al lado de Rivka.

—No. Fisk es el líder del grupo, pero no es mago.

Llevo mucho tiempo persiguiéndolo y, si tuviera esa clase de poder o aptitudes, lo habría sabido hace ya mucho.

Siempre se ha dicho que contrata a magos dispuestos a vender sus servicios al mejor postor.

Fisk lleva muchos años triunfando en el oficio de la piratería que escogió y no me cuesta imaginar que un mago de escasa moral y deseoso de obtener una parte del botín vendiera sus servicios a un hombre como él.

—Pero ¿qué hay del libro? —preguntó Trent antes de corregirse—. ¿De la página del libro? ¿Confiaría el capitán pirata algo así a su mago domesticado? ¿O seguiría llevándola consigo?

—Conociendo a Fisk, jamás se la confiaría a un subordinado.

Fisk quiere la gloria y el mérito si consiguen eludirnos y despertar a los hechiceros encerrados en la Ciudadela.

No se arriesgaría a perder de vista la página del libro de Gryffid —dijo Liam, sabiendo en lo más profundo de su corazón que cuanto decía era la pura verdad.

Liam observó que los dos caballeros cambiaban el peso de un pie a otro, incómodos, al oír mencionar la Ciudadela.

¿Acaso no sabían lo que estaba en juego?

Quizá no. Tal vez les había bastado que su rey les pidiera arriesgar la vida y su seguridad para proteger a alguien a quien no conocían.

Tal vez Liam hubiera juzgado mal a toda la estirpe de los caballeros.