15
Liam despertó a la mañana siguiente y descubrió que había llegado la caballería.
Por así decirlo. Había salido de la tienda para comprobar cómo estaban Skelaroth y Ella y, en general, el campamento improvisado a toda prisa.
Se disponía a recoger un poco de agua fresca para preparar té para Rivka y para él cuando una sombra ocultó el sol. En realidad, más de una.
Alzó la vista y vio dragones describiendo círculos en lo alto.
Dragones con caballeros a lomos. Y, entre los demás, una figura muy familiar: un dragón negro.
Había dejado a Rivka durmiendo en la tienda, así que debía de ser otra persona.
¿Quizá uno de sus parientes? O tal vez estaban a punto de recibir una visita real.
Los dragones volaban en círculos y descendían con cada vuelta, por lo que Liam dedujo que se disponían a aterrizar.
Observó que los dragones con caballeros a lomos bajaban primero, mientras el dragón negro, más pequeño, se mantenía hacia la mitad del grupo.
Liam supuso que eso significaba que los demás protegían al negro, lo que indicaba que probablemente se trataba de un miembro de la familia real.
Ahora que conocía su secreto, resultaba de lo más evidente.
Se preguntó por qué no había atado cabos antes de conocer a Rivka.
El claro en el que Skelaroth había aterrizado era lo bastante grande para albergar unos cuantos dragones más, aunque por muy poco.
Dos aterrizaron primero y, de inmediato, se acercaron al lugar donde Liam aguardaba junto a Skelaroth.
Ella había abierto los ojos y observaba con interés lo que sucedía mientras los dos caballeros montados ocupaban posiciones a ambos lados del dragón marino caído.
—Saludos —gritó uno de ellos—. Soy Trevor, y ese es mi compañero, Boros —añadió, señalando al otro hombre con la cabeza—. Nuestras compañeras dragón son Wyndimira y Klathenor.
—Yo soy Liam O’Dare —respondió Liam—. El dragón marino que tenéis ante vosotros es lord Skelaroth, y esta...
—Liam se agachó un poco cuando Ella escogió aquel momento para abandonar de un vuelo su atalaya sobre la cabeza de Skelaroth y posarse en el hombro de Liam— es la señorita Ella, mi amiga y compañera.
—¿No viaja también una mujer con vos? —preguntó Boros, entrecerrando los ojos.
—Así es —Liam asintió—. Está en la tienda. Lady Rivka.
No añadió nada más sobre ella, pues prefirió dejarlo en sus manos. Solo Rivka sabía cuánto quería revelar de su pasado a aquellas personas. Liam no se tomaría semejante libertad.
—¡Saldré en un minuto! —Todos oyeron la voz elevada de Rivka desde el interior de la tienda, cuyos costados de tela comenzaron a agitarse con sus movimientos.
Mientras hablaban, Liam reparó en que otros dos dragones y sus caballeros habían aterrizado detrás de los primeros. La nueva pareja se dirigió hacia la cola del dragón marino, que se extendía hasta el borde del claro, y tomó posiciones de guardia.
—¿Qué le ha sucedido a vuestro compañero dragón? —preguntó sir Boros, contemplando a Skelaroth con ojo experto. Aquel hombre conocía bien a los dragones. También parecía saber lo que hacía falta para derribar a uno del cielo.
—Supongo que el rey recibió nuestro mensaje sobre la banda de piratas que se dirigía hacia el norte por el camino situado al oeste de aquí. —Liam consideró prudente no ser demasiado específico respecto a la página del libro de Gryffid, por si aquellos caballeros no conocían toda la historia.
Boros asintió, confirmando las palabras de Liam.
—El rey recibió a un mensajero y nos enviaron casi de inmediato.
—Bueno, por fin los alcanzamos ayer por la tarde —les contó Liam a los caballeros y a los dragones—.
Lord Skelaroth se lanzó en picado contra el grupo y espantó a la mayoría de sus caballos, pero había un hombre montado en uno que no se movió.
Y ese hombre fue capaz de invocar una especie de bola de fuego malévola, roja como la sangre, y lanzársela a Skelaroth.
Le alcanzó en el ala y abrió un agujero humeante que la atravesó de lado a lado.
—Liam señaló con la cabeza el ala derecha, que seguía extendida tal como la habían dejado la noche anterior.
Por lo que él sabía, Skelaroth no se había movido en absoluto desde que perdió el conocimiento después de que el aliento de dragón surtiera efecto.
Sir Trevor silbó entre dientes y frunció el ceño, preocupado, al contemplar al dragón marino inconsciente. Los demás dragones estiraron sus largos cuellos para ver cuanto pudieran de los daños sufridos por el ala de Skelaroth.
—¿Se estrelló? —preguntó Boros en tono grave.
— Nos estrellamos —lo corrigió Liam con suavidad—.
Lancé a Ella lejos de nosotros y ella pudo volar sola hasta un lugar seguro.
Yo salté cuando estábamos a unos cuatro metros y medio del suelo y rodé para apartarme.
Skelaroth... —Liam hizo una pausa al recordar aquellos momentos posteriores al impacto contra el suelo—.
Estuvo inconsciente un rato, pero Rivka lo ayudó a invocar algo que ella llamó el aliento de dragón y, después, Ella tejió su propia magia a su alrededor.
Cuando me acosté anoche, estaba tal como lo veis ahora.
Inconsciente y recuperándose, según todos los indicios.
—¿Me permitís? —preguntó Boros mientras bajaba del lomo de su compañera dragón. Hizo un gesto hacia el ala de Skelaroth, y Liam asintió y acompañó al otro caballero para examinar la evolución de la herida.
—El ala parece curada —dijo Trevor, sorprendiendo a Liam. No sabía que el otro caballero hubiera desmontado. Los dos dragones se habían acercado por detrás de los hombres y también examinaban con atención el ala de Skelaroth.
—Hubo muchísima niebla, y Ella ayudó. —Liam levantó una mano para rascarle la cabeza a Ella mientras ella se acurrucaba contra su cuello.
—Eso ya lo habéis dicho —Trevor entornó los ojos y examinó a Ella con atención—. ¿Es...? ¿Es un virkin de verdad?
Liam se quedó tan desconcertado que soltó una risita.
—Sí, desde luego. Ella es una virkin de Elderland. Acababa de salir del cascarón cuando decidió unirse a mi tripulación y a mí en mi barco. Llevamos casi un año navegando juntos y, cuando desembarqué para emprender esta misión, decidió acompañarme.
—¿Habla con vos? —quiso saber Boros.
—Sí. —Liam no veía motivo para negarlo—. Aunque eso es algo reciente. Acaba de empezar a hablar.
—¿Y decís que ayudó a curarlo? —preguntó Trevor, claramente perplejo.
—Yo mismo ignoraba que los virkin poseyeran alguna clase de capacidad sanadora hasta el desastre de Waymeet.
Según el sanador oficial que también estuvo allí, ayudó a sanar a la mitad del pueblo.
Ella consiguió estabilizar a varias personas y apartarlas del umbral de la muerte —dijo Liam, orgulloso de los logros de su pequeña amiga.
—Fuera lo que fuese lo que hicisteis por vuestro gran amigo —dijo Boros mirando directamente a Ella—, lo hicisteis muy bien. En nombre de todos los dragones, gracias por vuestra ayuda, señorita Ella.
Ella agachó la cabeza y pestañeó con coquetería. —Feliz ayudar Skel —dijo, haciendo que todos oyeran sus palabras silenciosas. Después se volvió para frotar la cabeza contra la mejilla de Liam—. Ahora voy cazar. Ratón orejas largas en arbustos.
—Los llamamos conejos, cariño —le dijo Liam con indulgencia mientras ella alzaba el vuelo desde su hombro y se alejaba revoloteando con sus delicadas alas.
Los tres hombres sonreían al verla marchar. Sobre todo cuando se lanzó como una flecha contra los arbustos cercanos. Una fracción de segundo después se oyó el chillido de un conejo, seguido de silencio.
—Yo diría que la señorita Ella ha atrapado su conejo —dedujo Boros, volviendo al asunto que los ocupaba—. ¿Podemos hacer algo por vuestro amigo más grande?
Rivka escogió aquel momento para aparecer.
Ataviada con su armadura de cuero y con las espadas cruzadas en sus vainas a la espalda, ofrecía un aspecto formidable, aunque fuese la criatura de dos patas más baja de la zona.
No es que fuera una mujer menuda. Tan solo era un poco más baja que Liam y los caballeros.
Y, sin embargo, de algún modo, su presencia imponía más que la de cualquiera de ellos.
—Creo que despertará pronto —dijo Rivka al reunirse con ellos. Extendió la mano para estrechársela con firmeza—. Soy Rivka, del Clan del Dragón Negro.
Trevor le había cogido la mano mientras pronunciaba aquellas palabras y dio un pequeño respingo antes de estrechársela y soltarla.
—¿Sois uno de esos miembros del Clan del Dragón Negro? —preguntó con cierta indiscreción. Su dragón siseó detrás de él.
—No hagáis caso de mi torpe compañero —dijo Boros, estrechándole la mano a su vez—. Es un honor conoceros, lady Rivka. Si todo está bien aquí, el príncipe descenderá. Quería reconocer un poco más la zona desde las alturas antes de reunirse con nosotros.
—Por supuesto, decidle que baje. Probablemente esté más seguro aquí abajo que ahí arriba, donde el mago podría verlo y lanzarle bolas de fuego —dijo Rivka con una leve sonrisa.
— Yo soy Klathenor, y esta es mi compañera, Wyndimira —retumbó una voz nueva dentro de la cabeza de Liam. Este alzó la vista hacia el dragón macho que, al parecer, estaba hablando con Rivka—. Es un honor conoceros, lady Rivka.
Rivka sonrió e inclinó la cabeza.
—Igualmente —le dijo directamente al dragón macho—. Es un honor conoceros a ambos, lord Klathenor y lady Wyndamira. Gracias por acudir en nuestra ayuda.
— Es un placer. —Le llegó la voz de quien debía de ser Wyndamira. Era más ligera que la de su compañero. Más femenina, de algún modo.
Rivka sorprendió a Liam al apoyarle una mano en el hombro.
—El capitán O’Dare también puede oíros —informó a los dragones. Liam observó que tanto ellos como sus caballeros lo miraban con sorpresa al oír la noticia de Rivka—. Ha estado volando con lord Skelaroth durante esta misión, y su hija acaba de emparejarse en la Guarida del Sur.