12 #3
Pero no tenía por qué haber temido que ella se enfrentara a él con reproches.
Cuando Rivka por fin se levantó, se mostró despreocupada.
Su reacción lo sorprendió, pero la agradeció.
Tal vez el encuentro no hubiera significado gran cosa para ella.
Quizá fuera una de esas mujeres que disfrutaban del placer dondequiera y cuandoquiera que lo encontrasen sin pensar en el futuro.
Liam tenía poca experiencia con aquella clase de mujeres, pero sabía que existían. Olivia no había sido así en absoluto. Era virgen cuando se casaron y nunca había estado con otro hombre. Él le había sido fiel desde su boda… Hasta la noche anterior.
Liam sacudió la cabeza. No servía de nada darle vueltas a una culpa que en aquellos momentos no sentía. No mientras Rivka recogía la tienda y comenzaba su jornada.
—Te has levantado temprano —comentó ella con tono ligero mientras se reunía con él junto a la pequeña hoguera que había encendido con unas ramas secas que encontró. Llevaba la tienda doblada entre las manos.
Por suerte, la seda de Elderland apenas había absorbido humedad durante la tormenta y seguía cabiendo sin problemas en su pequeña funda de transporte.
—Ella se ha despertado justo al amanecer y quería salir —le explicó, intentando imitar su tono desenfadado—. He preparado el desayuno —añadió, ofreciéndole la pequeña olla que habían conseguido en Waymeet y que contenía cereales cocidos.
Aunque tenían que reanudar el camino lo antes posible, Liam había pensado que, después de la noche que acababan de pasar juntos, lo menos que podía hacer era prepararle a Rivka un desayuno caliente.
A ella se le iluminó la mirada al ver los copos de avena cocidos a los que Liam había añadido las últimas bayas.
Le cogió de las manos la olla caliente con una sonrisa ávida y tomó la cuchara de madera pulida que él había empleado para remover la mezcla mientras se cocinaba.
Se llevó su tesoro hasta la zona seca del suelo del tamaño de un dragón marino y arqueó las cejas al mirar alrededor.
—No se ha movido en toda la noche, ¿verdad? —comentó.
—De ahí he sacado las ramas secas para encender el fuego —le explicó Liam—. Cuando me he despertado ya se había marchado, pero no debía de llevar mucho tiempo fuera.
—Probablemente esté cazando algo para desayunar, aunque se dio un buen festín en Waymeet —dijo Rivka pensativa entre cucharada y cucharada de cereales calientes.
—¿Es ese? —preguntó Liam, señalando a lo lejos.
El dragón marino —si aquella mota del cielo era realmente él— se aproximaba con el sol a la espalda, lo que dificultaba verlo. Al menos para Liam. Por lo que él sabía, Rivka quizá conservara la visión de un dragón incluso bajo su forma humana y probablemente pudiera ver mucho mejor.
—Es él —confirmó Rivka, lamiendo de la cuchara los últimos restos del desayuno—. Y viene acompañado. Otro dragón. Uno de los nuestros —informó—. Con un caballero a lomos.
Raspó la olla antes de guardarla y sonrió a Liam.
—Parece que ha llegado la caballería. O, al menos, una pequeña parte.
Liam y Rivka siguieron recogiendo el equipo mientras los dragones descendían para aterrizar.
En el claro había justo el espacio suficiente para albergar a los dos grandes dragones, y el hombre que cabalgaba a lomos del recién llegado saltó al suelo con facilidad mientras Skelaroth hacía las presentaciones.
— He salido a explorar el camino y me he cruzado con Findlror y Stevan — dijo Skelaroth a todos —. Estos son lady Rivka, el capitán Liam O’Dare y la señora Ella —concluyó, presentándolos uno por uno.
—Soy Stevan, por si no había quedado del todo claro —dijo el joven, avanzando a grandes zancadas y tendiendo la mano a Liam, que era quien estaba más cerca, para estrechársela. Después hizo lo mismo con Rivka.
Liam se había interpuesto instintivamente entre ella y los recién llegados, aunque sabía que era medio dragón. Las viejas costumbres eran difíciles de abandonar.
—Soy Liam —le dijo al otro hombre.
Rivka también se presentó. Después Liam señaló la rama baja de un árbol donde Ella se había posado.
—Esa es Ella —añadió servicialmente al reparar en la sorpresa del caballero.
Sin embargo, Stevan aceptó la situación de buen grado. Se acercó a Ella y le sonrió.
—Encantado de conocerte, señora Ella —le dijo a la virkin.
Ella dejó de acicalarse el tiempo suficiente para mirar al joven y después dijo con gran deliberación en las mentes de todos:
—Encantada de conocerte también.
El dragón de color azul vincapervinca pareció conmocionado por las palabras de Ella. Estiró el cuello para acercarse.
—Saludos. Soy Findlror —le dijo el extraño dragón a la pequeña virkin, ignorando de momento a las personas.
Ella parpadeó mientras contemplaba al gigantesco dragón.
—Hola — dijo con cierta timidez —. Tienes un color muy bonito.
El dragón rio y, llevado por la diversión, lanzó anillos de humo hacia el cielo.
—Gracias, mi señora. Tú también tienes una hermosa combinación de colores.
—Lord Findlror, si os dirigís a algún lugar cercano a la capital, tenemos noticias urgentes —interrumpió Rivka aquel intercambio de admiración mutua.
El dragón azul volvió a centrar la mirada en ella. Liam advirtió cómo se le ensanchaban los ojos cuando pudo observar bien a Rivka.
—¿Qué deseáis de nosotros, mi señora?
El dragón se mostró muy respetuoso con Rivka e inclinó la cabeza hacia ella.