El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 13 #2
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El hecho de que Fisk y su grupo empleasen alguna clase de magia para no ser vistos desde el aire había supuesto un problema desde el principio, pero lo era aún más ahora que se acercaban a su presa.

—Apostaría a que, una vez que nos acerquemos lo suficiente, la magia que estén utilizando fallará —intervino Liam—.

He visto muchas cosas en mis viajes, entre ellas una gran cantidad de magia desconocida en estas tierras.

La mayoría se desmorona en cuanto queda al descubierto. Apostaría a que esto es algo parecido.

— Espero que estéis en lo cierto —dijo Skelaroth, sacudiendo la cabeza—. Porque iréis conmigo cuando descendamos sobre nuestra presa. Decidlo ahora si queréis que os deje aquí.

—No he cambiado de opinión, pero gracias por ofrecerte —le aseguró Liam al dragón marino.

— Bien, entonces.

Rivka retrocedió para tomar carrerilla.

— ¿Oís el cambio en el ritmo de los cascos? Están reduciendo la marcha para coronar la colina. Volemos.

A medida que se acercaban volando a su objetivo, Rivka se quedó atrás para observar, tal como habían acordado.

Era mucho más pequeña que el dragón marino.

Si Skelaroth no resultaba eficaz contra el grupo de piratas, Rivka no podría hacerlo mucho mejor.

La única diferencia entre ella y Skelaroth era que ella poseía fuego.

Si él se metía en problemas, al menos podría intentar distraer al enemigo para que lograse escapar.

Siguieron acercándose, volando a ras de las copas de los árboles para avanzar con el mayor sigilo posible.

Tal como esperaban, cuando estuvieron lo bastante cerca, los hombres a caballo resultaron demasiado fáciles de ver.

Skelaroth ascendió para poder lanzarse en picado.

Rivka se mantuvo atrás, observando desde una distancia razonablemente segura.

La danza aérea de Skelaroth era un espectáculo de gran belleza.

Ascendió y después se precipitó hacia abajo con las patas por delante, profiriendo un rugido desafiante.

Los caballos relincharon aterrados y se dispersaron.

Algunos derribaron a sus jinetes antes de salir corriendo; otros se llevaron consigo a sus desventurados jinetes en una huida frenética al ver que un dragón descendía sobre ellos con las garras extendidas para matar.

Era un espectáculo sobrecogedor, salvo por el cosquilleo de magia que provenía de uno de los jinetes que no se había alejado demasiado.

Su caballo permanecía inmóvil bajo él, como si no estuviera ocurriendo nada fuera de lo común.

Eso ya era bastante extraño. Ningún caballo, por muy bien adiestrado que estuviera, dejaría de mostrar alguna reacción ante el despliegue de Skelaroth.

El animal tenía que estar sometido a alguna clase de hechizo.

Uno de control o de compulsión. Si es que semejante cosa existía.

Entonces, el jinete empezó a agitar las manos en el aire.

Aquello no tenía buena pinta. No, no tenía buena pinta en absoluto.

El jinete echó ambas manos hacia atrás y entre sus palmas se formó una bola de fuego de aspecto maligno.

Fuego rojo oscuro. No el saludable color naranja o amarillo, ni siquiera azul, sino de un intenso rojo sangre.

— ¡Skelaroth! ¡Cuidado! —gritó Rivka, enviándole una advertencia mental, pero era demasiado tarde.

Incluso mientras se acercaba y reunía su propio fuego, sabía que no llegaría a tiempo.

El mago, pues eso era lo que debía de ser el hombre a caballo, lanzó el fuego maligno contra Skelaroth y lo alcanzó de lleno en el centro del ala derecha. El dragón marino gritó y cayó en picado hacia el este como un cometa, dejando tras de sí una estela de humo en el cielo.

Rivka rugió e impidió que el hechicero efectuara otro disparo.

Desde arriba, lanzó una llamarada contra el hombre y su caballo, pero, para su consternación, el fuego fluyó a su alrededor y alrededor de su montura, como si los envolviera una burbuja protectora.

No podía tocarlo con sus llamas, pero, por lo que acababa de sucederle a Skelaroth, sabía que corría peligro ante el maligno fuego rojo del mago.

Se alejó volando tan deprisa como pudo, rumbo al este, siguiendo el rastro de Skelaroth.

Echó una mirada atrás y vio a los piratas reagruparse y huir a toda velocidad hacia el noroeste, tan deprisa como sus aterrorizadas monturas podían llevarlos.

El hechicero cerraba la fila de piratas en fuga.

Actuaba como retaguardia, y la expresión de su rostro pendenciero le indicó a Rivka que se sentía triunfante por haber derribado al poderoso dragón marino.

Disfrútalo mientras puedas , pensó. Tu victoria no durará mucho. Lo juro.

*

Liam había observado con atención por encima de la cresta del cuello de Skelaroth, esperando divisar a Fisk mientras el dragón marino se precipitaba majestuosamente hacia su presa.

No se parecía a nada que Liam hubiera experimentado jamás.

Ni siquiera estar en el océano durante el temporal más violento podía compararse con descender en picado desde las nubes a lomos de un dragón.

Durante un breve y luminoso instante, Liam sostuvo la mirada de Fisk y entonces...

Devastación. Caos. Volteretas y olor a escamas de dragón chamuscadas. Liam se aferró con fuerza cuando Skelaroth recibió el impacto de... algo... y salió disparado por el cielo como un meteorito, dejando una estela de humo tras de sí.

—¡Skelaroth! —gritó, sin obtener respuesta.

El dragón tenía las alas extendidas, pero bastaba una sola mirada para advertir que una de ellas había sufrido graves daños. Skelaroth estaba fuera de control y planeaba a demasiada velocidad hacia un aterrizaje descontrolado. Aquello iba a doler.

Ella se asomaba desde su nido, y Liam abrió la solapa y bajó una mano para cogerla.

—Aléjate si puedes, cariño —le dijo, lanzándola tan lejos del dragón como pudo.