El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 14 #2
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—Espero que no te importe —dijo ella con voz suave y sensual mientras se acercaba, con la niebla sanadora cubriéndolos y aislándolos en su propio mundo misterioso—. Creo que mencioné que el aliento del dragón podía tener... esto... efectos secundarios.

Se acercó y alineó las caderas con las de él. Liam ya estaba duro. Ansioso. Ella sonrió.

—Circulan toda clase de rumores lascivos sobre lo que hacen los caballeros en sus Guaridas.

¿Es por esto? —Liam se negó firmemente a pensar en su única hija y sus dos compañeros caballeros, pero los rumores sobre la vida en las Guaridas estaban muy extendidos y lo habían estado desde que tenía uso de razón.

Rivka inclinó la cabeza hacia un lado, como si estuviera reflexionando.

—No soy una dragona de Guarida, así que no puedo asegurarlo.

Lo que sí puedo confirmar es que los dragones tenemos un impulso poderoso y, cuando se despierta, hay muy pocas cosas capaces de impedir que busquemos placer.

Por suerte, el deseo no se despierta con demasiada frecuencia.

En los dragones de Guarida, solo la presencia de la verdadera pareja del dragón provoca ese impulso, y aun así únicamente si los caballeros están en armonía y han encontrado a su propia pareja.

Existe la creencia generalizada de que la Madre de Todos interviene para reunir a las personas adecuadas, pero...

—se encogió de hombros— nunca he pasado mucho tiempo entre los dragones de esta tierra, así que no puedo afirmarlo con certeza.

Liam guardó toda aquella nueva información en la memoria para analizarla más tarde.

En aquel momento tenía a una mujer frotándose contra él, y su cuerpo sentía los impulsos que ella había descrito.

Le rodeó la cintura con los brazos y la apretó con más fuerza contra sí.

Ella colaboró enlazando las manos alrededor de su cuello y tirando de él hacia abajo para fundirse en un beso tempestuoso.

Ella se apretó contra él y él contra ella, mientras sus lenguas batallaban del modo más delicioso.

Era fuego entre sus brazos. Rivka formaba parte de aquella niebla humeante que, según acababa de descubrir, sanaba y excitaba, y la niebla formaba parte de ella.

Resistirse habría sido inútil, aun en el caso de que se le hubiera ocurrido intentarlo.

La cogió en brazos y la llevó a la tienda.

No había tiempo que perder. Su cuerpo estaba preparado y, a juzgar por las reacciones de ella, el suyo también.

Después de la noche anterior, había aprendido bastante bien qué la excitaba.

Aprovecharía esos nuevos conocimientos, pero antes quería que estuviera cómoda.

Una vez que entrara en ella, no tenía intención de salir con prisas.

De hecho, si permanecía en sus acogedoras profundidades durante el resto de la noche, sería un hombre muy feliz.

Liam la levantó en brazos y recorrió con ella la corta distancia que los separaba de la entrada de la tienda.

Muy pocos hombres habían tratado a Rivka como si fuera delicada y femenina.

Liam lo hacía sin pensarlo, y aquello la hacía sentirse increíblemente especial.

Entró ansiosa en la tienda y él cerró bien la solapa tras ellos.

Ya había extendido el petate y su capa de un modo parecido a como los habían dispuesto la noche anterior, aunque separados.

Había hecho preparativos para dormir. No para seducirla.

Ella sonrió. Le gustaba que no hubiera dado nada por sentado.

La noche anterior había mandado él. Liam había decidido cuándo, cómo y en qué postura poseerla.

Rivka le había seguido la corriente por miedo a que cambiara de opinión en cualquier momento si empezaba a pensar en su difunta esposa.

Se había mostrado reacia a hacer nada que pudiera estropear el ambiente.

Aquella noche, todo valía. Ambos estaban bajo la influencia del aliento del dragón y ya habían hecho el amor varias veces la noche anterior.

Ahora se conocían. Conocían sus respectivos cuerpos y aquello que les procuraba placer.

Aún les quedaba más por aprender, desde luego, pero la noche anterior habían comenzado de maravilla y aquella noche...

Bueno... aquella noche, si Rivka se salía con la suya, aprendería mucho más sobre lo que le gustaba en la cama al buen capitán.

La mera idea le daba ganas de rugir, pero se contuvo.

No convenía espantar al pobre hombre recordándole que no se acostaba solo con una mujer, sino con una mujer que era medio dragona.

Confiaba en el deseo de Liam y en la pasión que existía entre ellos, pero sabía que acostarse con una dragona era mucho que asimilar para un hombre humano.

En su propio Clan abundaban las historias sobre hombres incapaces de soportar a las mujeres dragón a largo plazo.

No es que Rivka esperase que aquella relación durara más allá de la misión que compartían. No cometería semejante insensatez, por mucho cariño que estuviera cobrando al hombre. Sabía que no debía arriesgar el corazón por algo que jamás podría ser.