El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 13 #3
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Observó durante un instante para asegurarse de que lograba desplegar las alas y se alejaba a salvo. Al menos ella no sufriría daños por lo que estaba a punto de suceder. El suelo ascendía hacia él a demasiada velocidad. Estaba demasiado cerca.

Intentando mitigar los daños en la medida de lo posible, Liam saltó de la espalda del dragón cuando calculó que se encontraba a unos cinco metros del suelo.

Con un poco de suerte, pensó, podría rodar y apartarse del aparatoso impacto de Skelaroth.

Los muchos años pasados en el mar le habían proporcionado a Liam una agilidad que la mayoría de los hombres nunca adquiría, y logró rodar al aterrizar y levantarse de un salto sin heridas, aunque algo dolorido en las partes que habían golpeado con fuerza el suelo.

Skelaroth no tuvo tanta suerte. El dragón había caído.

De su ala se elevaba humo y esta aparecía desgarrada en varios puntos.

En carne viva y sangrando. Y, lo peor de todo, Skelaroth parecía inconsciente.

Liam corrió hasta la cabeza del dragón y lo llamó mientras buscaba señales de vida.

Estaba vivo, pero lo que fuera que lo había golpeado lo había dejado fuera de combate.

Ella aterrizó sobre uno de los cuernos que adornaban la cabeza escamosa de Skelaroth.

Parecía preocupada, y Liam temió que agotara demasiada energía si intentaba curar al gigantesco dragón.

Estaba a punto de decirle algo a la virkin cuando Rivka aterrizó con una ráfaga de viento producida por sus relucientes alas negras.

Cambió de forma mientras avanzaba y se acercó a él caminando sobre dos piernas humanas. Se arrodilló junto a Skelaroth, al lado de Liam.

—¿Ha recobrado el conocimiento en algún momento? —preguntó con voz preocupada.

—No —tuvo que informar Liam—. ¿Qué deberíamos hacer?

Si alguien sabía cómo atender a un dragón herido, era Rivka.

Ella pareció evaluar la situación durante un instante antes de decidir cómo proceder.

—Bien. —Rivka asintió—. Lo primero es estirarle las alas y ponerlo tan cómodo como sea posible. Será más fácil hacerlo antes de que despierte.

Liam se puso en pie al mismo tiempo que ella y ambos se pusieron manos a la obra, desenredando primero el desordenado amasijo del ala más herida.

Por suerte, Skelaroth había caído en un claro grande, donde había espacio suficiente para estirarlo.

Rivka regresó a su forma de dragón cuando empezaron a trabajar en el otro costado de Skelaroth, pues necesitaba la fuerza superior de aquel cuerpo para apartar de encima del ala la mole del dragón marino y poder extenderla.

El ala izquierda estaba prácticamente intacta. Era la derecha la que tenía un agujero abierto en la delicada membrana de piel y escamas. Liam la contempló y se preguntó si el poderoso dragón marino volvería a volar bien algún día.

— Parece peor de lo que es —dijo Rivka en voz baja, dentro de su mente—. Cuando despierte, podremos hacer algo al respecto.

—¿Qué puedo hacer para ayudar? —preguntó.

— Monta el campamento. No va a ir a ninguna parte esta noche y estamos lejos de los piratas. Hagamos cuanto podamos para estar todos lo más cómodos posible y, después, ya veremos cómo seguimos.

El plan le pareció bien y no tardó en ponerse manos a la obra para seguir aquella sensata sugerencia.

Rivka se tumbó junto a la cabeza de Skelaroth para velar por él.

Ella se posó sobre uno de los cuernos de su cabeza.

Eso dejó a Liam la tarea de montar la tienda y preparar un lugar para la hoguera.

Llevaba consigo las bolsas con la mayoría de las provisiones, así que no le resultó difícil prepararlo todo.

—¿Quieres cenar? —le preguntó Liam a Rivka, que no se había apartado del lado de Skelaroth ni había regresado a su forma humana.

— No, gracias. Voy a quedarme así hasta que despierte. Hay algo que lo ayudará y que solo puedo mostrarle bajo esta forma.

—¿No tienes hambre? —insistió Liam—. Podría cazar algo para ti.

— Eres muy amable, pero los dragones podemos pasar varios días sin comer. Cuando adopto esta forma, soy mucho menos frágil que cuando llevo mi piel humana.

Se movió un poco y volvió a acomodar la cabeza sobre una pata delantera.

—De hecho, ocupa tú la tienda esta noche. Yo estaré bien aquí, con el grandullón.

—¿Tienes idea de cuándo podría despertar? —preguntó Liam, intentando no preocuparse, aunque Skelaroth no tenía buen aspecto en absoluto.

— No estoy segura, pero espero que sea pronto —respondió Rivka.

— Pronto —repitió Ella—. Será pronto.

Tanto Liam como Rivka miraron a la pequeña virkin, posada sobre uno de los cuernos de la cabeza de Skelaroth. Liam se acercó a ella.

—¿Sabes algo, cariño? —le preguntó con dulzura.

Ella agitó las alas y le dedicó algo que se parecía un poco a una sonrisa.

— ¡Sé muchas cosas! —dijo alegremente—. Pero sobre todo sé que Skel despertará pronto. Dolor de cabeza grande. Pupa grande.

Y, en efecto, unos minutos después, Skelaroth se movió. Abrió primero un ojo y luego el otro, pero no se movió. Rivka estaba allí mismo, a su lado, y Liam al otro.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó Liam con suavidad.

— Fatal —respondió Skelaroth.