El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 14 #3
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Rivka empujó a Liam sobre su petate y tomó el mando.

Era hora de que aprendiera lo que le gustaba a la dama dragón.

Con el aliento del dragón avivando su deseo —que ya se salía de toda escala cuando se trataba de Liam—, Rivka se mostró aún más atrevida de lo habitual mientras lo desvestía.

A horcajadas sobre su cuerpo, aminoró el ritmo para saborear el momento en que se quitó la blusa.

Él no la decepcionó. En cuanto quedaron libres, Liam le acogió los pechos entre las cálidas palmas, moldeándolos y pellizcándole los pezones con un toque firme y perfecto que a ella le encantaba.

Rivka se incorporó más y mantuvo el equilibrio primero sobre un pie y después sobre el otro mientras se quitaba los pantalones y la ropa interior hasta quedar desnuda.

Saboreando su tarea, descendió por el cuerpo de Liam hasta poder manipular con los dedos y los dientes los botones de sus pantalones.

Se tomó un momento para recorrer con los dientes toda la longitud de su erección a través del cuero que la cubría, complacida por el pequeño respingo que él dio ante aquel contacto inesperado.

Sonrió al apartarse y sostuvo su mirada mientras dejaba al descubierto su polla dura, la cogía entre las manos y la apretaba con suavidad.

Él gruñó. A la dragona que había en ella le gustó.

El deseo se avivó en su cuerpo, que se sentía tan preparado para recibirlo como demostraba su dureza que lo estaba él para entrar.

Rivka se alzó de rodillas y avanzó hasta que su coño se abrió justo encima de la punta de la polla.

Se sirvió de las manos para guiarlo al lugar adecuado mientras las de Liam se posaban en sus caderas, apremiándola, guiándola... saboreándola.

Rivka descendió y él fue penetrándola poco a poco. Delicioso.

Incapaz de contener el torrente de su deseo, empezó a moverse casi de inmediato.

Lo que ocurrió después se convirtió en una especie de borrón mientras lo cabalgaba con fuerza y durante largo rato, alcanzando un clímax tras otro antes de que él se uniera a ella en el éxtasis.

Entonces Liam invirtió sus posiciones y volvió a empezar.

Su amante sediento bebió una y otra vez del vino del deseo, proporcionándole placer tras placer y obteniendo el suyo cada vez que ella creía que ya no podía soportar más.

Él siempre le demostraba que se equivocaba.

Permanecieron juntos durante toda la larga noche, enredados entre miembros y cubiertos por el sudor sincero de la pasión.

Ella dormitaba un rato, solo para despertar y volver a desearlo.

El aliento del dragón tardó en disiparse y, mientras duró, alimentó tanto el deseo como las energías de ambos.

Rivka no se sentía culpable por darse aquel gusto, pues sabía que al día siguiente no pagarían ningún precio por aquella noche de vigoroso amor.

Gracias a la magia de la niebla sanadora, estarían descansados y preparados para partir.

El primer intento de Skelaroth de invocar el aliento del dragón había sido magistral.

Rivka se aseguraría de decírselo cuando despertara, pues pocas veces había contemplado una manifestación de la niebla sanadora más potente que la invocada por Skelaroth.

No le sorprendería que, con la ayuda de Ella, su ala estuviera casi totalmente reparada cuando la niebla terminara su trabajo.

Lo importante era que podría volver a volar, y pronto.

Aún tenían que neutralizar a Fisk y al mago que viajaba con él.

Rivka tenía una razón especial para querer muerto a aquel hechicero maligno.

Había herido a sus amigos. Le había causado una enorme preocupación.

Y sin duda había ayudado e instigado a Fisk en su malvada empresa de apoderarse de la página del libro de Gryffid y llevársela hacia el norte.

Era imposible que el mago estuviera en el bando correcto de aquel conflicto.

Por tanto, era el enemigo. Y Rivka sabía exactamente qué hacer con un enemigo. Aniquilarlo.

Aquel pensamiento procedía directamente de su alma de dragona, y su lado humano sabía que, en aquella situación, era el curso de acción correcto.

No podían permitir que una criatura como aquel mago maligno se internara más en la patria de los dragones y los caballeros.

La que ahora también era su patria. Ella y todos los Jinn protegerían Draconia con la misma determinación que los dragones y caballeros que habían vivido allí desde siempre.

Habían luchado en el mismo bando, aunque los Jinn lo habían hecho desde las sombras.

Aquella época había terminado. Los Jinn por fin habían dejado de viajar y esconderse.

Quizá siguieran actuando desde las sombras, pero su presencia en la tierra de sus antepasados no era ningún secreto.

Habían regresado y recibido la bienvenida en las más altas esferas.

La Hermandad Jinn había venido para quedarse.

Y, en cuanto Rivka volviera a hacer el amor con su capitán de navío, dormiría cuanto pudiera aquella noche y por la mañana estaría fresca y dispuesta a reanudar la batalla.

Se volvió hacia Liam, se abalanzó sobre él y lo derribó al suelo mientras lo besaba juguetona.

Él estaba listo y dispuesto. Eso le gustaba de Liam.

Como tantas otras cosas de su apuesto capitán de navío.

Un hombre del que podría enamorarse con demasiada facilidad...