15 #2
Liam arqueó las cejas cuando Rivka reveló lo que a él le parecía un cotilleo sobre su hija, pero los dragones y los caballeros parecieron impresionados por la noticia. De pronto, tuvo la sensación de que lo contemplaban con mayor benevolencia y menos recelo que antes.
—¿Os permite montar sobre su lomo? ¿Sois caballero, señor? —preguntó Trevor, demostrando una vez más que era el más entrometido y menos sutil de los dos caballeros.
Liam negó con la cabeza.
—Soy capitán de una flota de barcos bajo mi mando.
Lord Skelaroth es el líder de los dragones marinos del Sur.
Ahora mismo somos compañeros de viaje y compartimos una misión.
No soy caballero —protestó, sintiendo por primera vez una pequeña punzada de envidia hacia los jóvenes que tenía delante, quienes compartirían sus vidas con las magníficas criaturas situadas a sus espaldas.
Era un pensamiento revelador. Durante mucho tiempo, Liam apenas había pensado en los caballeros que protegían su patria.
Había creído los rumores sobre su perversión sexual y no había reflexionado demasiado sobre los hombres y dragones que se encargaban de mantener la paz en el reino.
Después, cuando su hija se había unido a sus dos hombres, él había perdido toda capacidad de raciocinio.
Pensar que su pequeña se viera involucrada en las cosas que, según los rumores, ocurrían en las Guaridas...
Bueno, aquello lo había sacado de quicio.
Pero Liam tenía que admitir que los dragones y caballeros con quienes se había cruzado hasta entonces en aquel viaje le habían abierto los ojos.
Tal vez se había precipitado al prestar oídos a chismes sin fundamento.
Cierto era que su hija y aquellos dos granujas que se llamaban a sí mismos caballeros iban a formar un matrimonio a tres, pero quizá no fuera tan terrible como había temido.
—Ahí viene Trent —dijo Boros mirando al cielo, lo que puso fin a toda posible conversación mientras todos observaban cómo un compacto dragón negro aterrizaba con elegancia y estilo. Liam advirtió de inmediato que era más grande que Rivka en su forma de dragón, aunque no por mucho.
Liam sospechaba que los caballeros o sus amigos dragones se habían comunicado con el dragón negro antes incluso de que aterrizara, pues este no vaciló en transformarse de dragón en hombre mientras caminaba directamente hacia Liam y los reunidos a su alrededor.
Trent se dirigió primero a Rivka, le ofreció la mano y luego la atrajo hacia sí para darle un abrazo que erizó un poco a Liam.
—Bien hallada, prima —le dijo Trent a Rivka, sorprendiendo a Liam con aquel tratamiento. Aunque, bien mirado, por lo que Rivka le había revelado sobre el linaje de los dragones negros, suponía que eran una especie de primos... muy lejanos.
—¿Sois el príncipe Trent? —preguntó Rivka con un deje de incertidumbre en la voz, aunque sonreía ampliamente.
—Solo Trent. No doy importancia a las formalidades. Apenas soy el sexto en la línea de sucesión al trono, y lo mismo daría que fuese el seis millones. Nunca quiero ese puesto. No si implica perder a cinco de mis hermanos. De todos modos, se me da mejor trabajar entre bastidores.
Trent le guiñó un ojo a Rivka, y Liam procuró no irritarse ante la desenvoltura del joven. Al fin y al cabo, era pariente de Rivka. A ella no le sorbería el seso semejante cachorro. Tenía demasiada clase para eso. O quizá Liam solo esperaba que no pasara directamente de su cama a la del príncipe.
—He visto un pequeño grupo de caballos sin jinete no muy lejos de aquí —les contó Trent—. Parecía que había unos cuantos hombres a pie intentando reunirlos. No tenían aspecto de granjeros. Parte de su vestimenta era extranjera y varios estaban heridos.
—¿Canallas que cayeron de sus monturas cuando Skelaroth las asustó hasta hacerlas presa del pánico? —reflexionó Liam en voz alta.
—Es probable —dijo Trent, tendiéndole la mano para estrechársela con formalidad—. Encantado de conocerte, capitán O’Dare. He oído hablar muy bien de la ayuda que has prestado al reino en el sur.
Liam hizo cuanto pudo por no arquear las cejas, sorprendido, mientras correspondía al firme apretón del príncipe.
—Me alegra poder servir a mi patria y a la Corona —respondió cortésmente.
—Voy a enviar a los demás tras los piratas rezagados —dijo Trent—. Más vale detenerlos mientras podamos.
—Sería lo más sensato —convino Rivka—. Solo vi a un mago. Seres así son raros, incluso en tierras extranjeras. Es probable que esté muy por delante, junto a Fisk y el artefacto. Si impedimos que los rezagados vuelvan a reunirse con el grupo principal, podría ayudarnos a largo plazo.
Trent alzó la vista hacia los tres dragones y caballeros que seguían describiendo círculos y los envió tras ellos con el pensamiento.
Liam comprendió que todos podían hablar en silencio entre sí y con sus dragones.
Uno de los misterios de la caballería quedó al descubierto.
Se decía que solo se tomaba en consideración para aquel cometido a los hombres capaces de comunicarse con los dragones.
También debían poseer otras cualidades. Tenían que ser buenos luchadores o capaces de adiestrarse para llegar a serlo.
Debían contar con la inteligencia suficiente para impartir la justicia del rey y actuar como jueces siempre que fuera necesario.
Liam no había pensado demasiado en ello hasta ese momento, pues había pasado la mayor parte de su vida en el mar.
Reconoció para sus adentros que probablemente había sido corto de miras al no considerar siquiera las aptitudes y el carácter de los hombres que habían seducido a su hija para que se convirtiera en su compañera.
Tal vez tuviera que replantearse toda la situación.
Cuando hubiera tiempo, por supuesto. En aquel momento había asuntos más urgentes en los que centrarse.
El príncipe Trent volvió a dirigir su atención al dragón tendido.
—¿Había un agujero en su ala? —le preguntó a Liam, quien se acercó al costado del príncipe cuando este le hizo una seña.
—Sí, justo ahí. Puedes ver el tenue contorno de la piel nueva —Liam señaló el punto, y Trent hizo una mueca de dolor.
—Una herida terrible. No me extraña que siga durmiendo.
—Trent recorrió con la mirada el cuello de Skelaroth hasta llegar a la cabeza—.
Pero necesitamos que despierte para poder continuar su misión.
Sería una lástima haber llegado tan lejos y perderse el desenlace.
—Trent caminó con determinación hacia la cabeza de Skelaroth y, al parecer, todos los demás lo siguieron.
—Iba a intentar despertarlo al levantarme, pero vuestro grupo llegó antes incluso de que hubiera salido de mi petate —dijo Rivka con una sonrisa que suavizó el reproche de sus palabras.
—Perdonadnos, milady —dijo Trent, devolviéndole la sonrisa—. Hemos volado toda la noche para llegar hasta aquí y no tuvimos en cuenta que la gente más sensata seguiría durmiendo.
Ambos rieron entre dientes al oír sus palabras, pero se pusieron serios cuando ocuparon posiciones a ambos lados de la cabeza de Skelaroth.
Liam habría ido con ellos, pero Rivka le lanzó una mirada que él interpretó como una petición de que se mantuviera atrás.
Trent no fue tan sutil. Agitó las manos hacia los caballeros e indicó a los dragones que se situaran detrás de él.
Liam observó que dejaban espacio para que Trent adoptara su forma de dragón, lo que hizo tras asentir a Rivka mientras ella se transformaba a su vez.
Liam permaneció a poca distancia detrás de ella, cubriéndola mientras los dragones más grandes cubrían al príncipe.
Liam no tenía ni idea de qué podría hacer si Skelaroth despertaba de forma violenta. Pero consideraba importante estar preparado. Quizá, si Skelaroth veía rostros amigos en lugar de desconocidos, le resultara más fácil despertar en paz. Valía la pena intentarlo.